EL AUTOBÚS DE PEPINO

Por GUSTAVO A. MUÑOZ
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La injusticia existe porque hay, precisamente, lo contrario y virtuoso, aunque no se sepa a ciencia cabal cuál es el antónimo y cuál el sustantivo. A resultas de la supresión del ilegal servicio de autobuses urbanos de Talavera a la vecina localidad de Pepino, le sobrevino al denunciante, Jaime Ramos, jefe a la sazón de la oposición en el Ayuntamiento de Talavera, la enemiga de tres clases de personas: los que establecieron el servicio de transporte; los que lo disfrutaban ilegal y gratuitamente; y algunos compañeros de partido que se han lamentado de la presunta pérdida de votos en las próximas elecciones locales.

Tras la denuncia e inmediata supresión del ilegal servicio, aparecieron unos carteles en la urbanización pepinera beneficiaria de los autobuses, que le hacían responsable a Ramos de la pérdida de bien tan preciado y barato. Inmediatamente, la conciencia electoral que a cada político le ocupa gran parte de su cerebro y su moral, interpretó la cosa como negativa para sus interés venideros en concepto de votos.

He aquí donde se observa la putrefacción de la conciencia y de todos esos sagrados principios que se invocan en campaña electoral y luego se repudian, mediante los cuales un acto tan riguroso como evitar una ilegalidad y una injusticia para los talaveranos que no se benefician de la rebaja de impuestos que supone vivir en algunos pueblos del entorno, se convierte, en vez de un motivo de orgullo, en una debacle y en un error de bulto.

Efectivamente, la cartelería aparecida en la urbanización Prado del Arca (término municipal de Pepino situado a un par de kilómetros del casco urbano de Talavera) contra Ramos, debería haber sido interpretada en sus justos términos: el jefe de la oposición ha cumplido su obligación, y contra amistades e intereses electorales bastardos, ha denunciado el hecho de que el Ayuntamiento de Talavera, con la aportación ciudadana de 135 millones de pesetas con los se subvenciona a la empresa que mantiene el magnífico servicio de transporte urbano, ha prestado durante días o semanas servicio a la localidad vecina cuya mayor contribución a Talavera ha sido echar los detritus de sus vecinos sobre la urbanización del Chaparral Bajo.

Quien hizo la cartelería quizás pretendió una maldad tan torpe que sólo ha conseguido, a consideración de las personas sensatas y ecuánimes, evidenciar el truco del almendruco consistente en aprovecharse hasta la saciedad de los recursos que genera Talavera para beneficio de no se sabe qué intereses.

En la urbanización Prado del Arca, como en la mayor parte de las otras que promociona Pepino -en gran medida nacidas a la sombra de la ilegalidad- viven talaveranos de nacimiento, adopción o vocación que no precisan de la caridad del autobús ajeno, porque en caso contrario vivirían en Talavera, que es donde trabajan, se divierten y estudian sus hijos.

Que Pepino se haya convertido en la población dormitorio de buen número de talaveranos, les beneficia a los naturales de esa localidad y no perjudica especialmente a Talavera, siempre que antes de poner los autobuses a Prado del Arca, el Ayuntamiento de Talavera hubiese prestado ese servicio, por ejemplo, al sufrido Chaparral Bajo, separado del casco urbano más de cuatro kilómetros y padeciendo, como se ha dicho, la defecaciones de los vecinos.

Tan resaltable como la responsabilidad de Ramos, es que el senador y secretario general de los socialistas talaveranos, el amigo José Miguel Camacho, residente en Prado del Arca y miembro de la junta directiva de la comunidad de propietarios, haya velado con tanto celo por los intereses de Talavera, el pueblo que tantos bienes materiales y espirituales le ha prestado.