Don Felipe, en el Salón de Audiencias del Palacio de La Zarzuela
Don Felipe, en el Salón de Audiencias del Palacio de La Zarzuela - CASA DEL REY

El Rey sale en defensa de los jóvenes

Don Felipe llama a hacer partícipes a las nuevas generaciones de los logros de la Transición

MadridActualizado:

El Rey transmitió la pasada Nochebuena un mensaje muy diferente a los anteriores: menos político y más humano, pero sobre todo muy empático y didáctico y cargado de conciencia social. Quedó claro que lo que más preocupa a Don Felipe es la defensa de la convivencia entre los españoles, a la que calificó como «la obra más valiosa de nuestra democracia».

Pero, en esta ocasión, el Rey no se refería solo a los problemas políticos que amenazan la convivencia, especialmente en Cataluña (a la que no mencionó), sino también a la situación de millones de jóvenes que no se han beneficiado de «las décadas de progreso y avance que nosotros afortunadamente hemos conocido» y que, por tanto, no se sienten partícipes de la historia de éxito propiciada por la Constitución.

Lo más llamativo de su Mensaje fue su seria advertencia sobre los jóvenes que quieren «vivir y convivir», pero tienen «serios problemas» para hacerlo porque necesitan «un trabajo y un salario dignos» para construir un proyecto de vida. «Como sociedad -afirmó- tenemos una deuda pendiente con nuestro jóvenes». Y, hablando de los éxitos de la Transición, agregó: «Tenemos el deber de haceros partícipes de ese periodo de nuestra historia, de ese camino que permite entender por qué y cómo España ha conseguido el cambio más radical de su historia; por qué y cómo ha avanzado y prosperado tanto nuestra sociedad desde entonces».

«Os tenemos que ayudar»

Don Felipe insistió en que «somos responsables de su futuro y las circunstancias de hoy en día no son, ni mucho menos, las más fáciles». «Os tenemos que ayudar a que podáis construir un proyecto de vida personal y profesional, con un trabajo y un salario dignos, a tener un lugar adecuado donde vivir y, asi así lo queréis, a formar una familia y poder conciliar con la vida laboral». Con estas palabras -«os tenemos que ayudar»-, el Rey trasladaba a instituciones y empresarios la necesidad de tomar medidas para mejorar el futuro de los jóvenes.

En su quinto Mensaje de Navidad, Don Felipe advirtió de que la convivencia «es incompatible con el rencor y el resentimiento porque estas actitudes forman parte de nuestra peor historia, y no debemos permitir que renazcan», y alertó de que «la superación de los grandes problemas y de las injusticias nunca puede nacer de la división, ni mucho menos del enfrentamiento, sino del acuerdo y de la unión ante los desafíos y dificultades».

Frente a ello, recordó que España logró «el cambio más radical de su historia» a partir de la Transición, cuando «la voluntad de los españoles» fue entenderse y la de los líderes políticos, económicos y sociales fue «llegar a acuerdos, a pesar de estar muy distanciados por sus ideas y sentimientos».

También manifestó que la convivencia «exige el respeto a nuestra Constitución, que no es una realidad inerte, sino una realidad viva», e instó a que «las reglas que son de todos sean respetadas por todos».

Igualdad real

En el tradicional discurso de Nochebuena, el Rey también hizo un llamamiento a la igualdad de género: «Tenemos la obligación de seguir construyendo día a día una España más conexionada socialmente y más comprometida con la igualdad real entre hombres y mujeres». Y, aún impresionado por el asesinato de la profesora Laura Luelmo, condenó la violencia contra las mujeres, «una violencia de tan triste actualidad y que merece siempre nuestra repulsa y condena más enérgica y el empeño de toda la sociedad para erradicarla».

Don Felipe ya empezó su discurso de Navidad con un mensaje lleno de empatía: «No quiero dejar de recordar a quienes vivís una situación difícil por razones personales, económicas o sociales», y, tras enumerar los problemas habituales (cohesión social y territorial, la economía, el paro, la educación, la corrupción o el terrorismo) se centró en «algo que también me parece muy importante»: explicar la base de «nuestra convivencia» a los jóvenes.

Fue entonces cuando el Rey se convirtió en puente entre abuelos y nietos para explicar las claves de la Transición y de «nuestro progreso de estos últimos 40 años: la reconciliación y la concordia; el diálogo y el entendimiento; la integración y la solidaridad».

Habló de «trabajar juntos y unidos pensando en nuestro país», de la voluntad de los españoles «de entenderse y la de los líderes políticos, económicos y sociales de llegar a acuerdos, a pesar de estar muy distanciados por sus ideas y sentimientos». «Lo que debemos hacer hoy -instó- es todo lo que esté en nuestras manos para que esos principios no se pierdan ni se olviden, para que las reglas que son de todos sean respetadas por todos. Y de esa manera asegurar a los jóvenes, con mayor garantía, nuevas décadas de progreso y avance como las que nosotros afortunadamente hemos conocido».

En ese contexto, el Rey afirmó que es «imprescindible que aseguremos en todo momento nuestra convivencia» y advirtió de que «la convivencia -que siempre es frágil, no lo olvidemos- es el mayor patrimonio que tenemos los españoles» y «el mejor legado que podemos confiar a las generaciones más jóvenes». Por ello, instó a «evitar que se deteriore o se erosione» e hizo un llamamiento a «defenderla, cuidarla, protegerla; y hacerlo con responsabilidad y convicción».