La reducción de la inmigración irregular en Canarias, ejemplo de eficacia en la UE

España, frente a Grecia e Italia, logra controlar la llegada de cayucos del África Subsahariana

B. A.
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Actualizado:

Las costas de España, Grecia e Italia constituyen las fronteras exteriores del sur de la Unión Europea. Los tres países están expuestos a las rutas de la inmigración irregular procedentes de Asia, Oriente Medio y África. Los tres comparten una cultura general de «tolerancia» con respecto a la «irregularidad» y cuentan con «amplias economías sumergidas» que, aunque ya existían antes de estos procesos migratorios, «han actuado como importante factor de atracción» para estas personas. De esta manera se describe inicialmente un trabajo analítico publicado por el Instituto Elcano realizado por la profesora del Instituto Universitario Europeo de Florencia y principal analista en la Fundación Helénica para la Política Europea y Exterior de Atenas, Anna Triandafyllidou.

Este informe aborda la gestión de las políticas de control de la inmigración irregular realizadas por las tres fronteras mediterráneas de la Unión. Según este trabajo, los esfuerzos para afrontar la entrada ilegal de los inmigrantes irregulares en las fronteras y en el interior de estos estados se han intensificado en los últimos años. También han buscado la cooperación de los países vecinos emisores de esa inmigración aunque «con distintos» resultados. En el caso de España, tal y como recuerda Triandafyllidou, la entrada ilegal de personas se convirtió en el principal desafío para la «efectiva» supervisión policial de las fronteras marítimas, especialmente, en el caso de las Islas Canarias. Hasta 2004, las autoridades marroquíes se negaban a readmitir a los irregulares detenidos en la frontera española procedentes de Marruecos a menos que fueran ciudadanos del país alauita.

El gobierno marroquí, «presionado» por la UE, aceptó readmitir en su territorio también a los ciudadanos subsaharianos para posteriormente devolverlos a sus países de origen. Marruecos, agrega este informe, también restringió, «presionado» en esta ocasión por España, la concesión de visados a los ciudadanos de estados subsaharianos con el fin de reducir el tránsito de la migración por dicho país. Estas decisiones modificaron las estrategias empleadas por los «sin papeles», y tras empezar Mauritania a colaborar con las fuerzas policiales fronterizas de la UE, la inmigración irregular comenzó a usar Senegal y Costa de Marfil como puntos de salida y sirviéndose de Canarias como punto de tránsito.

Este escenario provocó, en 2006, la conocida «crisis de los cayucos» al batirse el record de llegadas con 31.678 extranjeros contabilizados. Para esta analista, resulta interesante destacar que, las patrullas en las fronteras marítimas y las operaciones de la Agencia Europea para la Gestión de las Fronteras Exteriores (Frontex) en el Atlántico en 2006, «no consiguieron» tener resultados importantes mientras que la «ofensiva diplomática» del Gobierno español en el África Occidental «sí lo hizo».

En los últimos años, España ha logrado firmar acuerdos de readmisión con Cabo Verde, Malí, Guinea, Guinea-Bissau y Nigeria así como otros acuerdos de cooperación con más estados de esta región. Para esta analista, son estos convenios los que han permitido generar «una sustancial mejora» de la gestión fronteriza y una considerable reducción de las llegadas de inmigrantes irregulares procedentes de África.

Diplomacia

Las detenciones de personas irregulares en Canarias procedentes del continente vecino se redujo de los más de 30.000 de 2006 a los 12.000 de 2007 y a los 9.181 del año pasado, un 75,5 por ciento menos que en 2008. Pero además, según publicó el Ministerio del Interior, la llegada de pateras en España cayó a mínimos históricos entre enero y febrero de este año. Sólo se realizaron 126 detenciones por las 1.432 del mismo período de 2009, un 91,2 por ciento menos. «El caso de España, y la reciente reducción de las presiones impuestas por la inmigración irregular en las Islas Canarias, sugieren que la adopción de un enfoque diplomático global para fomentar la asistencia a los países de origen y tránsito y la cooperación con ellos resulta más eficaz que una mera intensificación de los controles fronterizos», según este análisis.

Anna Triandafyllidou añade que las medidas externas de cerco (control de fronteras y en el interior del estado receptor) deben acompañarse de medidas externas de retención en el punto de entrada para que ambas resulten más eficaces. «Si España no hubiera conseguido que Marruecos, fundamentalmente, pero también muchos otros países de África Occidental más al Sur, colaboraran para la readmisión de sus nacionales, no hubiera logrado estos resultados». Sin embargo, el reino alauita se ha encontrado con otra realidad. Según la Agencia de la ONU para los refugiados (Acnur), hace tres meses alrededor de 10.000 inmigrantes subsaharianos sin papeles residían en Marruecos. Médicos Sin Fronteras calculaba una cifra menor el pasado mes de marzo. Pero aun así denunciaba la existencia de 4.500 migrantes subsaharianos «atrapados en Marruecos sin posibilidades de llegar a Europa ni de volver a sus países de origen».

Frente a los resultados cosechados por España, según esta analista, ni Grecia ni Italia han conseguido aún controlar la inmigración irregular africana ni la procedente de Asia, que entra en sus territorios a través de sus fronteras marítimas. Estos dos países, continua Triandafyllidou, se han centrado fundamentalmente en estrategias externas e internas, basadas en el control de las fronteras y de los espacios públicos dentro del país. Su eficacia general para reducir este movimiento migratorio ha sido «muy escasa».

Desde el punto de vista económico, el Gobierno español sostiene que la profunda crisis económica en la que se encuentra Europa también ha sido otro factor determinante en la reducción de llegadas de pateras a las costas canarias y españolas. No obstante, el Ministerio del Interior advierte de que se trata de un periodo transitorio en el movimiento migratorio del continente vecino hacia Europa. Una opinión que, entre otras razones, viene influida por la evolución demográfica de estos países. Desde la década de 1960, la población del África Subsahariana ha pasado de los 225 millones de habitantes a los 751 millones de residentes actuales. Según el sistema que usa la ONU para calcular el incremento demográfico, África tiene un aumento de 200 millones de personas en una década. Este dato supone que, en 2020, este continente puede llegar a tener 1.000 millones de habitantes.