José Francisco Roldán Pastor

¿Cuándo empiezan a salir gratis los delitos?

«No podemos seguir experimentando con la vida de los ciudadanos»

José Francisco Roldán Pastor
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Para algunos delincuentes, especialmente los más activos, la retribución penal se puede calificar de barata. Habrá quien sepa que las rebajas pueden superar a las del día sin IVA. Es habitual sumar numerosos hechos delictivos en una especie de pack para calcular la pena correspondiente. Y estos recovecos legales -en eso están los profesionales y sus asesores- son manoseados con la veleidad de quienes no tienen demasiado claro qué objetivo debería tener una maquinaria legislativa y jurisdiccional; si fuera proteger a las potenciales víctimas, las decisiones estarían mejor ajustadas a una problemática que supera los tintes dramáticos.

Es habitual que un multirreincidente comparezca en un juicio para escuchar una acusación relacionada con una auténtica retahíla de infracciones, que han sido respaldadas por la actuación policial, repleta de indicios, que justificarían una condena ejemplar. Sin embargo, las matemáticas penales tienen complicada interpretación. Si hay quince delitos, y cada uno tiene prevista pena de dos años, por ejemplo, la propuesta de la acusación no tiene por qué alcanzar los treinta años, como cualquier mortal entendería.

Nadie repara en sus terribles consecuencias. Han podido causar destrozos físicos o se han apoderado de innumerables objetos que no se recuperan. También dañado con dureza los sentimientos ajenos. Pero se les oferta una especie de saldo legal para reducir la suma de penas que debería retribuir mucho más a delincuentes profesionales.

Hay otras cuentas que no salen: muchos delincuentes habituales deberían nacer varias veces para cumplir el total de penas impuestas en su trayectoria maldita. Mientras sus víctimas superan, si pueden, los efectos de un robo o agresión, los autores, que saldrán pronto, pergeñan otras porque aprenden y se perfeccionan.

Acumulando delitos, el autor llega a la cifra mágica en la que, a partir de ese momento, los siguientes le salen gratis. Un violador o el asesino más sanguinario, cuando ha superado la frontera de la ignominia, se permite el lujo de repetir sabiendo que la ley no le pedirá más cuentas. Muchos pueblos claman justicia frente al comportamiento pertinaz de vecinos salvajes, detenidos reiteradamente, que se pavonean por las calles con descaro. Algo no estamos haciendo bien. No podemos seguir experimentando con la vida de los ciudadanos. Supongo que el legislador debería tomar nota.

José Francisco Roldán Pastor, comisario jubilado del Cuerpo Nacional de Policía

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