EL ALCALDE DECAPITADO

J. H. PONOS/
Actualizado:

Dice el alcalde de Toledo, José Manuel Molina, en una entrevista publicada ayer en estas páginas que «ahora mi corazón, mis ojos y mi trabajo están dedicados a la ciudad de Toledo», que es aseveración encomiable que se agradece. Pero olvida el señor alcalde algo tan importante como la cabeza o más bien el cerebro porque si uno no dedica la mente a lo que lleva entre manos pues falta el factor inteligente para culminar los proyectos con éxitos. El corazón ofrece el motor vivificador e ilusionante; los ojos, la mirada ágil para captar la problemática del entorno e intentar solucionarla; el trabajo, es el esfuerzo para no descansar en el logro de los objetivos; pero la cabeza es de donde nacen las ideas para motivar el ego propio y el del equipo de Gobierno que le acompaña con el interés de engendrar las propuestas que enaltezcan las iniciativas toledanas.

Quizá las respuestas rápidas de una entrevista motiva a que se pierdan en los pensamientos algunas partes del cuerpo que estando ahí pudieran pasar desapercibidas, pero si quien es la cabeza del municipio toledano la olvida en el momento de soltar atributos hacia su persona pues no queda muy bien que digamos la sentencia que pretende transmitir todo lo ennoblecido de una tarea política. La cabeza pues, señor Molina, sobre los hombros y junto con el corazón y los ojos a dar realidad a ese trabajo dedicado por entero a la ciudad de Toledo que desde aquí no se discute.

Además la imagen de un alcalde decapitado vale tan solo para formar parte de los personajes que rodean a Harry Potter en la ficción creada por la escritora británica, J.K. Rowling.