El buen gusto de don clemente

El buen gusto de don clemente

José Rosell Villasevil
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Don Clemente Palencia Flores, para quien no lo haya conocido referente exquisito, a partes iguales, de bondad y de cultura, comenzó a publicar el 1 de diciembre de 1980, en el tristemente extinguido Diario Ya de Toledo, una linda serie de notas breves, no obstante inmensas de contenido, bajo el título escueto de «Toledo ayer». Fueron 2.157 joyitas literarias las que, buscadas con avidez por sus lectores día a día, nos enriquecieron con su glosa amena en torno a la historia, el arte y la literatura de la ciudad de Toledo y su provincia. Y algo más, pues tamaña aventura periodística, felizmente recogida en tres preciosos volúmenes por Gabriel Mora del Pozo y publicados por la Diputación Provincial en 1991, se extendía a la región de Castilla-La Mancha entera y a toda España.

Quiero recordar hoy su bello articulito, el número 1.792, que lleva por título «Valoración del producto de la uva por tierras manchegas». «Hace poco más de medio siglo -escribe refiriéndose al año 1932- esta era la cosecha de uva por nuestras tierras al finalizar la vendimia. De toda España ocupaba el primer Ciudad Real, con una cosecha de uva para vinificación de 4.185.000 quintales métricos y de mosto de 2.900.000. Se destacaba Valdepeñas por la calidad...» Y continuaba más adelante: «En un resumen se consideraba de mejor calidad lo de Valdepeñas y después lo de Méntrida, Fuensalida, Yepes y Montearagón».

Don Clemente, hombre sencillo y austero, pero de muy refinado paladar, sentía especial preferencia por los caldos de Valdepeñas. Recuerdo que un día, pues con el eminente profesor e inolvidable cronista de Toledo me unió una entrañable amistad en la última etapa de su fructuosísima existencia, brindando con sendas copas de este vino valdepeñero (para un servidor el mejor del mundo), me decía, haciendo gala de su infinita memoria literaria, y en su bondad para halagar mi cervantomanía: ¿Recuerdas, querido amigo José Rosell, el gracioso episodio del capítulo XIII de la II Parte del Quijote, en que conversando largamente Sancho con el escudero del caballero del Bosque, áquel se erige en catador reputado al saborear el contenido de la enorme bota que éste le ofrece? Te voy a recitar de memoria las palabras de Sancho: «Pero dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿Este vino no es de Ciudad Real? -¡Bravo mojón!, respondió el del Bosque-. En verdad que no es de otra parte...» Sólo le faltó añadir, matizaba el beatífico Don Clemente, «¡del mismísimo Valdepeñas!».

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