FARIÓN DE AFUERA

¿Solo 25?

Su discurso se reduce a una frustrante labor pedagógica para ciudadanos que no están al cabo de los intereses de estado

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Ingenioso, recurrente, bien pagado de sí mismo, el titular del Ministerio ha dado con la piedra Roseta para salir de la crisis. Anticipó la buena nueva en la oceánica entrevista que le dispensó «El País» este domingo, ciertamente un intento vano de presentar como cinco páginas de análisis las reflexiones de quien no se distingue como reflexivo. Habló largo y tendido Rodríguez Zapatero en una suerte vana. Sólo reconoció como errores la admisión tardía de la crisis y su malogrado ejercicio de pitoniso cuando atisbó el fin del terrorismo etarra un día antes del atentado de la T4 de Barajas.

Por lo demás, el núcleo de su discurso se reduce a una frustrante labor pedagógica para ciudadanos que no están al cabo de los intereses de estado (conflicto del Sáhara) o que no pueden compartir con él las penas que vive en La Moncloa (crisis del euro). A su juicio, « La única manera de que los ciudadanos lo hubieran entendido es haber vivido esta crisis a mi lado. Esto es imposible ». Es obvio. Cuarenta y pico millones de personas no caben ni en el palacio presidencial, ni en la Plaza Roja, ni en el Zócalo de México DF. Hay quienes sostienen, incluso, que ni en toda la península Ibérica… Así que conocida nuestra incapacidad para hacernos cargo de sus penas y la del presidente para explicarlas, queda descartada la emisión en versión local del «Aló presidente» chavista o la serie de veladas ante la radio sobre la mesa camilla con las que Roosevelt guió la salida de Estados Unidos del crack del 29.

A lo que íbamos. Sostiene el presidente que convocará en fecha pronta a las 25 grandes empresas del país (¿empresas o empresarios?) para acelerar la recuperación. ¿Con qué objeto?, pregunta el periodista. Zapatero no responde a la mayor y pasa directamente a explicar que, el Gobierno, «además de la iniciativa política y de la implicación de las grandes empresas, adoptará decisiones, algunas de ellas aún están en elaboración, y articulará también algunos estímulos». ¿Y lo de las 25 empresas? Nos quedamos con las ganas. El periodista no insiste más en la cuestión, por más que con eso se tituló la entrevista y la portada misma del periódico, ni el presidente recurrió a aquello de: «Déjeme que le explique». No consta, tampoco, que Mayra Gómez Kemp susurrara a Javier Moreno: «Y hasta aquí le puedo leer».

Caben entonces algunas dudas sobre el objeto de esta convocatoria. Qué variables darán forma a esa lista de 25 privilegiadas: ¿el resultado contable? ¿la cifra de ventas? ¿el número de trabajadores? ¿el liderazgo sectorial? ¿Estarán Mercadona o Zara, tan españolas ellas, o Auchan-Alcampo y Enel? ¿Se limitará la convocatoria a un muy mediático encuentro de buenas palabras, mayores sonrisas y resultado escaso? ¿Estarán sentados al otro lado de la mesa el Reino de España y sus administraciones como primeros empleadores del país o asumirá Zapatero el papel de juez y parte? Y finalmente, ¿será la reunión la primera de una ronda de consultas a los 25 más «in» de nuestro país? ¿Le seguirán los alcaldes de las 25 ciudades más populosas y los 25 de los municipios menos poblados? ¿25 presidentes de clubes de fútbol y 25 futbolistas legendarios? ¿25 economistas y 25 sociólogos? ¿25 autónomos, 25 funcionarios y 25 parados? ¿25 talentos de la investigación, 25 alumnos aventajados y 25 catedráticos eméritos? ¿Y por qué no probar con una muestra cualificada de 25 de los 600 diputados y senadores? En la original concepción de la resolución de problemas que tiene nuestro presidente, cabe pensar que si se convoca a 250, 2.500 ó 25.000, siempre en múltiplos de 25 y siendo todos «los más de lo suyo», el enfermo sanará antes. Todo es ponerse.