Juan Jiménez Andújar, en una anterior misión en la Antártida /Vídeo de la fauna de la zona - ABC

La misión del subteniente Andújar en la Antártida

Natual de Membrilla, estará tres meses secundando a científicos de la Universidad de Cádiz

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El continente antártico es un territorio hostil donde la exploración se hace muy cuesta arriba. Además de las bajas temperaturas, factores adversos como temporales o suelos intransitables, con altas capas de hielo, obligan a los aventureros a traer de casa una exhausta y cuidada preparación, a sabiendas de que el asentamiento humano es imposible, en un medio tan helado.

La misión de Juan Jiménez Andújar, subteniente del Ejército de Tierra español, natural de Membrilla (Ciudad Real), consiste en velar durante tres meses por el curso natural y sin riesgos de los experimentos científicos que harán sobre el terreno una plantilla de investigadores de la Universidad de Cádiz. Se encuentran en la base «Gabriel de Castilla», ubicada en Isla Decepción (archipiélago Shetland del Sur), peculiar por su paisaje de cenizas volcánicas que cubre en su mayor parte los mantos de hielo.

El miércoles, Andújar partió hacia su misión junto con otros 12 compañeros del mismo cuerpo. A él le corresponde el área de Motores, la puesta a punto de vehículos blindados y las embarcaciones Zodiac que trasladan a los científicos de un punto a otro de la isla. El estudio se centrará en la monitorización del fondo volcánico (el volcán de Decepción se encuentra bajo el agua y es el único navegable del mundo) y de varios ejemplares de lobos marinos. Durante 20 años, la base española ha hecho un seguimiento de los pingüinos, a los que se les han colocado cámaras GPS para ver el mundo como lo ven ellos.

Las condiciones en las que el subteniente de Membrilla va a trabajar son extremas: las temperaturas oscilan entre los 0 y los -15º a lo largo del año. Este mes da comienzo el verano austral, con luz diurna perpetua. Aunque, sin duda, el peor enemigo es el viento.

Isla Decepción tiene forma de herradura, abierta solo por un canal de altos acantilados donde el viento origina fuertes vendavales, bautizados por los antiguos balleneros como «Los Fuelles de Neptuno». Andújar comenta que la primera vez que fue (esta será la segunda y última) solo tuvieron tres días apacibles.

Bajo el suelo también acecha el peligro de actividad sísmica y erupción volcánica. La última tuvo lugar en los años 70, que dejó sepultada bajo las cenizas una base británica y otra chilena. Además, en Decepción hay «glaciares negros», formados por escorias volcánicas.

Travesía por «Tierra de Fuego»

Por otro lado, hasta llegar a la Antártida, la expedición española tendrá que atravesar el bravo «Mar de Hoces» o «Paso de Drake» desde Punta Arena (Argentina). Lo harán a bordo del buque oceanográfico «Sarmiento de Gamboa». En este mar las olas pueden alcanzar los diez metros de altura, ya que es aquí donde los Andes descargan sus vientos, la denominada «Tierra del Fuego».

Sin embargo, a pesar de todos estos inconvenientes, Andújar asegura que la estancia se hace más tranquila porque «todos ayudan a todos». Pese a que el núcleo de población más cercano se encuentra a 1.000 kilómetros, los equipos de investigación no se sienten solos. Por la base pasan recurrentemente científicos belgas, austríacos, húngaros, chilenos o reporteros de la cadena británica BBC.

Juan Jiménez Andújar es miembro de la Brigada Logística ALOG nº21, con sede en Sevilla. Ha sido destinado a misiones en Kosovo, Bosnia, Irak, Afganistán y Líbano. Una trayectoria que a sus 48 años no quiere abandonar por un despacho y un horario de oficina, según cuenta. Para esta nueva misión, ha pasado una semana de prácticas en la estación de Benasque (Huesca), en los Pirineos. Con eso, y con su experiencia, basta para sobrevivir en la Antártida.