ARANDO EN EL MAR

MORIR DE ÉXITO

No podemos permitirnos el lujo de morirnos de éxito en turismo sin intentar al menos combatir esta crisis global

PABLO PAZ
Actualizado:

Muchos canarios piensan que en esto del turismo todo está hecho e inventado. Que somos lo que somos —básicamente sol y playa—, y que, por tanto, los turistas seguirán viniendo por nuestra cara bonita. Porque somos así de chulos. Porque no hay nada ni nadie que nos pueda hacer sombra en esto de ofrecerles a los que nos visitan alojamiento —da igual que tipo sea—, y una hamaca con parasol a precio de oro, que para eso están los «guiris» para exprimirlos cuanto se pueda.

Pero la realidad, como siempre, viene a trastocarnos los sueños y los deseos. En Canarias, el 85 por ciento de sus habitantes —que ya es decir—, según la patronal canaria de empresarios y de ocio, desconoce la importancia que tiene la industria turística en nuestra economía. Y eso que se supone que, como primera industria que es, prácticamente comemos de ello. Estamos que nos morimos de éxito, pensamos que las cosas están bien, tal y como están, y no nos damos cuenta de que el turismo evoluciona, y que no podemos bajar la guardia ni, por supuesto, «mermar nuestra hospitalidad» si de verdad queremos seguir siendo las «mejores islas del mundo» para, al menos, los lectores de la prestigiosa revista internacional Condé Nast Traveler que así votaron, y nos han elegido los mejores, entre otros destinos internacionales, como puedan ser las islas croatas, Bali o Puerto Rico. Tenemos, pues, que seguir apostando por la calidad; pero la calidad entendida no sólo a la hora de ofrecer un servicio más personalizado, que también, sino a la hora de pensar en la conectividad, en el transporte, en el alojamiento, en la gastronomía, en el ocio, en la cultura etc., y, para lograrlo, nada mejor que expresar nuestro compromiso de adaptación a los cambios que se están produciendo en el mercado turístico en general, y en el del lujo en particular.

«Si somos capaces de reaccionar de forma dinámica a estos cambios que ha ido experimentando la demanda en estos últimos años, podremos afrontar el futuro con cierta esperanza». Quien así se expresa es mi buen amigo Javier Muñoz, director de operaciones de Iberostar, que intenta transmitir esta filosofía a sus gentes, con la intención de que nadie se quede contemplando por mucho tiempo el trabajo bien hecho, porque, por suerte o por desgracia, siempre habrá alguien —la competencia por supuesto—, que lo intentará hacer mejor.

No podemos permitirnos el lujo de morirnos de éxito sin intentar al menos rentabilizar como podamos nuestra iniciativa, y combatir esta crisis global con una adecuada formación, con curiosidad, escuchando al cliente, con imaginación, con riesgo…; porque sólo nos podríamos permitirnos el lujo de morirnos de éxito cuando sepamos reaccionar a tiempo, y seamos capaces de convertir dicho éxito en un triunfo continuado y, sobre todo, compartido.