Beatriz de Bobadilla

La ninfómana que impuso el terror en Canarias

Isabel la Católica quitó de circulación en la corte a Beatriz de Bobadilla y la mandó a Canarias porque sospechaba que tenía algo con Fernando el Católico. En las islas acabó en las islas desatando el pánico hace 530 años

Las Palmas de Gran Canaria Actualizado: Guardar
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Canarias tuvo durante un periodo de la Conquista dos reinas. Una era Isabel La Católica y, otra, la reina de corazones Beatriz de Bobadilla. La primera era la indiscutible y protectora de los isleños. La segunda, una incontrolada sádica que llegó porque estaría demasiado cerca de Fernando el Católico. La Reina Isabel la conocía muy bien porque fue su dama de compañía.

La Real Academia de la Historia apunta que «la reputación de la segunda Bobadilla de deslumbrante belleza en la historia de España no pudo ser peor: cruel, ninfómana y codiciosa». Su tía, Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya, la introdujo en el círculo de poder de los Reyes Católicos. El escritor Baltasar de Castiglione fue el que apuntó ciertas inclinaciones de Fernando el Católico por esta dama.

José Viera y Clavijo la define de esta forma: «Mujer rara, que teniendo todas las gracias y flaquezas de su sexo, tuvo la crueldad y constancia de un hombre sañudo».

Isabel la Católica la quitó de circulación y la mandó a Canarias al sospechar que tenía algo con su marido. La forzó en 1481 a casarse con Hernán Peraza, señor de La Gomera. Hernán Peraza debió cumplir con esta pena por haber participado, por omisión, en la muerte de Juan Rejón, jefe de las tropas de la Conquista, cuando iba a La Palma a su paso por La Gomera por una tormenta.

La iban a juzgar por su instinto criminal en 1504 pero murió en extrañas circunstancias Medina del Campo

Beatriz de Bobadilla y Ossorio llega a Canarias con ese matrimonio forzado y Peraza muere por un ataque de los antiguos canarios. A los 21 años ya era adinerada y poderosa viuda, con dos hijos. En 1488 la tomó con todos los gomeros mayores de 15 años en venganza por la muerte de su esposo: los canarios fueron empalados y lanzados al mar. Mujeres y niños, al mercado esclavista de la mano de Pedro de Vera, gobernador militar de Gran Canaria.

Al quedarse viuda, inicia una batalla legal contra su suegra Inés Peraza y su cuñado, Sancho de Herrera, con intereses en otros territorios insulares. Se jugó el poder absoluto de toda Canarias. Con el dinero obtenido de sus pleitos, financia la conquista de Tenerife a quien después sería su segundo marido: Alonso Fernández de Lugo. De Lugo logra superar a los canarios y aplica el mismo método que su esposa: arrasa con cualquier indicio de repulsa a su poder.