El Circo Romano

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Basándose en intereses realistas y adecuándose a lo que existe sobre lo desconocido, el alcalde de Toledo, Emiliano García-Page, acomete ahora la limpieza y rehabilitación del Circo Romano, situado en el Parque Escolar. Una iniciativa positiva que se ajusta a la realidad y que dará prestigio al interés arqueológico de la ciudad donde se recrea una de las más importantes huellas del pasado de Roma.

Al Circo se le dará brillo y esplendor, iluminando adecuadamente sus restos para que signifiquen una estampa destacada de la monumentalidad que Toledo acogía siglos atrás. La inversión económica del proyecto se basa sobre presencias históricas palpables, en contra de lo negativo que significa la Vega Baja, donde hasta el momento todas las especulaciones de los eruditos -conviene recordar las caballerizas de Recaredo y palacios de la época visigoda- tan sólo se encuentran en mentes ilusionadas que sueñan con un descubrimiento fabuloso que casi con total seguridad el río Tajo se tragó en sus riadas del pasado.

Mejor invertir en lo que se conoce para su recuperación más completa, que planificar actuaciones sobre lo desconocido que no cumple con las expectativas que se prometían felices. Nos quedamos con el Circo Romano cuyas piedras están a la vista desde un buen número de generaciones de toledanos.

Y lo que parece que va en serio es el denominado Barrio Avanzado de Toledo. La portavoz del Gobierno regional, Isabel Rodríguez, nos comunica que en tres meses comenzarán las obras de urbanización de la zona, Santa María de Benquerencia, para transformar en realidad el diseño del arquitecto francés Jean Nouvel, en donde se levantarán 2.000 viviendas una vez completado el ambicioso proyecto. Habrá que esperar hasta el año 2011, si la crisis actual no crea muchos problemas, para culminar este referente nacional que albergará además un pabellón polideportivo para 6.500 espectadores, junto a centros educativos y sanitarios.

Y para que destaque más sobre los horizontes que separan el casco histórico con el polígono industrial, se levantará una gran torre que significará un faro de unión entre la zona tradicional y la más moderna de Toledo.

Lo dicho, se trata de transformar 37 hectáreas de terreno en una visión diferente y novedosa de una moderna barriada, donde las infraestructuras más avanzadas harán acto de presencia para gozo y disfrute de la vecindad. Si lo dice el cerebro privilegiado del afamado arquitecto Nouvel, seguro que dentro de cuatro años tendremos algo para presumir en las vivencias toledanas.

José Ponos

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