¿Qué sabían los árabes de Canarias antes de la Conquista?

La descripción del tunenico Ibn Jaldún de las islas coincide con los historiadores en aspectos como su culto al sol y sus formas de cultivar la tierra

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

El supuesto conocimiento de las islas Canarias por los árabes en la antigüedad no era un asunto aislado. Autores como Gezair Aljalidat, Gezair Alseada, Masudi, al-Bakri, Ibn Tathima o Ibn Said, Idrisi, Abulfida, Dimaski o Abulfida expresaban la importancia por ser último punto conocido de Occidente y etapa final de cualquier incusión en el en el Atlántico.

Los árabes estaban muy despistados. Un análisis de los textos antiguos de gente sabia como Gezair Alseada, Masudi, al-Bakri, Dimaskim, Abulfida están llenos de elementos románticos y odas al perfil de mujer que los árabes de aquella época adoraban para hablar del Atlántico y sus «Islas Afortunadas».

Era algo normal de la época. Un poeta de nombre Musa Ibn Suhair decía en una de sus obras que «nuestra barca avanzaba como una mujer que mueve sus caderas al andar, agitadas con el movimiento de vaivén, como bamboleante, y esto no era para nosotros una compañía agradable».

Idrisi señala que en el mar de tinieblas hay dos islas conocidas por Afortunadas a mitad de la costa de Marruecos, al sur de Safi, «de donde se ven los humos en días claros». Los textos se basan en referencias de otros. No hay obras propias. No se menciona ni la presencia de comerciantes visitando Canarias.

El hecho de contar cosas de otros se pone de relieve en un estudio de inscripciones rupestres en Canarias y el norte de África indica que las islas fueron pobladas en dos momentos diferentes, uno en torno al siglo VI antes de Cristo y el otro el Siglo I de nuestra era, afirma José Farrujia, miembro del grupo internacional de investigadores que propone esta tesis.

La investigación se inició hace casi quince años por parte de Farrujia, que es miembro de la Sociedad Española de Historia de la Arqueología; Werner Pichler, del Instituto Canario en Austria y especialista en epigrafía e inscripciones líbico-bereberes en el norte de África; y el francés Alain Rodrigue, especialista en arte rupestre del Alto Atlas marroquí.

Ibn Qutayba, por ejemplo, afirma literalmente: «Nos refirieron algunos maestros de la gente de Occidente que Musa envió embarcadas a ciertas gentes con orden de navegar hasta llegar a un ídolo, situado en una isla del mar, que señala con un dedo bacia delante, y que luego siguiesen por noches y días, a marchas forzadas, hasta llegar a otro ídolo, situado en otra isla del mar, en la que viven gentes de lengua desconocida. Cuando lleguéis allá, volveos, pues ése es el punto extremo del Occidente y ya no habrá tras de vosotros ningún ser humano, sino el mar Océano, que es el final del Occidente tanto por tierra como por mar».

Perdidos

Lo que nadie se atreve a explicar es por qué si se dice que tienen procedencia norteafricana los eruditos árabes solamente dicen cosas sin sentido y tiran de Grecia o Roma para referirse al archipiélago.

En aquella época, antes de la Conquista de las islas, los marinos árabes desconocían la brújula. Sin embargo, el conocimiento de los vientos y las costas traía a las islas a gente de forma involuntaria producto de perderse. Los árabes no debían conocer mucho las islas porque lo que hicieron fue repetir la tesis de Ptolomeo, es decir, copiar de los demás. Solamente hay, conocido, un autor con texto propio: Ibn Jaldún.

Dimaski, por ejemplo, se refería a las islas hablando disparates imaginarios como que en las islas había una estatua gigante señalado el fin del mundo. El segundo acierta sobre los rituales canarios, sus técnicas de guerrilla y su alimentación basada en cebada.

Al-Idrisi coloca «alguna noticia» directa «confusamente adulterada» de algo que podría definirse cercano a un concepto territorial como Canarias. En ccncreto, este geógrafo nacido en Ceuta hablaba de unos navegantes que hicieron una «expedición para saber lo que encierra el Océano y cuáles son sus límites». Todavía en la Lisboa actual hay una calle que se llama «Los Aventureros» en homenaje a esos viajeros.

Idrisi afirma que «navegaron doce días hacia el sur y encotraron una isla que parecía habitada y cultivada; se aproximaron a ella para reconocerla, y poco tiempo después se encontraron rodeados de barcas, hechos prisioneros y conducidos a una población situada sobre la costa».

Rara belleza y traductor

Acto seguido, relata, «entraron en una casa donde vieron hombres de gran estatura» que «llevaban el cabello largo y laso», y vieron «mujeres de una rara belleza». Durante tres días «quedaron prisioneros en una de las habitaciones, pero al cuarto vieron venir un hombre que hablaba el árabe, el cual les preguntó quiénes eran, por qué habían ido y cuál era su país». De acuerdo con el profesor Serra esa zona era el Sáhara. Del final del proceso no se sabe nada.