El Norte logra salir a flote
Varias personas tratan de desenterrar un coche | M.A

El Norte logra salir a flote

MOY ÁLVAREZ | PUERTO DE LA CRUZ
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«El piso de la casa se movía por la fuerza con la que el agua bajaba por el barranco. Nunca había pasado tanto miedo.» Con estas palabras, una vecina de un bloque de viviendas situado en uno de los márgenes del barranco de San Felipe, en el Puerto de la Cruz, describía los dos últimos y largos días que le ha tocado sufrir, a causa de las lluvias torrenciales, a la práctica totalidad del norte de Tenerife.

«Todo pasó muy deprisa, parece mentira que no haya que lamentar daños personales. No me dio tiempo a mover el coche», decía un hombre, fatigado, mientras trataba de desenterrar su automóvil a apenas cien metros de la turística playa Jardín.

En la jornada del lunes, la Central de Coordinación de Bomberos recibió más de 200 llamadas de auxilio y fueron más de medio centenar las intervenciones realizadas. «Los vecinos que estaban en sus casas tuvieron tiempo para quitar sus coches, pero unos cuatro vehículos fueron arrastrados por el agua sin que se pudiera hacer mucho. Se llamó a los bomberos, pero nada se podía hacer», comentaba a ABC un ciudadano del barrio de La Vera. Ayer, los coches que el agua se llevó por delante amanecían anclados al lodo y las piedras cientos de metros más abajo de donde habían sido estacionados por sus dueños. La activación de la Unidad Militar de Emergencias (UME), continúa activada en Tenerife, donde se ha desplazado a la localidad de Benijos para proceder a labores de limpieza, extracción de lodos y achiques de agua. Un segundo elemento de intervención de entidad similar, se encuentra en la zona para relevar o reforzar al anterior. En caso de que se agravase la situación, está previsto que a primera hora de mañana, día 18, se despliegue un tercer elemento de intervención desde Gran Canaria.

En La Orotava, la situación no era mejor. La parte alta y las zonas de medianías de la villa recibieron los azotes del agua con especial violencia. Los barrios de Benijos, Las Llanadas y Palo Blanco quedaron cerca de ser sepultados por el barro. Allí, los bomberos y demás servicios de emergencia trataban de levantar muros de contención y de solucionar los problemas derivados del desplome de paredes, las inundaciones y los corrimientos de tierra.

«La cosa se puso bastante fea ya entrada la noche; las sirenas no dejaban de sonar y muchos conductores quedaron atrapados en las carreteras», explicaba un vecino de La Orotava aún con el susto en el cuerpo.

En Los Realejos, más de lo mismo: el agua desbordaba uno de los barrancos y arrastraba también con su particular botín de vehículos, inundando un buen número de viviendas y locales. San Juan de la Rambla e Icod de los Vinos temían las consecuencias de un posible desbordamiento del barranco Preceptor mientras quienes trataban de llegar a sus hogares desde el área metropolitana debían sufrir una auténtica odisea.