La pareja ganadora, el fin de semana en Benidorm
La pareja ganadora, el fin de semana en Benidorm - Twitter

Miguel Ámez y Carlos Arceo, campeones de España de futbolín

Amigos de toda la vida, tienen 37 años, son de Guadalajara y ya suman tres títulos

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Alejandro Campos Ramírez siempre mantuvo, mientras vivió, que él había sido el inventor del futbolín en España. La idea se le ocurrió durante la guerra civil, cuando resultó herido por una bomba y envidiaba a los chavales que jugaban al fútbol. Como también le gustaba el ping pong, pensó: «¿Por qué no crear el fútbol de mesa?» Y así fue como pidió ayuda a un carpintero, Francisco Javier Altuna, que hizo realidad lo que Alejandro soñaba.

Miguel Ámez (informático) más o menos conoce la historia del artilugio que ya le ha proclamado, junto con Carlos Arceo (trabajador del sector farmaceútico), campeón de España tres veces. Miguel y Carlos son amigos de toda la vida, tienen 37 años y son de Guadalajara (aunque Miguel vive en Marchamalo desde hace algunos años). Este fin de semana ganaron el campeonato disputado en Benidorm y se ganaron el derecho a disputar el Mundial que en julio se celebrará en Murcia.

«Aprendimos en los futbolines de madera de siempre. En Guadalajara había muchísima afición, con 30 ó 40 parejas de mucho nivel. Una vez oímos hablar de que en Madrid había una asociación en la que jugaban a un futbolín que llamaban profesional. Nos pasamos por allí, nos explicaron cómo iba y nos aficionamos. Esto fue hace ocho años», explica Miguel a ABC.

Sobre las características que debe tener un buen jugador de futbolín, el campeón de España destaca: «Hay que tener habilidad, sobre todo con la mano izquierda. Al sacar desde el centro, tener una buena media es fundamental para poder disponer de más tiros que el contrario. También hay que tener mucha cabeza y sangre fría; el defensa va cubriendo y el delantero tiene que esperar con calma».

Eso sí, el jugador alcarreño lamenta que los futbolines estén desapareciendo de los bares. «Se van renovando y las relaciones humanas van un poco como internet; las nuevas tecnologías no están ayudando demasiado», dice. Aunque, añade, «somos muy frikis y, siempre que vamos a un bar y hay un futbolín de madera, nos gusta jugar y enseñar a la gente. El futbolín de madera es tremendamente impreciso y ¡claro que nos fastidia perder!».