La trola de Portugal sobre el nombre en Canarias de la «Isla de los Volcanes»

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Las islas Canarias tienen en Lanzarote un nombre de origen portugués. Esa frase es resultado de una mentira histórica que lleva fabricada desde 1925 por el historiador Fortunato de Almeida. Se sacó de la imaginación una serie de papeles que hablaban de un almirante de nombre Lansarote da Framqua. Autor nada menos que del descubrimiento de Lanzarote y Fuerteventura, que murió combatiendo contra los «guanches» cuando intentaba conquistar Canarias para Portugal.

El historiador Alberto Quartapelle, de la Universidad of Bolonia, ha descifrado toda la relación de mentiras de Almeida con un dato demoledor. «Solo a comienzos del siglo XV en «Le Canarien» (1402), la crónica de la conquista de Gadifer y Bethencourt, aparece por primera vez el etnónimo canario para indicar a los habitantes de las islas, tanto sea como referencia general a los naturales de todas las islas como en especial a los de alguna de ellas».

Fechas que no dejan dudas

Asimismo, recuerda que «la primera vez que se documenta la voz guanche es en las Memorias del reynado de los Reyes Católicos de Bernaldez (1495-1512), referida a los habitantes de Tenerife». En general, «en las crónicas y en los relatos de los viajeros se llama de forma inequívoca guanches solo a los aborígenes de Tenerife. Los naturales de las otras islas reciben el nombre de canarios, o el de mahoreros a los de Lanzarote, o de gomeros a los de La Gomera, y de majos a los de Lanzarote», apunta Quartapelle.

El disparate tiene su cosa porque en el Archivo Secreto del Vaticano hay documentos donde se habla de las islas Canarias en 1370 bajo el control castellano. Fortunato de Almeida ubica todo esto de la presencia portuguesa en Canarias y la cosa del nombre de Lanzarote en: un texto que se achaca al rey Fernando de Portugal donde se le concedía a un supuesto «almirante Lanzarote da Franca» el Señorío de las islas Lanzarote y de la Gumeyra, que los expertos dicen que sería Fuerteventura.

Menuda cara: las no pobladas, también

Dice el «documento»: «Don Fernando, por gracia de Dios Rey de Portugal y del Algarve [...] queriendo hacer gracia y merced a Lansarote da Framqua, almirante, [...] de las islas que encontró y nos ganó, que están en el mar del Cabo Non, las cuales no están pobladas, porque de ellas no hemos hecho merced a la persona que las habría de poblar y gobernar, [...] hacemos libre y pura donación [...] al mencionado Lansarote (en el original) , nuestro almirante, para sí y para todos sus herederos y sucesores, de las dos primeras islas que encontró, de Nosa Señora a Framqua y de la Gumeyra, con todas sus tierras y rentas que tengan y hayan de tener...».

Almeida difundió un segundo texto de 1376 del rey portugués por el que donaba a Lanzarote da Franca plantas de producción de jabón porque no había podido tomar posesión de la isla, «queriendo hacerle gracia y merced, como muy bien lo merece, confirmamos y mantenemos como Capitán Mayor de dichas islas al mencionado Lamsarote da Framqua».

¿Cómo va a ser eso?

Hay un tercer documento. Es supuestamente de 1385. El rey Don Juan apuntaba al hijo de «Lanzarote», Afonso da Franca, la donación de las jabonerías. Y firmaba que el rey Don Fernando le había hecho a su padre, quien había tenido honrado fin en las islas Canarias unos años antes como «capitán mayor» de las islas de Lanzarote y de, posiblemente, Fuerteventura.

Los papeles de Almeida han sido analizados por historiadores portugueses y de las islas Canarias, entre otros. El portugués Franco Machado señala que «el documento publicado por Fortunato de Almeida no está estudiado suficientemente para creer en su autenticidad». En 1944 esos papeles volvieron a la escena de los historiadores por Silva Marques. En 1961 el historiador belga Verlinden daba cierto margen de credibilidad.

El catedrático de Historia de la Universidad de La Laguna, Elias Serra, analizó la teoría portuguesa y llegó a la conclusión que era un «escrito falso, indigno de cualquier crédito». El académico Hernández Pereira afirmó que el texto de Almeida consisitía en una «burda superchería». Verlinden respondió que a Serra la tesis de Almeida le «molestaba vivamente al patriota español».