Fila de extranjeros esperando regularizar su situación en las Islas. Esta estampa era más que habitual a finales de los 90 y principios de la pasada década - ABC

Canarias, reacia a la inmigración

Pese a que los niveles de recepción foránea continúan disminuyendo, la ciudadanía sigue familiarizando este fenómeno con la contracción del empleo. ¿Realidad o tópico? Sea como sea, lo cierto es que Canarias ha dejado de ser atractiva para los distintos flujos migratorios

DANIEL HERRERA
LAS PALMAS DE GRAN CANARIA Actualizado:

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Pese a que los guarismos inmigratorios han descendido de manera considerable en las Islas, la sociedad canaria sigue mostrándose reacia a la llegada de ciudadanos foráneos, a la vista de los sorprendentes resultados que arroja el barómetro del Consejo Económico y Social de (CES).

De hecho, en la última oleada del recién concluido 2010 se desglosa una percepción más bien negativa de este colectivo (3,82 sobre una escala de 10), para sorpresa de los propios rectores de la institución, puesto que la llegada de inmigrantes ilegales a Canarias disminuyó en hasta un 91,3 por ciento. Para despejar más dudas, el número medio de afiliados extranjeros a la Seguridad Social en el Archipiélago alcanzó los 80.440 en diciembre de 2010, lo que supone un decrecimiento interanual del 1,22 por ciento, una tónica paulatina que también ha detectado el Ministerio de Trabajo. Ante estos parámetros, el propio presidente del CES, Fernando Redondo, destacó que esta mala imagen que han acumulado los canarios sobre la población foránea se manifiesta con unas cifras incluso más acusadas entre la ciudadanía de mayor edad y entre el segmento de desempleados. Sin embargo, si la crisis económica se ha cebado con algún colectivo en especial, ha sido precisamente en el capital humano procedente de fuera, que en muchos casos no ha dudado en probar fortuna en la Península o incluso en retornar a sus países de origen. Por no venir, ni siquiera se producen movimientos interregionales reseñables como en los años 90 o a comienzos de la pasada década. Lanzarote (con un 2,6 sobre 10) y Fuerteventura (3,37) continúan siendo los enclaves con la percepción más negativa, independientemente de que la llegada de pateras a las islas orientales se ha cortado casi por completo (de las 2.246 personas que llegaron en 2009 se ha pasado a las 196 de 2010, volviéndose así a niveles de 1997). Ni siquiera en El Hierro —donde uno de cada cuatro encuestados considera vital la mano de obra extranjera— se consigue una valoración positiva (4,55).

Contradicciones

En resumen, Canarias ha dejado de ser una tierra atractiva a nivel laboral o socioeconómico, pero la población aún considera el impacto foráneo como negativo a la hora de desglosar la problemática del empleo. En este sentido, todo da a entender que el ideario de Coalición Canaria, en el que tanto se ha cacareado el control poblacional en el Archipiélago y en el que varios sectores sociales han señalado veladamente a los extranjeros, parece que ha calado. Sin embargo, el presidente regional, Paulino Rivero, se manifestó ante este curioso contrasentido en el que, a menos extranjeros, peor percepción: «España y, en concreto, Canarias, ya no son referente para la inmigración. Estamos en una situación económica que es digna de análisis y que ha provocado la pérdida de oportunidades, ya que las Islas han dejado de ser un lugar atractivo para ellos».

Además, y durante la lectura del informe de la Subcomisión de Inmigración del Parlamento de Canarias, el diputado Sigfrid Soria (PP) señaló que uno de los mayores impactos de la inmigración se da «en los propios países emisores con la pérdida de capital humano, ya que vienen los mejores, los más preparados. Pero ahora en España nos situamos en la misma tesitura que todos esos países emisores, estamos ante una auténtica fuga de capital humano», razonó.

Atrás quedan los tiempos en los que miles de canarios miraban a América para buscar un futuro mejor. Y es que los primeros signos de un nuevo ciclo migratorio ya se dibujan en el firmamento, aunque la primera prueba de fuego para la sociedad canaria se perfilará en estas próximas elecciones, en los que la Oficina del Censo Electoral (OCE) ya ha remitido la posibilidad para que 14.261 foráneos residentes en Canarias formalicen sus inquietudes políticas. Sin duda, una oportunidad para oxigenar el discurso social en una región que siempre se había caracterizado por ser acogedora y cordial con los extranjeros.