POSTIGO ISLEÑO

CANARIAS, ENERO DE 1936

«Canarias sigue siendo una región olvidada», como señalaba Alfredo Serrano en un extenso reportaje publicado en Blanco y Negro

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HACE SETENTA Y CINCO años en la madrugada del miércoles 8 de enero de 1936, cuando aún la ciudad disfrutaba del ambiente de alegría que las recientes fiestas de Navidad y Reyes le habían traído, la noticia del hundimiento de la motonave «Ciudad de Málaga» al chocar , «…a la salida del puerto con un vapor inglés …», como informaba el periódico ABC de Sevilla del día 16 de ese mes, que incluía una magnífica foto del buque realizada por Hernández Gil, uno de los autores más clásicos de la fotografía isleña, le traía a sus vecinos negros presagios y tristes recuerdos del trágico accidente acaecido en la misma bocana del Puerto cuarenta y ocho años antes, la mañana del jueves 13 de septiembre de 1888, y que gran parte de la población aún recordaba, perfectamente simbolizado en un bello monumento funerario ubicado casi a la entrada del Cementerio de Vegueta, que envió el Rey de Italia, Humberto I de Saboya, para recordar perpetuamente a los italianos fallecidos en aquel infortunado naufragio con «La carita de la Patria lontana», tal como reza la placa al pie de la escultura realizada en Carrara, en el taller de Paolo Triscornia di Ferdinando, el mismo que labró el magnífico monumento a Cristóbal Colón instalado en la Alameda; ambos monumentos se recibieron juntos en 1892.

Si en 1888 el hundimiento del buque italiano «Sud América» se producía al ser embestido por el francés «Le France» que navegaba a toda máquina, lo que le produjo un enorme boquete en el costado de estribor que motivó el rápido hundimiento de la nave italiana que regresaba de Argentina con muchísimos modestos emigrantes que volvían a su tierra natal, falleciendo muchos de ellos ahogados pese a la rápida, valiente y generosa respuesta del mundo portuario isleño que se lanzó a las aguas de la bahía sin perder un minuto en todo tipo de embarcaciones que encontraron a su alcance, en 1936 la pérdida del «Ciudad de Málaga» se produjo, como informaba puntual y extensamente ABC desde Las Palmas, en su edición madrileña del viernes 10 de enero, al chocar con el vapor inglés Good Hoore cuando este doblaba el dique de abrigo y «…embistió al Ciudad de Málaga por el centro de babor , dirigiéndose entonces el barco siniestrado a la playa, con el objeto de embarrancar, propósito que no pudo lograr por haberse inundado la sala de máquinas. Las luces se apagaron, produciéndose el consiguiente pánico.

El vapor se hundía a los veinte minutos de producido el choque, que sorprendió a la mayoría de los pasajeros durmiendo. Algunos viajeros se arrojaron al agua con salvavidas…». Estos detalles del hundimiento que ofrecía ABC recordaban a la población casi los mismos acaecidos en 1888 con el buque «Sud América» y sus pasajeros, sin embargo ahora no hubo afortunadamente víctimas, sólo el capitán herido «…fue el último en abandonar el buque…» y «…al mayordomo del vapor se le encontró luchando con las olas en lamentable estado…». Auxiliados por «…el remolcador Gran Canaria, varias falúas y botes de salvamento…», el «Ciudad de Málaga» fue «…embarrancado en la playa, a donde fue trasladado como es sabido por un remolcador…», mientras al vapor inglés se le veía atracado con «…la proa doblada y estropeado el hierro de las líneas de flotación, averías que le impiden continuar su viaje». Al día siguiente ABC, cuya corresponsalía en Las Palmas la ocupaba entonces Ignacio Elízaga Ojeda, daba cuenta también de la declaración ante el juez del capitán del vapor británico, al tiempo que notificaba la decisión del juzgado de prohibir «…que se retiren cosas del buque hundido. Sólo se entregarán los equipajes de los pasajeros que aparecen flotando en las aguas. La Policía Marítima vigila el barco en el mar y la Guardia Civil en tierra».

Junto a esta noticia, que fue comentario generalizado aquel enero en Las Palmas de Gran Canaria, también se recibía, a través del periódico ABC del día 15 de ese mismo mes, la de que había «…llegado al aeródromo de Barajas el primero de los nuevos aviones destinados a la línea Madrid – Canarias…» y destacaba el periódico que si «…actualmente los existentes suelen tardar de diez a once horas en efectuar el recorrido, con el llegado ayer ese tiempo queda reducido a siete…». Se trataba de un aparato con un motor de «… 1.500 caballos de potencia y está preparado para los vuelos a través del desierto, siendo su tren de aterrizaje escamoteable, estando provisto de piloto automático…», toda una novedad y avance para la época y para viajes tan largos.

Sin embargo, la noticia continuaba siendo para las islas la de siempre, «Canarias sigue siendo una región olvidada», como señalaba Alfredo Serrano en un extenso reportaje publicado en Blanco y Negro, en su edición del día 5 de enero de 1936, bajo el título «La isla olvidada. Por los valles floridos del Teide y los caminos claros y serpenteantes de Tenerife», ilustrado con magníficas fotografías de aquella isla. Antes de finalizar su reportaje el periodista no duda en afirmar como Canarias, «…sus dos provincias Las Palmas y Tenerife, reciben menguadamente las concesiones de Madrid, nunca bastantes a sus necesidades…», ante lo que expone, a modo de ejemplo, como «…por tres veces se ha inaugurado una línea aérea entre las islas y la península. Otras tanto se ha suspendido o se ha transformado en línea postal sólo, ó de pasaje pero no diaria…», y resalta «…y siempre, siempre se ha regateado lo que, por razón de la distancia, debiera concederse sin vacilaciones». Finaliza con una pregunta que parece tener permanente actualidad en el Archipiélago: «¿Variará alguna vez el sino fatal de Canarias, desconocida entre nosotros y admirada entre los extranjeros?».