Los Reyes junto a Donald y Melania Trump en la Casa Blanca - Foto: REUTERS | Vídeo: ATLAS

Trump ante Don Felipe: «Iré a España»

Con el telón de fondo de la tensión comercial y migratoria, el presidente de EE.UU. apuesta por la distensión en su primer encuentro con los Reyes

WashingtonActualizado:

Un trueno retumbó en la entrada Sur de la Casa Blanca cuando el vehículo que transportaba a los Reyes de España se paraba delante de las columnas jónicas de la residencia presidencial, en la última parada del viaje de Don Felipe y Doña Letizia a EE.UU.. La tarde tempestuosa era un escenario ajustado a las relaciones complicadas que vive Donald Trump con sus socios estratégicos. En las últimas semanas, el presidente estadounidense ha vivido desencuentros importantes con líderes como Justin Trudeau, el primer ministro canadiense al que insultó nada más acabar la cumbre del G7, o Angela Merkel, con la que vive instalado en la confrontación por su política migratoria.

Lo que ha dominado la visita de los Reyes a la Casa Blanca, sin embargo, fue la distensión. Trump y la primera dama, Melania, dieron una bienvenida calurosa y rápida, mientras chispeaba en los jardines de su residencia. Los gestos de cercanía dieron paso a las buenas palabras ya dentro del Despacho Oval, donde Don Felipe y Doña Letizia compartieron un instante con los reporteros junto a la familia presidencial estadounidense. «Es un gran honor tener al Rey y a la Reina de España, la hermosa España, es un país hermoso», dijo el anfitrión. «Hemos estado en España hace no tanto, y nos encanta. Es una gente y un lugar muy especiales».

Trump resaltó la excelente relación entre ambos países -«especialmente ahora, creo», puntualizó-, incluso la «excelente relación comercial», un punto muy espinoso en estos momentos. La Administración Trump aprobó a principios de junio nuevas tarifas para el acero y el aluminio europeos, lo que ha agitado las relaciones con sus socios europeos. Para España, además, ha establecido tarifas para un sector estratégico, el de la aceituna negra. Antes de la reunión, fuentes diplomáticas aseguraban que las tensiones comerciales estarían sobre la mesa en el encuentro con Trump. El Gobierno estuvo representado en la Casa Blanca por el nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Josep Borrell, que mantuvo un encuentro con su homólogo, el secretario de Estado Mike Pompeo. La delegación española insistió ante la Administración Trump en la preocupación de los socios europeos por la adopción de medidas comerciales que provocan un patrón de acción y reacción que solo perjudica a todos.

Trump no respondió a preguntas de los periodistas sobre si estaba dispuesto a rebajar las tarifas a España, y solo contestó sobre la posibilidad de visitar nuestro país: «Sí, iré», dijo en dos ocasiones, en una muestra del tono positivo que quiso dar al encuentro.

«Quiero darle las gracias en persona», aseguró Don Felipe a Trump sobre el encuentro, el primero entre ellos, después de haber celebrado la herencia común de España y EE.UU. en ciudades como Nueva Orleans y San Antonio. El rey resaltó las muchas áreas de «interés compartido» de ambos países y su común «respeto a la democracia».

Crisis migratoria

La tensión comercial no es el único roce en las relaciones trasatlánticas. La reunión con los Reyes ha coincidido con ataques explosivos de Trump a Europa por la cuestión migratoria. El presidente de EE.UU. está en el disparadero por la reciente política de «tolerancia cero» en la separación de niños de familias de inmigrantes en la frontera con México, quizá el episodio de mayor dureza contra la inmigración ilegal desde que llegó a la Casa Blanca. El asunto le ha deparado críticas incluso del pesos pesados de su partido, como el senador John McCain, o de voces respetadas, como la ex primera dama, Laura Bush, mujer de George W. Bush.

En su estilo habitual, Trump ha respondido a las críticas con un envite mayor, disparando dentro y fuera de EE.UU. Pocos minutos antes de que los Reyes llegaran a la Casa Blanca, el presidente acusaba a la oposición demócrata de «ser el problema» e insinuaba que quieren que lleguen más inmigrantes ilegales, «no importa lo malos que sean», porque los ven «como potenciales votantes». También atacaba a Alemania, blanco de su furia en los últimos días, y aseguraba que la criminalidad en aquel país «ha crecido un 10 por ciento desde que se aceptaron a los emigrantes» y que las autoridades germanas «no quieren registrar esos crímenes». Un día antes dijo que no quería «que lo que está pasando en Europa con la inmigración nos ocurra a nosotros».

Es imposible desligar esa afirmación de la política adoptada por el Ejecutivo de Pedro Sánchez, que arrancó su reciente mandato con la invitación a la llegada del barco Aquarius a Valencia con más de 600 inmigrantes. La política de separación de menores de sus padres en la frontera choca frontalmente con las prácticas de Europa en este ámbito, reconocían ayer fuentes gubernamentales. La intención de España es forzar el debate en el resto de la Unión Europea sobre la gestión de la entrada masiva de inmigrantes en la frontera Sur -mayor que la que recibe la frontera entre México y EE.UU.- y el tema estuvo ayer sobre la mesa en el encuentro en la Casa Blanca.

En clave nacional, el desafío secesionista de Cataluña quedó fuera de la agenda, según fuentes diplomáticas. Muy diferente de la visita del pasado septiembre del expresidente Mariano Rajoy a la Casa Blanca, a las puertas del referéndum ilegal del 1 de octubre, en el que Trump aseguró que «Cataluña debería quedarse en España, sería una tontería que no lo hiciera». Si no se habló de Cataluña en la Casa Blanca, sí se hará la semana que viene en Washington. El Smithsonian, una gran red de museos y centros de investigación, dedica parte de su festival anual de folk a la región española, al que acudirá el nuevo presidente de la Generalidad, Quim Torra. El festival está subvencionado en parte con fondos federales. A preguntas sobre el proceso secesionista catalán, esta vez Trump no respondió.