El día a día de un pastor de Valdepeñas de los de toda la vida
El pastor valdepeñero Silviano Aguado, uno de los pocos de la comarca - EFE

El día a día de un pastor de Valdepeñas de los de toda la vida

Silviano Aguado es uno de los pocos pastores tradicionales en esta comarca ciudadrealeña

EFE
VALDEPEÑAS Actualizado:

El valdepeñero Silviano Aguado es uno de los pocos pastores tradicionales, de «los de toda la vida», que quedan en la comarca, un ganadero de cuarta generación que dedica todas las horas del día a este oficio que mamó desde la cuna y en el que empezó a los 12 años de la mano de su padre. «A mí los animales siempre me han gustado y mientras terminaba los estudios ayudaba a ordeñar, me ocupaba de barrer, daba de mamar a los corderos recién nacidos, esquilaba..., y así empecé a familiarizarme y a aprender cosas de este oficio», explicó Silviano Aguado a Efe, que le acompañó durante parte de su jornada.

Propietario de la finca «Casa Megía», situada en el paraje de Los Cerrillos, en el término municipal de Valdepeñas, Aguado reivindica el reconocimiento social de la figura del pastor, más seguridad en el campo y la recuperación de los pastos en Castilla-La Mancha, una comunidad en la que «el poco pasto que encuentras es malo y caro». Este soltero de 50 años, acostumbrado al trabajo de sol a sol, muestra orgulloso su ganado, compuesto por 240 cabezas de caprino y ovino (oveja manchega).

Con un cordero recién nacido entre sus brazos, Silviano Aguado no puede ocultar su pasión por la profesión para la que considera que hay que tener vocación y mucha paciencia, aunque teme que desaparezca «si no se ponen las cosas en orden». «En aquella época (cuando empezó) la ganadería era una fuente de riqueza muy buena porque te permitía dar de comer a una familia y vivir más o menos desahogadamente, algo que ahora es prácticamente imposible», asegura Silviano.

Y sigue hablando mientras, aprovechando el buen día invernal que hace, se dispone a sacar al ganado al campo para que pueda pastar durante unas horas acompañado de sus tres perros: Franco, Lola y Fanega. «Hay que respetar la tierra para que haya pasto y puedas dar de comer a los animales», que cuando no pueden salir de la finca porque no hace buen tiempo se alimentan con pienso. El pastor no comprende cómo un litro de leche o un cordero se siguen pagando al mismo precio que hace 20 años pero, por contra, lo que cuesta el pienso se ha duplicado. «Es prácticamente imposible mantener una explotación cuando los costes de producción superan con creces lo que percibes por tus productos. No te puedes permitir contratar a nadie para que te ayude porque apenas sacas para vivir tú», indica.

Su metodología

Este pastor afirma que a un «ganadero tradicional» apenas le quedan 600 ó 700 euros libres al mes. Añade Aguado su metodología: «crío a los corderos y a los cabritos y cuando tienen un mes, o poco más, los vendo a un cebadero que me paga unos 30 euros por cabeza, frente a los 120 ó 130 euros que obtienen por ellos cuando se comercializan». Además de las ovejas y las cabras, en la finca también hay cinco vacas y tres caballos, uno de ellos Pizarro, al que le gusta montar cuando tiene algo de tiempo, que no es mucho. «No me da tiempo a aburrirme porque siempre hay algo que hacer», sonríe el pastor valdepeñero para quien la soledad no es ningún problema.