POSTIGO ISLEÑO

Pétalos, Corpus y tradiciones isleñas

La festividad del Corpus Christi fue siempre la más solemne desde los años finales de la Conquista

Actualizado:

Como si fuese un adelanto del Corpus, esa celebración religiosa donde las flores cobran todo el esplendor en el que las consagra la primavera isleña, el pasado domingo 5 de junio, festividad de la Ascensión, tuvo lugar en la Catedral de Canarias la tradicional lluvia de pétalos, una de las ceremonias mas singulares y antiguas, única en toda España, que pervive casi inalterada y cuyos orígenes datan de 1649, en una fundación que hizo el canónigo don Alonso Pacheco Solís y aunque su celebración se suspendió entre 1850 y 1854 por el Obispo Codina, podemos decir que desde entonces se ha celebrado sin interrupción. Todo transcurre al terminar la misa de diez, cuando comienza el canto de tercias y desde la cúpula caen miles de pétalos de flores sobre el Santísimo que está expuesto en el altar.

Una catedral con una historia enorme, un monumento que se puede considerar no sólo como el edificio histórico-artístico mas destacado de Canarias, sino como la primera gran catedral construida por Castilla fuera de las fronteras peninsulares, un templo que nos recuerda, según resaltaba Francisco Rodríguez Batllori en el ABC del 5 de agosto de 1962, cómo «Saint Saens llevó incluso al pentagrama el cadencioso repique de las campanas» de esta catedral, en la que además se encuentran enterradas figuras como Argote de Molina, que vivió y murió en esta ciudad, lo que destaca Néstor Álamo en un artículo publicado por ABC el 16 de septiembre de 1972.

Ahora, en pocos días nos llegará la Festividad del Corpus, con la que serán las calles de Vegueta, como de muchas otras poblaciones de las islas, las que se llenarán de pétalos de flores, con los que se confeccionan singulares y atractivos tapices de flores, aunque también hoy podemos encontrar otros materiales como sal y tierras coloreadas, e incluso materiales mas singulares y modernos como serrín teñido y papeles recortados a modo de collages. Hay que tener muy en cuenta que la festividad del Corpus Christi fue siempre la más solemne desde los años finales de la conquista de las islas. Ya Blanco y Negro, el 4 de junio de 1904, dedicaba una página, con magníficas fotografías, en este caso de La Orotava, a «El Corpus en Canarias», en la que destacaba cómo «La Fiesta del Santísimo Corpus Christi ha dado origen en las Islas Canarias a una bellísima costumbre que no es, a la verdad, muy conocida como lo son muchas de las cosas buenas que hay en aquellas hermosas islas» y resalta que «no se contentan los hábiles y espontáneos artistas canarios con dibujar concienzudamente, dentro de los estilos clásicos, sino que trazan un plano para adornar toda una plaza».

Por ello, de esta festividad del Corpus en las islas podemos decir que se trata de una festividad religiosa y popular que era esperada ansiosamente cada año por nuestros antepasados y se desarrollaba con enorme concurrencia y brillantez. Tanto que una disposición del obispo D. Cristóbal de la Cámara y Murga, que todos conocieron más como «Obispo Murga», allá por el siglo XVIII, insistía en que para el día del Corpus «estén las iglesias y parroquias aderezadas de lo mejor que se pudiere y las calles con doseles, tafetanes, con variedad de rosas y flores». Incluso en las vísperas del Corpus tenían lugar hasta dos procesiones claustrales en la catedral con el Santísimo Sacramento. Una después de la Nona y la otra al finalizar el canto de Maitines. Además, recordamos como el Corpus llegó a tener aquí octavario propio, según se ha documentado, casi desde el año 1590.

Son muchas las personas que aún recuerdan cómo, llegado ese jueves, Vegueta, al igual que ocurriría en otras poblaciones isleñas, amanecía envuelta en un denso aroma a pinocha fresca, extendida por las calles aledañas a la Catedral de Canarias, para sobre ella confeccionar las ricas y vistosísimas alfombras de flores. La víspera, en horas de tarde y noche, reuniones de niños, jóvenes y mayores, en los patios de las casas responsables de la confección de estas alfombras en distintos tramos, se encargaban de deshojar las flores, mientras disfrutaban de una suculenta merienda. También las paredes se recubrían con palmas y en determinados puntos del recorrido procesional, como en la plaza del Pilar Nuevo, se montaban bellos, singulares y artístico altares, ante los que se detenía el trono de plata con la sagrada custodia.

Pero en el entorno de este día grande, siglos atrás, la festividad se arropó con otras costumbres, como la comitiva de «La Tarasca», una especie de serpiente con aires de dragón, que representaba al pecado, y que era sometida por una imagen, de corte femenino o angelical, con la representación de una custodia sagrada en la mano, que semejaba la virtud que se imponía al mal. En esta comitiva surgió una figura que luego se mantendría y se extendería a otras fiestas religiosas y profanas, los famosos «papagüevos», unas figuras grotescas —que en ocasiones han representado los rostros de personajes populares—, que danzaban continuamente para alegría de los mayores y asombro y susto de los más pequeños, y que ya se mencionan en 1777 por las autoridades religiosas isleñas, cuando señalaban que «en Cabildo, que se celebró este mismo día se acordó, que se suspendiesen las Danzas de muchachos, Gigantes y Papahuevos y demás con que se celebraba el día de Corpus». En fin, pétalos del Corpus y de otras celebraciones isleñas...