Vista de Toledo desde el cerro de la Virgen de la Cabeza, con las rocas sobre las que se eleva su casco
Vista de Toledo desde el cerro de la Virgen de la Cabeza, con las rocas sobre las que se eleva su casco - A. Pérez Herrera

En busca de gas radón por Toledo

Este elemento químico, segunda causa de cáncer de pulmón, está muy presente en la capital y en la parte noroccidental de la provincia

ToledoActualizado:

Si alguien escucha la palabra radón, quizá le suene a chino. Muy pocos la conocen y alguno puede que la recuerde de sus años de estudios, cuando uno tenía que saberse de memoria la tabla periódica de los elementos químicos. Quien acuda a sus apuntes de Bachillerato, podrá saber que es un elemento químico -con número 86 y símbolo Rn- perteneciente al grupo de los gases nobles, que en su forma gaseosa es incoloro, inodoro e insípido y, en forma sólida, su color es rojizo.

Sin embargo, lo que muchos desconocen es que el radón es un gas radiactivo que se origina de forma natural en rocas y, al descomponerse, puede estar presente en cantidades tóxicas en los espacios que habitamos. De hecho, tal y como explica a ABC Enrique Sanz, doctor en Mineralogía Aplicada por la Universidad Complutense de Madrid, «las evidencias científicas indican que una exposición continuada a concentraciones elevadas de radón puede causar cáncer de pulmón».

«El radón no presenta niveles altos al aire libre, pero en las viviendas tiende a acumularse y puede alcanzar niveles tóxicos para la salud humana», advierte el también socio de Geomnia Natural Resources. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informa de que a este elemento químico se le atribuye hasta un 14% del cáncer de pulmón, siendo la segunda causa de este tipo de enfermedad después del consumo de tabaco. Al inhalar aire con alta concentración de gas radón, sus partículas alfa se depositan en el tracto respiratorio, ocasionan la irradiación de los tejidos y provocan lesiones en las células.

«Tener en cuenta el riesgo de este gas no es ser alarmista, y las administraciones en España deberían preocuparse por ello». Quien así habla es Gonzalo Zamarro, aparejador y responsable de la inmobiliaria Tu Casa Toledo, única empresa que hace intervenciones en viviendas de esta ciudad para paliar los efectos del gas radón. «Algo que no es casual en la provincia de Toledo; en concreto, el casco histórico de la capital es una de las zonas más propicias para la presencia de este elemento químico, ya que se se asienta sobre una masa granítica», indica.

Según apunta Enrique Sanz, una parte importante de la provincia de Toledo, en concreto su sector central y noroccidental, se caracteriza por la presencia de rocas que son susceptibles de emitir gas radón, como son los materiales graníticos o pizarras, y los sedimentos que proceden de la descomposición de éstos.

El caso del casco histórico de Toledo

Pero, como decíamos antes, la capital toledana es una de las zonas especialmente activas en cuanto a la presencia del gas radón. Para conocer este caso concreto, el geólogo y profesor de la Facultad de Ciencias del Medio Ambiente de Toledo, Andrés Díez Herrero, ofrece una explicación muy clarificadora, según la cual «el sector meridional de la ciudad, debido al asentamiento sobre un basamento rocoso cristalino, podría quedar sujeto a un mayor riesgo al radón».

Categorías de exposición potencial al gas radón radón en la provincia de Toledo
Categorías de exposición potencial al gas radón radón en la provincia de Toledo - CSN

Pero, más allá de Toledo, el oeste de la provincia es la zona más afectada, al igual que la parte occidental de España, siendo las zonas montañosas de Galicia, Castilla y León, Madrid y Extremadura las regiones con más incidencia de este gas. Gonzalo Zamarro pone como ejemplo el caso de la localidad toledana de Mora, donde se ha podido comprobar que es uno de los municipios españoles que más muertes por cáncer de pulmón registra, «aunque no se sabe si es a causa de este gas o por otra razón».

El problema, señala el responsable de Tu Casa Toledo, es que ahora mismo en España no hay ninguna normativa, aunque supuestamente desde febrero de 2018, como fecha límite, se tenía que haber aplicado una ley europea que regula la presencia del gas radón en centros de trabajo y viviendas. Algo muy diferente a lo que sucede en Estados Unidos, donde sí son obligatorias las mediciones en la construcción de un edificio y no se puede construir o vender un inmueble por encima de los 148 becquerelios por metro cúbico.

Dentro de la Unión Europea hay una normativa referente a esta cuestión y, por ejemplo, Francia sí ha aplicado la directiva que regula la presencia de gas radón. Esta ley europea fija el máximo en 300 becquerelios por metro cúbico, pero el país galo lo ha bajado a 200. Por este motivo, en todas las construcciones de obra nueva se está empezando a tener en cuenta la incidencia del gas radón en un terreno.

En cualquier caso, el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) desarrolló un mapa predictivo de exposición doméstica al radón en España. Comprende tres categorías que representan la probabilidad de exposición exposición potencial al radón: 0 o baja (<150 Bq/m3), 1 o media (150-300 Bq/m3) y 2 o alta (>300 Bq/m3). Este mapa se basa en el Proyecto Marna (Mapa de radiación gamma natural en España) y su correspondencia con el contenido de radón en el suelo, estableciéndose matemáticamente su correlación con concentraciones potenciales de radón en viviendas.

Tal y como indica el CSN, «el mapa predictivo tiene utilidad para planificar las estrategias de protección a nivel nacional, regional o local, pero no sustituye en ningún caso a las mediciones directas en las viviendas, que son el único indicador fiable del riesgo para la salud de cada individuo».

¿Cómo mitigar sus efectos?

Según explica el responsable de Tu Casa Toledo, al estar presente en el subsuelo, «el radón no se puede eliminar, pero sí mitigar. Para llevar a cabo este trabajo, se hace una detección previa in situ, colocando un detector durante siete días para ver el nivel de gas». Si se detecta radón en unos niveles altos, se hace una prueba más especializada, bajo un control de calidad durante tres meses, con la colocación de un detector en el lugar en cuestión. Los resultados de esa medición se llevan a unos laboratorios autorizados, que son los que dan la cifra exacta de gas presente en ese sitio.

De este modo, si fuera necesario, hay que hacer obras para mitigar la presencia de radón y, posteriormente, hacer una prospección para ver si han bajado los niveles de exposición al gas. «Es aquí donde entramos nosotros -afirma Gonzalo Zamarro-; la detección la hace una empresa externa y las actuaciones constructivas las desarrollamos nosotros y los costes varían en función de las necesidades de cada edificio o de cada espacio dentro de un mismo inmueble, ya que hay habitaciones que pueden tener 2.000 y otras 100 becquerelios por metro cúbico».

Por eso, es importante comprobar cómo está construido el edificio, ya que no es lo mismo que esté asentado sobre roca en disgregación o si tiene poca ventilación. Y otro de los factores que influye en la presencia mayor o menor de radón es la climatología, ya que no es lo mismo el invierno, cuando se permeabiliza el terreno, que el verano, cuando está más seco. Para tratar este problema, Zamarro aconseja una serie de actuaciones que pasan por mejorar ventilación del edificio, la instalación de una manta de PVC (policloruro de vinilo) o la construcción de una arqueta de descompresión para liberar el gas radón. Sin embargo, asegura que «no hay un tratamiento que lo elimine; no es como tomar una pastilla y se acaban los males».