«Solamente cuento lo que me han contado miembros de la familia»

Con el libro «La familia Rodrigo-Villabriga en Canarias» descubre no sólo la historia de un apellido, sino también algunas claves isleñas

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

La huella de una familia, de una historia íntima, puede ser también la de un país y de un territorio como Canarias, y una prueba de ello es el libro «La familia Rodrigo-Vallabriga en Canarias. Ramas Peraza de Ayala, Lang-Lenton y Castellano», que José Eugenio de Zárate y Pérez de Ayala ha editado con la intención de recoger la memoria de su casa, pero, a la vez, también la de las Islas. Ya jubilado como secretario general del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife —ciudad que le nombró como hijo predilecto—, Zárate ha buceado en los recuerdos de sus mayores para entregar una obra que a lo largo de sus casi 250 páginas incluye con gran detalle anécdotas y circunstancias históricas que rodearon a su familia, incluyendo toda una relación de los Rodrigo-Vallabriga en España y hasta en Cuba, que es en el único lugar donde vive el apellido, en Sancti Spiritus.

—En el libro se ve el abundante material gráfico, especialmente fotografías, pero también reproducciones de óleos donde se retrata a algún miembro de la familia. Parece haber detrás un gran trabajo de documentación. ¿Cómo fue que comenzó todo?

—Lo hice porque ya tenía reunidas algunas de sus partes, por ejemplo, las fotos, y me dije que por qué no publicarlo. Creo que es un libro de consumo interno, escrito para la familia. Entonces, tiene ese enfoque un poco íntimo, no exactamente comerciable.

—El trabajo de documentación, en parte, se fue haciendo solo.

—Ya lo tenía casi todo. Porque el libro nace, principalmente, a partir de unas conversaciones que yo mantenía con un tío mío —que ya murió— de 98 años y que era una persona de una memoria privilegiada.

—Así suelen empezar los libros de este tipo, de una fuente oral directa.

—Sí, porque mientras él hablaba yo tomaba nota y un día me encontré con que tenía ya muchas notas, con información valiosa sobre

parientes que han muerto ya.

—Pero no deja, hasta ese punto, de ser una historia más de las de ese tipo.

—Sucede que, como detrás de estas historias hay unas familias bastante amplias, me pareció de interés que se conocieran esas cosas.

—¿Cuánto tiempo llevó preparar el libro?

—Yo tenía toda la información de los Peraza de Ayala, porque me la había contado mi tío. Pero la otra rama, la de Las Palmas, me exigió que me pusiera en contacto con esos miembros de la familia para que me contaran su parte de la historia.

—De manera que estas páginas han vuelto a reunir esos relatos familiares dispersos.

—Es que se trata de una conversación, en definitiva. Familiar, amistosa, en la que no se destaca la cosa oficial sino la cuestión íntima, que a la familia le interesa, así como a los que están vinculados con ella. Yo solamente cuento lo que me contaron, a veces fuentes directas y a veces de sus descendientes.

—Usted habla de tres ramas de esas familias.

—Sí, la de Peraza de Ayala en Tenerife y en Las Palmas la de Lang-Lengton y la de los Castellano.

—Es este un libro que dice mucho de la historia de Canarias y de cómo se ha vinculado una isla con otra.

—Claro que sí, porque a lo largo del libro vemos cómo las familias han estado relacionadas, especialmente en Las Palmas, donde se mantuvieron muy unidos, pero también han ido a casarse los de una isla a otra, por ejemplo.

—En la portada se ve a Francisco Rodrigo-Vallabriga, que fue quien vino a Canarias.

—Él fue un militar apadrinado nada menos que por la reina Isabel II y el infante «Paquito Natillas», Francisco de Asís de Borbón. Su padre, Roque Rodrigo-Vallabriga era gentilhombre de cámara de un hermano de Fernando VII y luchó en la guerra de la Independencia. Y don Francisco Rodrigo-Vallabriga, mi bisabuelo,

luchó en la guerra de África, en la de Cuba y en las carlistas . Se pasó la vida guerreando y así fue que le reconocieron como benemérito de la Patria, entre otros honores. Era del equipo del general Prim. Por aquellos vaivenes de la política del siglo XIX fue desterrado a Canarias.

—Y se casó con una isleña, como han hecho tantos.

—Aquí encontró una muchacha que le gustó, una herreña, Adela Brito Cabrera, y se casó con ella, con la que tuvo cuatro hijas y un hijo. Ese único hijo varón fue militar, José Ángel, pero no se casó, una desgracia porque eso hizo que se perdiera el apellido. Además de militar, fue un personaje muy notorio, porque se atrevió a hacer la catedral de La Laguna.

—Esa misma que vemos hoy tan deteriorada.

—Esa misma. Él era teniente, muy joven, y por entonces la catedral estaba muy estropeada, como ahora, en ruinas. Pero ningún arquitecto se atrevía a meterse en esa obra. Hay que imaginar una iglesia canaria más bien grande, porque al crearse la Diócesis Nivariense se decide que esa parroquia lagunera, de los Remedios, fuera su sede catedralicia. Entonces le pusieron una fachada copiada de la de Navarra, pero la estructura no lo soporta y comienza a resquebrajarse. Allí entra en juego mi tío, que era ingeniero militar y, para gran asombro de muchos, se atrevió a emplear una técnica nueva, la del hormigón armado. Él hace los planos y hasta dirige las obras, algo que le hace comprometerse moral y económicamente. A tal punto, que el cabildo catedral pone después una placa dedicada a él donde le agradece su labor.

—Probablemente, habrá sido una de las primeras obras de hormigón armado en Canarias.

—La primera. Y la primera catedral española con esa técnica constructiva. Ahora la vemos que tiene unos problemas derivados de las mezclas que se hicieron en su día, que no son las de hoy. Pero entonces hubo toda una polémica, con arquitectos y con

quienes afirmaban que con esos pies tan estrechitos no se sostendría la techumbre. No tenían en cuenta que el hormigón armado no necesitaba esa masa en las bases, porque con los hierros y la mezcla era suficiente.

—No era canario de nacimiento, pero sí por adopción.

—Pese a haber nacido en Cuba, presumía de su canariedad y era un gran aficionado a la lucha canaria.

ENTREVISTA

JOSÉ EUGENIO

DE ZÁRATE