POSTIGO ISLEÑO

RECUERDOS DE CRISTÓBAL COLÓN EN GRAN CANARIA

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El «Diario de Colón. Libro de la primera navegación» recoge, con fecha de 8 de agosto, cómo «hubo entre los pilotos de las tres carabelas opiniones diversas dónde estaban, y el Almirante salió más verdadero; y quisiera ir a Gran Canaria…». Aquel viaje auroral de un Nuevo Mundo, años después bautizado América, sería crucial para la historia de la humanidad, pero muy especialmente para Canarias, que a partir de aquel momento no sólo reforzaría definitivamente su condición de enclave atlántico, sino que vería cómo su historia y propia idiosincrasia se verían profundamente afectadas por el mundo de encuentros e intercambios que se darían en su territorio, convertido en verdadero crisol de culturas, del ser y sentir de gentes de tres continentes. Para Las Palmas de Gran Canaria, y con ella toda la isla, sería un evento fundamental el paso del Almirante de la Mar Océana ya en aquel primer viaje, convencido de que «lo mejor y más fácil consistía en abordar la rada de Las Isletas en el real de Las Palmas, ciudad fundada en 1478 donde residía un gobernador y contaba con algunos compatriotas amigos…», como señaló el profesor Francisco Morales Padrón en unos comentarios que, con motivo del Quinientos Aniversario del Descubrimiento de América, publicó diariamente en ABC de Sevilla en 1992.

Para Gran Canaria, que junto con La Gomera es «isla colombina» por historia y por efectos innegables, el paso de Cristóbal Colón supone su definitiva introducción en las páginas más señeras de la historia universal. A partir de ese momento —algo fundamental a tener en cuenta cuando ahora aspira a ser Capital Europea de la Cultura en 2016— la isla y sus gentes, y con ellas todas las Canarias, serán referencia obligada para una historia atlántica en la que han jugado un papel de puente cultural, económico y social, que tienen la obligación de perpetuar en el futuro como una contribución singular al encuentro fecundo de las naciones y culturas de tres continentes en la amistad y la paz. No se equivocaba el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri cuando, consciente de esta idea y de los ancestros canarios de muchísimos de sus paisanos, resaltó: «Canarias ha sido la puerta de América, pero para Venezuela ha sido puente, lugar de encuentro en la cultura americana y la europea».

Este 12 de octubre, cuando un grupo de grancanarios que saben preservar los más sagrados destellos del fuego sagrado de las tradiciones y los sentimientos que han marcado la historia de la isla, observada desde la verdadera observancia de los tiempos y los acontecimientos, sin consentir el menor resquicio a manipulaciones interesadas y sustentadas en la ignorancia, se dirigieron de forma espontánea —pues de forma institucional nada se organizó este año— a la Alameda de Colón, en el corazón del viejo Barrio de Triana, para rendir el homenaje que la isla desde hace más de un siglo rinde puntual y agradecida al Almirante de la Mar Oceana, a los pies del magnífico monumento encargado al taller de Paolo Triscornia di Ferdinando, en Carrara, Italia, costeado por suscripción popular, a la que se sumaron Ayuntamientos, instituciones y vecinos de toda la isla, e inaugurado con motivo de los numerosos actos que se organizaron en Las Palmas de Gran Canaria para conmemorar el IV Centenario del Descubrimiento de América —impulsada esta solemne celebración en buena medida por Agustín Millares Torres—, recordé un magnífico y extenso artículo, ilustrado con tres fotos de la época del monumento a Colón, de la Ermita de San Antonio Abad y de la calle Herrería, del entonces Cronista Oficial de Gran Canaria José Batllorí y Lorenzo que engarzó unos acertados «Recuerdos del paso de Cristóbal Colón por las Islas Afortunadas», publicado por ABC el 23 de octubre de 1927.

En su artículo de ABC el cronista oriundo de Gáldar Batllorí y Lorenzo, que no duda en subrayar cómo «cábele, pues, a Gran Canaria la gloria de ser la colaboradora leal y fidelísima de España en la obra civilizadora de todos los tiempos» —algo que ahora resuena con enorme sentido al ser precisamente el 12 de octubre Fiesta Nacional española—, «el Puerto de La Luz de Gran Canaria fue y seguirá siendo ….el puerto de los providenciales destinos. Sin él, quizá, hubiera fracasado la maravillosa empresa de Colón, retardándose el descubrimiento del Nuevo Mundo, y sin él no hubieran logrado tanto éxito y fama las que le sucedieron».

Hoy, cualquier polémica sobre el descubrimiento y posterior poblamiento de América, sobre el efecto fecundo del paso de Colón por Gran Canaria y La Gomera, por fuerte que sea, y pese a que muchas veces se sustente en argumentos alejados de toda consistencia, de toda verdad y lógica histórica, asentados en intereses puntuales de muy determinados grupos, siempre será interesante y útil pues contribuye a resaltar la solidez y la feracidad de la cultura que originada en España, con Canarias como punto de acrisolamiento y trasvase en muchísimas ocasiones, imprimió un modo de ser, de pensar y de sentir muy por encima de razas y continentes, que hoy se moldea con las aportaciones de todos los pueblos que comparten una misma lengua; algo que recientemente también ha venido a rubricar la concesión del Premio Nobel de Literatura al escritor peruano Mario Vargas Llosa. En fin, y siguiendo en mucho a Batllori y Lorenzo en aquel artículo para ABC de 1927, el paso de Colón por Gran Canaria se convierte hoy en un punto de referencia inexcusable para comprender mejor el modo de ser y hacer de los canarios a lo largo de los más de cinco siglos de su historia.