A VG, con amor

Por EUSEBIO CEDENA
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A Victorino González, cuando deje su escaño en el Ayuntamiento de Talavera a partir de las próximas elecciones, habrá que hacerle un homenaje. Este concejal socialista, polivalente y pluriempleado, fiel a su partido hasta la médula y siempre cargado de responsabilidades, es un salmantino muy simpático que tiene la virtud de llevar por lo menos cuatro lustros sentado en la Corporación sin despeinarse. Y también sin que nadie le haya detectado ninguna incompetencia especialmente pronunciada, al menos no mayor de la estrictamente necesaria, lo cual es muy de agradecer a la vista de las estrecheces de la media en la inefable política local.

Si cumple su deseo, el amigo Victorino dejará la política en mayo, después de media vida. Aunque yo le veo muy en forma, me parece que hace bien en dejar ya la carrera y centrarse en otra cosa. La política debe ser una actividad fugaz y transitoria, tan de paso que uno vaya de puntillas y no más allá de dos suspiros: no es precisamente el caso de este Victorino, que es un miura, pero al menos se va solo, voluntario, consciente de que ya estuvo demasiado y hay que retirarse a tiempo. Eso que gana.

En su larga trayectoria, este González ha sido de todo, hasta de la oposición. De talante incombustible, ha visto pasar a seis alcaldes (Tello, González Madrid, Corrochano, Flores, Carriches y Rivas), y si se espera un poco más igual veía el séptimo, lo cual es señal a ciencia cierta, no de ningún perfil camaleónico, sino de su fidelidad irreprochable a un proyecto, a un partido, a unas ideas.

González, me parece a mí, es el hombre de partido por excelencia, siempre además desde la base, un todoterreno que a muy pocos cae mal, a casi todos trata bien y al que la honestidad, como el valor, se le supone, como ya ha quedado demostrado.

Después de ser responsable municipal de un montón de cosas, ahora lleva las delegaciones de Urbanismo, Tráfico y Seguridad Ciudadana, demasiadas a mi gusto, y posiblemente al suyo, y otras tantas llevaría si su jefe se lo pidiera. Y aunque no me atrevo yo a juzgar sus resultados de veinte años de gestión municipal, porque la cosa no es que sea para montarse una fiesta, tampoco parece que lo haya hecho tan mal. Y además, siempre pone buena cara cuando se le llama desde la prensa, incluso si es del ABC.

Así pues, si finalmente se va (y yo creo que sí) a este chico habrá que darle un premio o cosa parecida, no vaya a pasar con él lo que con otros tipos ilustres del Partido Socialista, que cayeron por los derroteros del olvido. No sé si con esto le hago algún favor, pero quede aquí constancia de mi apoyo y simpatía: yo a este tío, que me parece tan legal, le tengo mucho aprecio. De verdad.