Un cardenal «demasiado progre»

Este sábado se han cumplido 15 años del fallecimiento del cardenal Marcelo González Martín

ABC
ToledoActualizado:

Hace quince años, un solemne desfile compuesto por cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes caminaba desde la capilla de la calle Trinidad hasta la catedral acompañando al féretro de quien durante 23 años fue la cabeza visible de la archidiócesis toledana, Marcelo González Martín, fallecido un día antes en su pueblo, Villanubla (Valladolid). Ayer, se le recordó a las doce del mediodía en una misa en la catedral y un posterior respondo ante su tumba en la capilla de San Ildefonso del templo primado.

La figura de González Martín ha sido una de las que más huella ha dejado en esta diócesis a lo largo de la historia. Mucho se ha hablado de él, tanto en su faceta religiosa como en la social y también política. Asociado tradicionalmente a posiciones conservadoras, otros opinan y aportan datos respecto a una visión muy diferente.

Como prueba de ello es la carta, facilitada a ABC por Santiago Calvo, secretario particular del cardenal durante muchos años, que Antonio Mesquida Obrador dirigió en 1993 al sacerdote y periodista de ABC Santiago Martín, respecto a las maniobras que suponían las designaciones de arzobispos y cardenales para diferentes diócesis.

«Muy señor mío: Me ha sorprendido un tanto algunas de las afirmaciones que hace usted sobre el traslado del cardenal Marcelo González Martín a la diócesis de Toledo.

Yo no sé con quién habrá hablado usted para que diga que «el Papa Pablo VI tuvo que convencer la cardenal Tarancón para que aceptase abandonar Toledo y dejarle el puesto al que venía de Cataluña. Esta operación sirvió con todo a los designios del Papa Montini que quería tener a Tarancón en Madrid...»

Yo sí le voy a contar ahora cómo fue la ida del cardenal Tarancón a Madrid. Se lo voy a contar de propia mano, no de cosas que otros han dicho o se han inventado.

Estas cosas deben decirse con mente clara y con rigor histórico.

Cierta tarde me llamó a casa el señor nuncio Luigi Dadaglio, de gratísima memoria para mí y para tantos. «Antonio, podrás venir mañana y acompañarme a Toledo para, después de entrevistarme con el cardenal Tarancón, irnos a comer los tres». Naturalmente, le dije que sí.

Vivía todavía, muy enfermo, el arzobispo, Morcillo.

Recogí al nuncio en la Nunciatura y los dos nos fuimos a Toledo. Al llegar a Illescas, me hizo esta pregunta: «Don Antonio, si muriera Morcillo ¿a quién pondría usted de obispo de Madrid?». Realmente era para mí una pregunta insólita, ya que nunca había hablado yo con él de temas referentes a obispos u otras cosas sobra la Santa Madre Iglesia. Yo era un amigo y no tenía por qué hablar de estos asuntos, para nada. Sin embargo, volvió a insistir tozudamente, en vista de lo cual le dije: Ya lo sé, cojo a Marcelo, que los catalanes se lo hacen para muy mal, no todos, sino algunos, y lo pongo en Madrid. «¿Y en Barcelona, a quién pondrías?». Mi contestación fue: «no quieren a un catalán, pues cojan al obispo de Gerona, Jubany, catalán y medio, para ellos que lo disfruten».

El nuncio me dijo: «Pienso lo mismo que tú, pro ¿tú crees que van a dejar que lo hagamos?». Yo le dije, usted me ha pedido mi parecer, se lo he dado y punto.

Llegamos a Toledo, yo saludé al cardenal Tarancón. Se reunieron los dos mucho tiempo. Después nos fuimos a comer el nuncio y yo, y vino el señor cardenal.

Pasaron los años, nunca más volvimos a hablar de este asunto.

Murió Morcillo y Junbany fue a Barcelona y a Toledo no fue González Martín, sino el cardenal Tarancón.

Unos años antes de morir el cardenal Dadaglio estaba yo en Roma con mi mujer, comiendo en casa del cardenal. En la sobremesa a bocajarro me dijo: «¿Te acuerdas de aquella conversación que tuvimos, cuando íbamos a Toledo, referente a si moría Morcillo y a quién pondría ponerse de sucesor?». Yo le dije, efectivamente lo recuerdo muy bien. Él entonces dijo: «Ya no estoy en España, han cambiado muchas cosas, y lo que te voy a decir, si quieres puedes decirlo cuándo y dónde quieras».

«Yo propuse a Jubany para Barcelona, y a don Marcelo para Madrid. El Papa Pablo VI lo aprobó, pero el Gobierno de Franco se opuso a don Marcelo porque era demasiado progre, y como el cardenal Tarancón se había hecho muy amigo de doña Carmen Polo de Franco, en al época de Oviedo, don Marcelo fue a Toledo y el cardenal Tarancón a Madrid». Y añadió: «Ya ves que a veces la historia no se escribe bien, Yo lo siento, porque he notado como si el cardenal González Martín pensara que fui yo quien le impidió ir a Madrid y yo hice todo los posible».

Hasta ahora no había contado esto, sien embargo creo que hay que ser veraces aunque duela.

Yo no podía callarme, primero por el buen nombre de un amigo, el cardenal Dadaglio, y para que se supiera que el Papa Pablo VI quería a don Marcelo en Madrid.

Otros podrán decir lo que quieran, pero esta es la verdad de lo que pasó.

Además quería decirte otra cosa, que el próximo sucesor del cardenal de Toledo no ocupará la cátedra de San Leandro, que nunca fue arzobispo de Toledo, sino de Sevilla, y que el que fue arzobispo de Toledo fue San Ildefonso, cuya fiesta se celebra el 23 de enero».