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El examen más difícil de la Reina Letizia

Celebra su 46 cumpelaños y empieza a afrontar uno de los retos más difíciles en la vida de una Reina: su papel como madre de una Heredera de la Corona

MADRIDActualizado:

Doña Letizia cumple hoy 46 años y empieza a afrontar uno de los retos más difíciles en la vida de una Reina. Si en los últimos quince años, ha sido juzgada casi únicamente por su ropa, sus peinados y su aspecto físico, a partir de ahora también será analizada por algo mucho más relevante: su papel como madre de la Heredera de la Corona, sobre todo desde que la Princesa de Asturias ha empezado a incorporarse a la vida institucional.

Aunque los Reyes llevan preparando a sus hijas desde que nacieron para que supieran desenvolverse con cierta comodidad en la esfera pública, es a partir de ahora cuando toca llevar esos conocimientos a la práctica. Y es que cuando Leonor cumplió 12 años el pasado 31 de octubre, se abrió una nueva etapa en la vida de la Heredera de la Corona. En menos de un año, la Princesa ha protagonizado tres momentos especiales: se distribuyó su primera foto oficial en solitario, recibió el Collar de la Insigne Orden del Toisón de Oro en una ceremonia en el Palacio Real y realizó su primer viaje oficial a Asturias y a Covadonga, un lugar lleno de simbolismo dinástico, histórico y afectivo para los Herederos de las Corona.

Cuidar el detalle

Aunque el Rey participa de forma muy activa en la formación de su hija, pues nadie sabe mejor que él lo que significa crecer siendo Príncipe de Asturias, también la Reina juega un papel clave en cada una de las comparecencias en público de las Infantas. Perfeccionista, muy protectora de sus hijas y conocedora de cómo funcionan los medios de comunicación, Doña Letizia cuida hasta el último detalle para que todo salga bien.

Sabe, por experiencia, que hasta una noticia positiva puede acabar fácilmente convertida en negativa, como ocurrió cuando se dieron a conocer las aficiones literarias y cinéfilas de la Princesa, y algunos medios lo llevaron a un extremo que rayaba el ridículo. Y también sabe que cualquier anécdota o imprevisto puede arruinar una ceremonia.

EFE
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La Reina elige los vestidos y peinados de sus hijas, se ocupa de los ensayos en casa cuando las ceremonias los requieren; explica a las niñas en qué consiste cada acto, las ayuda a desenvolverse en público, las previene ante imprevistos y resuelve situaciones que solo las madres saben resolver y que, aunque pueden parecer menores, facilitan mucho las cosas. Por ejemplo, cuando Don Felipe impuso el Toisón a la Princesa, se ocupó de buscar un imán que, bordado en el interior del vestido de Leonor, permitió la colocación de la condecoración con una gran facilidad. De esta forma, se pudo prescindir de complicados imperdibles que hubieran restado agilidad y brillo a la ceremonia.

Atención a la Infanta Sofía

En los actos oficiales, mientras la Princesa sigue atentamente los movimientos de su padre y procura mantenerse todo el rato a su derecha -el lugar que le corresponde-, la Reina compensa con su atención a la Infanta Sofía, cuyo protagonismo empieza a ser menor que el de su hermana por razones obvias.

Pero, a veces, este orden se altera, como ocurrió intencionadamente el pasado fin de semana en Covadonga. Hubo un momento en el que el Rey y la Infanta Sofía se fueron a saludar a una parte del público, mientras la Reina y la Princesa saludaban a la otra parte. Los cuatro estuvieron casi media hora estrechando las manos del público bajo un sol abrasador, y Leonor, arropada por la Reina, acabó saludando con las dos manos y accediendo a hacerse las fotos que le pedían, como veía hacer a su madre.

Doña Letizia siempre ha considerado que la primera de sus obligaciones era atender a sus hijas, seguida de acompañar al Rey y, en tercer lugar, mantener su propia agenda. Sin embargo, su empeño en dosificar las apariciones en público de Leonor y Sofía suscitó dudas sobre si esa era la mejor forma de educar a una Heredera de la Corona y una Infanta de España.

Todo empezó a cambiar

Lo cierto es que todo empezó a cambiar hace un año, cuando los Reyes atendieron la demanda de la sociedad y accedieron a dar a conocer mejor a sus hijas. Aparte de los actos institucionales, la Princesa y la Infanta empezaron a aparecer en público con más frecuencia en ocasiones informales. Con ese fin, el Palacio de La Zarzuela difundió un vídeo el pasado enero, con motivo del 50 cumpleaños del Rey, que recogía momentos de la vida familiar de los Reyes nunca vistos hasta entonces. En ellos, se pudo ver a las hijas de los Reyes con toda su espontaneidad durante la grabación del último Mensaje de Navidad del Rey, en un almuerzo familiar en su residencia de La Zarzuela y durante un trayecto de casa al colegio.

A pesar de las dudas iniciales, lo cierto es que, hasta ahora, tanto la Princesa como su hermana han demostrado que saben desenvolverse en público como se espera de ellas, con solemnidad cuando las situaciones lo requieren, pero también con naturalidad. Incluso, con gestos espontáneos, como el que tuvo la Heredera de la Corona el pasado fin de semana en los Picos de Europa, cuando cogió a una niña en brazos. Esa mañana, en Covadonga, la Princesa demostró que se sabe la lección: saludó a las autoridades, hizo el ademán de besar el anillo a los obispos, se santiguó al entrar en la Santa Cueva y después en la Basílica, inclinó la cabeza cuando terminó de contemplar a la Virgen, posó ante la prensa, firmó con la mano izquierda en el libro de honor, escuchó en posición de firme los himnos, recibió la insignia de la Cruz de la Victoria, dio besos cuando debía darlos, se hizo selfies y miraba a los ojos de las personas que saludaba.

El único gesto chocante, el que hizo la Princesa el pasado mes de abril en la Catedral de Palma cuando se vio presionada entre su madre y su abuela, es ya agua pasada. También las dos Reinas se han ocupado de pasar esa página, y el pasado verano lo dejaron claro en Mallorca bromeando entre ellas.

EFE
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Este año la Princesa ha empezado una nueva etapa en su larga carrera como Heredera de la Corona, y empiezan a verse los frutos sembrados por los Reyes. Su próxima cita en público, salvo sorpresas, será el desfile militar de la Fiesta Nacional. Este año Leonor tampoco acudirá a la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias. Quizás acuda el próximo año, cuando tenga trece años, los mismos que tenía su padre cuando habló por primera vez en público.

El momento oportuno

Don Felipe y Doña Letizia elegirán el momento oportuno de acuerdo con la evolución de su hija. Lo cierto es que el escenario del Teatro Campoamor impone, y tanto el Rey como la Reina deberán trasladar sus propios conocimientos a Leonor. Don Felipe, porque pasó por lo mismo cuando era un niño, y Doña Letizia por su experiencia como periodista en televisión. Antes o después, la Princesa se encontrará por primera vez con el teleprompter, pero lo hará bien aleccionada por sus padres.

La incorporación de la Heredera de la Corona a la entrega de los Premios Princesa de Asturias supondrá también un cambio importante para esta ceremonia. Durante muchos años, el Teatro Campoamor fue la tribuna desde la que el entonces Príncipe Don Felipe dirigía su discurso más importante del año. Después, tras el relevo en la Corona, el nuevo Rey ha mantenido la tradición y ha seguido dirigiendo desde Oviedo mensajes cargados de contenido. La incorporación de Leonor supondrá el final de estos discursos y una vuelta a los orígenes de la ceremonia.