TRIBUNA ABIERTA

CRISIS EN MELILLA

Los sucesos ocurridos estas últimas semanas en Melilla han vuelto a dejar en evidencia la debilidad de un Gobierno ausente, el de José Luis Rodríguez Zapatero

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LOS SUCESOS OCURRIDOS estas últimas semanas en la frontera de Melilla han vuelto a dejar en evidencia la debilidad de un Gobierno ausente, el de José Luis Rodríguez Zapatero, que no ha sabido actuar con la contundencia que se espera ante este tipo de situaciones.

Ni el bloqueo intermitente de la frontera con Marruecos, ni los ataques «machistas» contra las agentes del Cuerpo Nacional de Policía encargadas de controlar el paso fronterizo lograron poner en marcha al Ejecutivo central, que actuó tarde y mal. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, se limitó a asegurar, una vez pasada la crisis, que ésta nunca existió. «El verdadero conflicto es el que provocó el hundimiento de un barco en Corea», aseguró sorprendentemente el ministro en referencia a las discrepancias que mantienen las dos Coreas.

Ante estas declaraciones debemos llamar la atención sobre una contradicción manifiesta. Si, según ellos, no existió crisis alguna, si simplemente fueron los roces habituales consecuencia del trato diario, entonces, por qué se recurrió al Rey Don Juan Carlos para que mediara e hiciera una llamada al Rey de Marruecos. ¿Es el Jefe del Estado la persona adecuada para intervenir en «problemillas domésticos»? Mucho nos tememos que no, que su papel de representación está reservado para cuestiones de envergadura real.

Además, nos preguntamos si en España tendremos que llegar a estos extremos (a un conflicto bélico abierto y enquistado como el que hay en Corea) para que el máximo responsable de la Política Exterior de nuestro país decida ponerse manos a la obra.

Y es que al mismo tiempo que subía la tensión en Melilla, Moratinos estaba paseando con su mujer y bebiendo vino francés en el sur de Francia. Aún recordamos cuándo dijo que aquellos caldos le gustan más que los españoles.

Bueno volvamos al asunto. Ante la parálisis gubernamental a todos los niveles, tuvo que ser el Sindicato Unificado de Policía (SUP) el que pusiera en marcha una curiosa e imaginativa campaña de apoyo a las policías agredidas en las que pedía para ellas un abrazo. Mucho más, por cierto, de lo que ha hecho la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, por estas mujeres que han sido objeto de montajes fotográficos vejatorios (Bibiana no ha hecho nada).

Además, el sindicato policial exigió al ministro del Interior (que ni siquiera fue a Melilla) que tome nota de una vez y dé cumplimiento a las justas reivindicaciones de estos trabajadores que llevan años desempeñando su labor sin los medios suficientes y en condiciones más que precarias. Como consecuencia de esta «no-crisis», Pérez Rubalcaba se limitó a viajar a Rabat; no fue a Melilla a dar, al menos, una palabra de apoyo a estos funcionarios (qué vergüenza).

Por cierto, tampoco podemos pasar por alto que Rubalcaba fue recibido por el rey Mohamed en un despacho cuyas paredes albergan un mapa en el que Canarias, Ceuta y Melilla forman parte del reino de Marruecos. La cuestión, como decimos, no es baladí. Sobre todo porque el problema de fondo de todo este conflicto podría estar en la reivindicación marroquí de la soberanía sobre Ceuta y Mellilla; y, por qué no decirlo, sobre Canarias.

De ahí la importancia de tener un Gobierno fuerte que no acceda a chantajes de ningún tipo y que sea capaz de poner sus condiciones sobre la mesa. Todo lo contrario. Lo que han hecho ha sido negar la mayor. ¿Conflicto?, ¿qué conflicto?, han coreado al unísono muchos socialistas a la vez que han evitado dar explicaciones sobre las causas de lo ocurrido tanto a la población, a través de los medios de comunicación, como a sus representantes en la Cámara Alta.

Señores del Gobierno, en estos casos hay que tener un poco de memoria, revisar la historia y recordar que Ceuta y Mellilla existían antes que Marruecos. Al mismo tiempo, deben saber que llevarse bien con los vecinos no puede de ninguna manera implicar pérdidas de soberanía, ni, por supuesto, de dignidad. Éstas son labores del ministro de Exteriores, pero claro este Gobierno carece de una Política Exterior fuerte que defienda los intereses españoles por encima de todo.

De hecho, en éste como en otros conflictos, lo que ha hecho Moratinos es abdicar ante Marruecos (como ya lo hizo ante Gran Bretaña en la cuestión de Gibraltar). Ha cedido ante un monarca que no respeta la democracia, ni los derechos humanos. Por cierto, todavía estamos esperando a que Marruecos nos dé el nombre del titular de la línea al que llamaron los terroristas tras el 11-M.

Encima, el Partido Socialista en Andalucía ha propuesto a Moratinos como cabeza de lista para la alcaldía de Córdoba. Igual, más que de un premio, se trata de un castigo o de un aviso a navegantes. Nunca lo sabremos.

Por último, desde estas líneas queremos una vez más enviar un mensaje de felicitación a la Guardia Civil y la Policía Nacional, por la labor callada, pero intensa que desarrollan a diario a pesar de carecer del los medios suficientes y del apoyo del Gobierno. Siempre nos tendrán a su lado.