Leonardo Padura presenta su última novela en Toledo: «No niego que lo que hago puede traer consecuencias»
El escritor cubano de renombre internacional, tan crítico con el régimen, afirma ser «invisible» en su país, donde no se publican sus libros, «pero es un precio que pago satisfecho»
Toledo
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Iniciar sesiónLeonardo Padura sigue viviendo en la misma casa en la que vino al mundo, allí en Mantilla, en la periferia de La Habana, la capital cubana, una vivienda de dos plantas que sus padres construyeron en 1954, un año antes de que él ... naciera, y tiene pinta de que así será hasta que fallezca. La planta de abajo la ocupa su madre, Alicia, una señora de 97 años con «la mente superclara», y la de arriba es para el escritor y su esposa Lucía; y cuando surgen «dudas sobre algún recuerdo que está relacionado con personas que conocimos o situaciones o historias del barrio» sólo tiene que bajar y preguntar a mamá.
Y desde esa atalaya, tan a contracorriente de los tiempos actuales donde el algoritmo de Instagram te seduce, casi te empuja, a salir a cada rato de tu hogar e irte a cualquier otra parte del planeta -cuanto más lejos, mejor- a presumir de experiencias inolvidables, Padura ha logrado ser uno de los escritores más reconocidos en lengua castellana, con millones y millones de libros vendidos. Este jueves estuvo en la toledana Venta de Aires para, en el marco del festival CiBRA, presentar su última obra, 'Morir en la arena', en la que retrata como nadie la decadencia de su país, ahogado de tanta miseria.
«Hay una relación con la pertenencia que para mí es muy importante. Creo que he intentado practicar algo que dijo hace más de 100 años don Miguel Unamuno: 'En el arte hemos de hallar lo universal en las entrañas de lo local y en lo circunscrito y limitado lo eterno'. He intentado hacer ese ejercicio. Me he movido mucho por muchos lugares desde los 30 años, pero siempre de visita», relata.
Tampoco es que hubiera más opciones. En sus lecturas iniciales adoraba a Hemingway, a Scott Fitzgerald, aquellos yanquis disfrutones que se pegaron la vida padre en París hace ahora un siglo, «pero era un sueño que sabía que no se podía materializar en la Cuba de los 70. Entonces nadie podía ir a ningún lado si no te enviaba el gobierno. Lo de Paul Auster, contemporáneo mío, que se fue a París casi de mochilero y pasó por todos los trabajos del mundo, para nosotros era imposible».
De entrada, Padura se ganó el jornal como periodista. Primero como «especialista en una revista cultural, escribiendo notas de literatura y de teatro, y después estuve seis años en un periódico vespertino y elaboraba largos reportajes de investigación sobre asuntos históricos».
En esa época, recuerda, «ensayé lenguajes, estructuras, tuve un mejor conocimiento de la vida del país y fue un tránsito en mi literatura que se ve entre la primera novela, 'Fiebre de caballos', y la siguiente, 'Pasado Perfecto', la primera de mi personaje Mario Conde; en ellas hay una distancia entre un escritor totalmente inseguro, incipiente, y uno con más dominio de su oficio».
Al respecto, profundiza: «El periodismo tiene unas reglas que son distintas a las de la literatura y uno tiene que aprenderlas y acatarlas. Si el escritor de novelas se deja dominar por la prisa y por la longitud de lo que escribe está fracasado. La novela necesita su tiempo y necesita su espacio y el periodismo responde a las exigencias del tiempo y del espacio».
La misión de Padura en la literatura, pues, es «reflejar la realidad cubana como primera materia prima, lo cual no quiere decir que en mis libros solamente se hable de Cuba. Hay novelas como, por ejemplo, 'El hombre que amaba a los perros', que transcurren también en Moscú, Barcelona, Ciudad de México o una islita del Bósforo turco, pero siempre se parte y se regresa a Cuba porque mirar la vida de mi generación, su desarrollo y la frustración en muchos sentidos ha sido uno de mis propósitos, ese intentar hacer una crónica de la vida contemporánea cubana».
Independencia
Las preguntas se amontonan: ¿por qué el régimen aguanta? «El visitante que pasa por Cuba tiene una visión limitada de la realidad. Creo que el sistema cubano se ha afianzado al dominar todos los elementos fundamentales de una economía. La concentración del poder político y económico garantiza su permanencia».
¿Y por qué, pese a que «hay lugares donde están 16 horas sin electricidad un día, otro día y otro día», la gente no se rebela contra su gobierno? «Hace unos años hubo unas manifestaciones bastante nutridas y, más que la represión policial, lo que hubo después fue represión judicial. A muchos les acusaron de alterar el orden público o de romper una vidriera y fueron condenados a ocho, diez, doce años de cárcel. Cuando ves que tu vecino va a prisión por salir a gritar a la calle, piensas: 'Bueno, mejor me quedo tranquilito y no me arriesgo'».
Finalmente, cuestionado sobre si él mismo tiene miedo, reconoce que «no puedo negar que en ocasiones lo he sentido porque lo que hago puede traer consecuencias. Por fortuna, la única hasta la fecha es que soy invisible en Cuba. Mis últimas cuatro novelas no se han publicado. Es el precio que pago, pero lo pago satisfecho porque mi independencia es lo más valioso que me acompaña para poder hacer mi trabajo como escritor».
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