POSTIGO ISLEÑO

Consideraciones sobre el carnaval isleño

No todo ha sido igual, ni ha pervivido con las mismas formas en más de cinco siglos

JUAN JOSÉ LAFORET
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El carnaval grancanario llegó y arraigó casi al unísono de la propia historia insular y en especial de su capital, aunque posiblemente muy influenciado entonces por la presencia de comerciantes y navegantes procedentes de ciudades italianas como Génova. Mas de 500 años de historia, como pude recoger y exponer en una ponencia presentada en el año 2004 al Congreso Internacional de Historia del Carnaval que se celebró en el Palacio de Congresos de Cádiz, con participantes de las principales ciudades carnavaleras españolas y de otras de países como Brasil, Cuba, Italia, Portugal, Puerto Rico o Santo Domingo; algo que me recordó cómo, tras unas décadas que fueron difíciles para tratar estos temas en la prensa diaria, y cuando el carnaval comenzaba a recuperar en muchos lugares su vitalidad de siempre o incluso a expandirla, como fue el caso de Las Palmas de Gran Canaria, ABC dedicó en febrero de 1976 múltiples reportajes, noticias y crónicas a los carnavales de Río de Janeiro, de Colonia, de Venecia, de distintas ciudades portuguesas, a los de Cádiz, Trebujena, Tenerife o hablaba significativamente, con anterioridad en 1973, de «Fiestas típicas» de Isla Cristina, Huelva, que «rememoran los antiguos carnavales». Precisamente, en su edición del día 25 de febrero de 1976 daba cuenta de estas celebraciones en Tenerife y de cómo «la señorita María de las Mercedes Braun ha sido designada Reina de las fiestas del carnaval de este año. Su proclamación se celebró en el transcurso de una brillante fiesta en la isla».

Debo resaltar también, a tenor de lo manifestado, que ABC, pese a todo, no olvidó nunca el histórico arraigo que las fiestas del carnaval tuvo, tenía y tendría siempre en muy diversas localidades de España y en lo más hondo de las tradiciones españolas, y pese a muy diversos tipos de prohibiciones imperantes en aquellos años centrales del siglo XX no dudó en ofrecer importantes informaciones acerca de estas fiestas, su historia y sus costumbres, como ocurrió cuando Blanco y Negro, en su edición del 29 de febrero de 1964, reprodujo un extenso artículo titulado «Los Carnavales de antaño», que había visto por vez primera la luz en esas mismas páginas el 25 de febrero de 1893. Años después, y a propósito de las fiestas que en Las Palmas de Gran Canaria recuperaban su pasado esplendor, abriéndose al futuro con una nueva y original capacidad y fuerza, algo que hoy se constata mas que positivamente, ABC publicó el 14 de febrero de 1982 un extenso reportaje de P.H. Montesdeoca, titulado «La explosión del carnaval canario», con fotos a color obtenidas por el prestigioso fotógrafo grancanario Luis del Rosario, en que se quejaba de lo poco que se «ha contado, fuera del marco insular, sobre la explosión del carnaval canario de Las Palmas, de cuya vistosidad dan prueba estas imágenes captadas durante la celebración de la edición pasada», resaltando ya de entrada la figura de Manuel García Sánchez —más conocido por todos como «Manolo García»—, de quien señalaba que «lleva el carnaval en las entrañas y es capaz de pelear contra cualquier adversidad con tal de sacarlo a la calle todos los años», quien además destacó cómo en Gran Canaria, pese a todas las prohibiciones y persecuciones, el carnaval «se resistió a morir, refugiándose en las sociedades de pueblo —primero a cara descubierta y luego tapando el rostro cada vez más—, y en el seno familiar, a base de tortillas de harina, huevo y miel, y otras menudencias que permitían añorar una fiesta que siempre fue profundamente popular».

Sin duda alguna el carnaval estuvo muy presente a través de más de cinco siglos en Gran Canaria y en su capital, donde arraigó de diversas formas y maneras a lo largo de distintas etapas; en el siglo XVI y XVII con la influencia italianizante que la propia familia Cairasco de Figueroa contribuyó a introducir con los bailes de máscaras, como el celebrado en 1574 para celebrar los esponsales de Matías Cairasco, o los «tres banquetes los días de carnestolendas» que se sirvieron en 1635 a propósito de la llegada del Capitán General Íñigo de Brizuela, como recoge Viera y Clavijo en su Historia de Canarias, o como se supo, gracias al cronista Lope Antonio de la Guerra, que en la capital grancanaria en 1783 «fueron muy célebres estas carnestolendas… se iluminó la ciudad por las noches… hubo conciertos, saraos, máscaras y otras diversiones».

Con todo ello y tras la explosión pública y espectacular del carnaval en Las Palmas a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, del que se conservan fantásticas fotos de sus cabalgatas, batallas de flores y bailes, no es de extrañar que el cronista Domingo J. Navarro, en sus «Recuerdos de un noventón», señalara en 1895 cómo «nuestros progenitores esperaban siempre ansiosos la temporada del carnaval y la prolongaban lo más que podían». Su preparación era minuciosa y las tertulias sobre el mismo se mantenían casi todo el año; ABC fue testigo de ello y, por ejemplo, recogiendo el sentir popular señalaba textualmente en su edición del 25 de febrero de 1925 cómo ese año en Las Palmas «el carnaval ha carecido de originalidad llamando sólo la atención las alusiones a asuntos de actualidad», aunque debe confirmar que «en el Club Náutico, Gabinete Literario, Círculo Mercantil se han celebrado brillantes bailes» y cómo «en Gáldar las Fiestas de Carnaval resultaron muy brillantes». En 1983, el 22 de febrero, ABC daba cuenta de la elección de la señorita Belén García como Reina del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, de la que publicaba una foto enfundada en su hermoso traje, elegida unánimemente en la fiesta celebrada en el Teatro Pérez Galdós, donde entonces se celebraba esta gala que hoy tiene escenario propio, espectacular y efímero en el Parque de Santa Catalina, y resaltaba que la fiesta «fue, luego, de las que hacen época».

Sin duda el carnaval isleño, el de Las Palmas de Gran Canaria, que hoy triunfa con una espectacularidad que traspasa fronteras, es una de sus fiestas más históricas y arraigadas, aunque, como ya señalé en Cádiz en el año 2004, no todo ha sido igual, ni ha pervivido con las mismas formas e intensidades a través de sus mas de cinco siglos de historia, tal como determinadas ideas preconcebidas y estereotipadas nos lo hacen ver o creer a menudo. Si la realidad más inmediata es muy diferente a la de hace apenas una década atrás, muchas otras cosas y asuntos también son radicalmente distintos a como lo fueron en épocas y siglos anteriores, aunque tengamos la tendencia natural a pensar que todo fue siempre igual a como lo hemos conocido, vivido y disfrutado; ¡Feliz carnaval!