La casa del afectado (a la izquierda) junto a la puerta de acceso de los tráilers y las naves colindantes - ABC

La pesadilla sonora de un vecino que dura ya siete años

Un vecino de Santo Domingo-Caudilla (Toledo) lleva sufriendo desde 2012 el paso de camiones de una empresa junto a su casa

ToledoActualizado:

A José Gabaldón Hernández le atenaza la rabia de quien se sabe con la ley de su parte pero no puede hacer nada ante su incumplimiento. Una impotencia que, por momentos, le ha vencido y le ha intimidado en su camino, dejando a un lado aquella cita que reza así: «El secreto para vencer está en no permitir que la impotencia te intimide ni un solo instante».

Un verdadero calvario es lo que está viviendo este vecino de la localidad toledana de Santo Domingo-Caudilla desde hace siete años. En 2012 comenzó su particular camino por el desierto que, aún a día de hoy, sigue persistiendo aunque la Justicia le ha dado la razón.

José adquirió una vivienda en el residencial Santo Domingo, pero desconocía que ese sería el principio de un trayecto que le ha llevado a denunciar al Ayuntamiento, a su propia urbanización y a la causante de todos los problemas, la empresa Monsextil, S.L.

Motivos

Todo viene por la forma de cargar y descargar la mercancía en los tráilers por parte de esa empresa de textil. Los vehículos de gran tonelaje entran por la carretera N-403 hasta que llegan a la altura de la calle que da acceso a la fábrica. Dada la falta de espacio para maniobrar, los tráilers se cruzan en la carretera y circulan marcha atrás durante 140 metros hasta llegar a los muelles de carga de la firma comercial. Un hecho prohibido a todas luces, ya que no se puede circular más de 15 metros marcha atrás en esa calle. Y mucho menos hacerlo por regla general cada día. Además, no está permitido invadir un cruce de vías, algo que se incumple también con la arriesgada maniobra.

Esa manera de proceder de los camioneros ya ha provocado algún que otro altercado. Uno de ellos precisamente con Gabaldón. Cuando circulaba por las inmediaciones de su casa, su vehículo fue golpeado en la parte delantera por uno de los tráilers que circulan marcha atrás.

Pero este -un problema grave contra la seguridad vial- no es el más importante del caso. Lo peor, según relata Gabaldón, es el infierno que vive dentro de su casa cada vez que uno de esos tráilers entra en las inmediaciones de las naves industriales de Monsextil colidantes con su domicilio. «No habría ningún problema si entrarán en el interior de las naves, pero entran a cargar y descargar al patio que está pegado a mi casa», se lamenta Gabaldón.

Ese hecho suscita que el nivel de decibelios se dispare en el dormitorio del afectado, principalmente, que está situado a muy pocos metros de la entrada de camiones. «Si un día un camionero entra despistado y, por lo que sea gira mal o suelta el embrague, me lleva por delante», teme este vecino, que vive apesadumbrado y malhumorado. Asegura que los persistentes ruidos le han provocado angustia, irritabilidad o alteración del sueño, aunque no está diagnosticado por un médico.

La actividad, que según la empresa se desarrolla entre las 7:00 y las 19:00 horas, eleva el nivel de ruidos en la casa de Gabaldón hasta límites insospechados. El hombre, en cambio, asegura que «no tienen horarios; hay veces que los camiones vienen por la noche, a las 4:00 horas».

Una de cal y otra de arena

Esta situación desesperante fue puesta en conocimiento del Ayuntamiento de Santo Domingo-Caudilla desde el inicio de los problemas, según el perjudicado, pero su denuncia cayó en saco roto y la actividad continuó, por lo que puso los hechos en conocimiento de la Guardia Civil.

Las constantes denuncias derivaron, según Gabaldón, en amenazas de muerte por parte de la empresa colindante y que fueron denunciadas también ante la Guardia Civil. Sin embargo, un juzgado de Torrijos desestimó la demanda.

En ese laberinto que parecía no tener salida, el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 1 de Toledo admitió a trámite la denuncia de infracción urbanística y solicitud de emisiones sonoras, presentada por José Gabaldón.

El afectado demandó al Ayuntamiento de Santo Domingo-Caudilla, al propio residencial Santo Domingo y a la empresa causante de los daños. Para ello, argumentó que, desde la instalación de esa actividad industrial, «resulta harto incómodo, molesto y difícil habitar la vivienda, debido a los ruidos y estruendos que se producen en la finca colindante, en particular con la aproximación de grandes camiones para realizar operaciones de carga y descarga», lo que afecta a la calidad de vida y a la salud de Gabaldón.

Además, el afectado también presentó informes médicos tras sus múltiples visitas al Centro de Salud de Torrijos, además de solicitar al consistorio una medición de los niveles acústicos.

Y aquí llegó el gran problema. El informe técnico de esta medición fue realizado por Francisco Javier Pantoja, arquitecto municipal, y por Rafael J. Domec Jiménez, ingeniero técnico industrial y autor del proyecto para la instalación y adaptación de naves de la entidad que precisamente causaba los ruidos.

El sonómetro era de la empresa

Tras unas pruebas, el Ayuntamiento determinó que el nivel de ruidos no superaba el máximo permitido. Sin embargo, Gabaldón explica que esa medición fue tomada en un solo momento y con un camión de reducidas dimensiones, cuyo tamaño no se aproximaba ni de lejos a los tráilers que siguen pasando junto a su casa para cargar y descargar en los muelles de la empresa. «La medición no había respetado las prescripciones en cuanto a zonificación acústica, objetivos de calidad y emisiones acústicas y, principalmente, los tres períodos temporales de evaluación en los que deben realizarse las mediciones», recuerda el afectad0.

Para más inri, el propio Ayuntamiento reconoció que el sonómetro con el que se realizó la medición fue facilitado por Monsextil, S.L., la empresa demandada, algo que el Consistorio defendió en el proceso judicial alegando que nadie le impidió a Gabaldón poder aportar un informe realizado por un técnico de su confianza.

El Ayuntamiento también explicó en el procedimiento que en el momento de la medición había un camión en fase de carga y otro realizando maniobras, por lo que, si con dos camiones en marcha no se superaban los valores de ruido, sería complicado superarlos. Asimismo, aseguró que la carga y descarga se realiza de manera puntual una vez al mes y en horario de actividad.

Sin embargo, Gabaldón siempre ha negado la mayor con fotografías y vídeos que demuestran que las acciones se suceden diariamente y «a todas horas». Además, y más importante, el afectado contaba a su favor con un dosier de la Guardia Civil concluyente.

Por su parte, el residencial Santo Domingo, lugar en el que vive el afectado, alegó que la parcela donde se encuentra construida la nave es suelo urbano de uso industrial y que la actividad cuenta con los permisos y autorizaciones pertinentes. Asimismo, la urbanización salió en defensa de la empresa y aseguró que las mediciones fueron practicadas con todas las garantías, además de plantear el «verdadero motivo» de la demanda de Gabaldón: este vecino habría pedido a la empresa que le compraran la vivienda y esta se negó, por lo que el afectado inició las acciones legales «como medida de presión», según el residencial.

Resolución judicial

Con todo, la jueza Berta María Gosálbez Ruiz decidió declarar inválida la prueba de medición de ruidos realizada y consideró que la única prueba imparcial fue el informe sonométrico realizado en enero de 2018 por los agentes del Seprona de la Guardia Civil. Ese dosier concluyó que Gabaldón soporta unos niveles de ruidos muy superiores a los permitidos.

La jueza condenó al Ayuntamiento a adoptar de forma inmediante medidas de suspensión, limitaciones o condicionamientos contra la actividad en la empresa, en la resolución judicial del pasado 20 de mayo de este mismo año.

Pero ni el Consistorio ni la fábrica han llevado a cabo ninguna acción, aunque la sentencia es firme, por lo que el afectado sigue sufriendo en su casa el calvario que comenzó hace siete años.

Pero por si esto no fuera suficiente, ahora Gabaldón ha formulado una denuncia contra Monsextil por la acumulación de palets de madera en el patio de la empresa. Además del miedo a los pastos secos junto a la valla que delimita la vivienda afectada con la parcela de la fábrica, a José le aterroriza que, por cualquier motivo, los palets se vean envueltos en llamas y dañen su casa.

Y es que... las pesadillas no siempre terminan cuando uno despierta.