Bodasde plata de marsodeto

Carlos Martín- Fuertes
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Hoy se celebra la XXV Marsodeto, bodas de plata, lo que denota cierta mayoría de edad en cualquier acontecimiento. Hace una semana, por razones de amistad, un grupo de maestros nos reuníamos en El Romeral, pequeña población manchega, con Marcelino Casas Puente, sacerdote «quijote», incansable, comprometido y responsable donde los haya.

Recordábamos que en ese mismo lugar habíamos elaborado hace casi treinta años parte de los estatutos de Marsodeto, ese parto que Marcelino, sin ser madre, parió arropado por una veintena de maestros cristianos que desarrollábamos nuestra labor pastoral y docente por esos benditos pueblos de La Mancha.

Desde las primeras ediciones en las que íbamos caminando hasta Olías del Rey, Cabañas de la Sagra y salíamos de Tavera hasta ahora han transcurrido no sólo años, ha habido una evolución ciertamente positiva, quizá no todo lo buena y grande que pudiera haber sido, pero sí lo suficiente. No seamos tan autoexigentes. Ya hace tiempo que salimos de las catacumbas y hoy caminamos por vía preferente.

Marsodeto aglutina actualmente a más de 20 asociaciones de discapacitados intelectuales de la provincia, cosa nada fácil cuando lo habitual es ir por libre pretendiendo sacar más. Ha aumentado la sensibilidad social hacia estas personas, uno de los objetivos propuestos al programar la marcha. Se han involucrado las instituciones, aspecto necesario y complementario y su obra es conocida en toda la provincia. Siempre se ha cuidado nombrar padrinos y madrinas que aportasen paso a paso algo hacia la integración social y laboral del discapacitado.

En la efeméride tan singular, sin duda el balance es muy positivo. Ello me hace pensar, querido Marcelino y amigos cofundadores, que nuestro esfuerzo no fue baldío, que mereció la pena, como lo es siempre, trabajar por los demás, sobre todo cuando se hace desde una óptica espiritual y de compromiso y por un colectivo que demanda muchas necesidades. Ello y la sonrisa de nuestros usuarios es y será siempre nuestra mejor recompensa.