José Francisco Roldán Pastor

La defensa proporcionada

«Debemos proteger la legítima defensa propia o ajena»

José Francisco Roldán Pastor
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En el sentido común, que tiene un modo de medirse absolutamente racional, se basan la mayoría de los comportamientos normales. Hasta estos días, más adelante habría que dudar, la gran mayoría de las personas tienen claro cómo deberían posicionarse ante una agresión injusta, ya sea a los suyos como a los demás. La defensa de lo nuestro supone arriesgar un futuro asegurado, que puede frustrarse como consecuencia del azar, esa forma curiosa de apostar, hasta cuando no lo deseas.

Hemos agasajado la resuelta valentía de quienes se enfrentan a cualquier ataque para protegerse o defender la vida o bienes de sus semejantes. No hace falta conocer de leyes para saber los límites de tal ejercicio solidario. Los sabios del derecho han desarrollado argumentos sobrados para conocer el marco de esas decisiones. Fronteras que sujetan la venganza o represalia permiten exigir esa proporción a quienes pueden perder el control de sus actos. La oportunidad, en la mayoría de las situaciones, la decide el que agrede, el atacante empeñado en causar mal, con especial predilección por los más débiles.

Algunas veces se equivocan de objetivo o interviene un samaritano con capacidad para impedirlo, restablecer la situación previa o resolver acertadamente el conflicto. Como cualquier otro superhéroe, el defensor de los derechos ajenos deja al criminal en manos de los agentes de la ley. Y eso debe imperar entre la gente cabal, lo que nuestros abuelos consideraban un ciudadano ejemplar. Malo es cambiar el sentido de la marcha y alimentar la indolencia o cobardía que cuestiona la solidaridad arriesgando.

Si alguien que pretende ayudar recibe la amarga respuesta de la ingratitud, lo más probable es que cambie de opinión respecto a su rol en una sociedad egoísta. Lo que pasa en un momento de tensión, riesgo, miedo, nervios o crispación debe valorarse en esos términos. No debemos resolver el problema desde la solución, un modo sencillo y tramposo de afrontar la emergencia. Tampoco se puede valorar la realidad desde una postura exquisitamente teórica, alejada de lo que es. No podemos estar calculando lo que debe ser sin valorar distintos matices de lo que puede ser.

Es grave calcular desde qué segundo exacto una actitud defensiva debe suspenderse: cómo medimos la proporción, cuánto pesa, cómo es su complexión o desde qué instante deja de serlo. Hay quienes valoran el terror desde un punto o la coma del texto más intransigente, que se muestra benévolo con los peores. Mal mensaje mandamos al ciudadano cuando mostramos tanta exigencia para las acciones filantrópicas. Y, si estamos cerca del límite, la sociedad debe ser transigente, congruente, oportuna y proporcional para comprender lo que sucede y qué pretendemos que pase.

José Francisco Roldán Pastor, comisario jubilado del Cuerpo Nacional de Policía

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