Guardianes de la tradición

Por la sangre de los carreteros corre la esencia de la romería de Tegueste, que este domingo sale a las calles

TEGUESTE Actualizado:

Los buenos carreteros pasan la tradición de padres a hijos, como ha ocurrido en el caso de Javier Padilla. Y todos se involucran. Padres, hijos, primos, amigos... siempre hay alguna mano que aportar. Es un trabajo duro y laborioso, que lleva muchas horas de trabajo, pero cuando está finalizado, es motivo de orgullo. Desde preparar la carreta hasta decorar los paneles con grano, es una labor que rezuma amor por Tegueste.

Cuando despunta la primavera, en Tegueste ya huele a romería. Este domingo, el pueblo vestirá su traje de tradiciones y sus vecinos agasajarán al visitante en una fiesta que se ha convertido, por derecho propio, en una de las más esperadas de Tenerife. Los romeros la marcan en el calendario como cita ineludible, y los teguesteros empiezan a trabajar meses antes, incansables, para sacar lustre a su rica tradición agrícola y ganadera. Desde finales de año, los carreteros ya empiezan a diseñar la carreta con la que participarán en su particular desfile. «Normalmente están decoradas con motivos del campo, que es lo nuestro, pero no hay reglas. Este año, por ejemplo, vamos a colocar la pesa de una pescadora ambulante», señala a este periódico Javier Padilla, hijo del carretero más veterano de la romería, un vecino de Pedro Álvarez que lleva 32 años en la fiesta, justo desde su origen 1969.

El domingo, los teguesteros se echarán a las calles para pedir la protección de San Marcos hacia sus cosechas, y los carreteros, guardianes del acervo agrícola y ganadero de la villa, serán testigos privilegiados. La mayoría lleva trabajando desde comienzos de año en el montaje de la carreta. Y no es fácil. Barato tampoco. «Lo hacemos porque amamos esta fiesta y somos teguesteros. Por esto no nos pagan, pero yo tengo que estar muy enfermo para no participar en la romería. Esto lo llevamos muy dentro», señala.

El Ayuntamiento concede cada año una subvención a los carreteros para ayudar a sufragar parte de los costes de la participación en la romería. El resto se consigue por pura solidaridad vecinal. «Uno te regala huevos, otro vino... y así vamos cuadrando el presupuesto», señala. ¿Y qué hace tan especial la romería de Tegueste? Precisamente, sus carretas, ya que todas están decoradas exclusivamente con granos. En romerías limítrofes como la de Valle Guerra o Las Mercedes también se hace, pero sus carretas no encierran el mismo significado que las de Tegueste. Se usa cebada, arroz, avena o soja, pero el abanico es muy amplio.

Es una tarea lenta y laboriosa, reservada a los jóvenes. «Los mayores están más dedicados al montaje de la carreta. En total somos un grupo de 15 o 20 personas, y estamos siempre viernes, sábado y domingo», comenta. El grano se va pegando en paneles de madera hasta completar los dibujos y después se adosan a las carretas. Se cuidan todos los detalles, de hecho, algunos granos se tuestan para adoptar algún color característico. Y por ahora, la tradición está a buen recaudo porque el relevo generacional está garantizado. «En todas las carretas hay grupos de jóvenes que se van incorporando. Esto no se muere», subraya.

Trabajo minucioso

Cada carreta es un pequeño homenaje al Tegueste del campo, que aún hoy ha resistido con cierta entereza al inexorable desarrollo urbanístico. Un tributo al vino, de los mejores del Archipiélago, a sus trigales, e incluso a sus lecheras, que en el pasado bien vendían en La Laguna. «No se concibe la decoración de otra manera. Si no se hace así, quedas mal, y el teguestero no te vuelve a hablar en la vida», indica sonriente. Casi como si de una alfombra del Corpus Christhi se tratara, las carretas de Tegueste son pequeñas obras de arte digna de ser contempladas, al menos, una vez al año. «Después de estar varios meses con esto, nos enorgullece que la gente venga a ver nuestro trabajo», apunta.

Paradójicamente, el mejor día, desde ese punto de vista, es el conocido como Día del Carretero, que se celebra el lunes. «El día de la romería vienen 60.000 personas, y esencialmente vienen la fiesta. Dos días después, digamos que es nuestro día. Vemos el trabajo de los otros carreteros y les explicamos a los visitantes, con calma, cuál es el proceso de elaboración», señala.

La carreta de Pedro Álvarez abre la romería, y no es una responsabilidad baladí. Hay mucha expectación entre los asistentes. Van cargados con carne, unos 1.000 huevos, 700 bocadillos y cien litros de vino. «Todo se gasta. Si no racionamos, no llegamos a la primera curva», advierte. Los críticos dicen que en Tegueste no se come. Javier lo niega: «Yo estoy en un grupo folclórico y voy a muchas romerías, y puedo decir que en la de Tegueste es en la que más se come. Lo que pasa es que hay gente maleducada. Cuando pasa la carreta nos gritan, nos insultan, nos tiran de cosas del suelo, pero pasamos porque hemos venido a disfrutar», comenta.

No obstante, lo bonito es la carreta. Y como en la antigua Roma, este domingo, todos los caminos conducen a Tegueste.