Puerto de Santa Cruz de Tenerife en 1800
Puerto de Santa Cruz de Tenerife en 1800 - Fedac

Navarro, el juez que fue expulsado de Canarias por borde al intentar que el tabaco pagase impuestos

Su presión fue tan insoportable que lo metieron en un barco francés y lo mandaron a la Península con el visto de bueno de Ejército y autoridades religiosas de 1718

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Este mes de septiembre han expulsado temporalmente de la carrera judicial a un magistrado de las islas que se llama Salvador Alba. Hace 300 años otro juez generó unanimidad para ser expulsado en las islas: Diego Navarro y fue en 1718. No contó ni con el apoyo del Ejército para denfenderlo.

Sobre Alba, según Efe, el CGPJ ha adoptado esa decisión «por cinco posibles delitos: prevaricación, cohecho, falsedad documental, revelación de secretos y negociaciones prohibidas a funcionarios». Alba no ha contado con respaldos públicos de nadie.

Hace tres siglos, en enero de 1718, fue expulsado Diego Navarro. No de la carrera judicial. Sino del propio archipiélago. Era la persona que debía velar por el cumplimiento de la ley en las islas sobre el tabaco. Su papel incendiario en la ordenación del negocio agrario y comercial provocó unanimidad para ir a su casa y sacarlo por mla fuerza. Embarcó en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. .

Formas y fondo

No fue un problema de cumplimiento de los canarios la ley sino de formas. Y es que, dada la poca inversión pública que había en las islas, el clero y Ejército autorizaban negocios ilegales para evitar un problema mayor: hambre. Los cronistas de la época coinciden en apuntar al exceso de celo la conflictiva presencia Diego Navarro en Canarias.

El papel de Navarro fue tan conflictivo que su delegado en Lanzarote, Lázaro Machín, no pudo tomar posesión como inspector de aduanas al ver gente persiguiéndole por la isla. En Fuerteventura, donde existìa una hambruna industrial, según las crónicas de la época, los majoreros montaron en cólera y se negaronn a pagar tributos. Son los primeros casos de insumisión fiscal que se conocen en Canarias y donde clero y autoridades militares están del lado de los contribuyentes.

Ordenó ir casa a casa buscando tabaco ilegal y eliminar hasta las matas silvestres de las laderas

En el Museo Canario se custodia un documento de Millares Torres contando esta historia. Santiago de Luxán Meléndez, doctor en Historia de la Universidad Complutense y director del Grupo de Investigación G9, Historia Economía y Sociedad de la ULPGC, ha investigado ese periodo marcado por «la necesidad de acabar con el fraude en el comercio del tabaco conduce a la administración directa».

Navarro llegó desde la Península a Tenerife con la teoría de acabar con el fraude en el comercio con América. Y poner en marcha el negocio del tabaco bajo la órbita del Estado. La norma instaba a ejecutar la creación de un monopolio. El tabaco en Canarias era un negocio ilegal en el que participaba todo el mundo. Desde comerciantes a agricultores pasando por sacerdotes y funcionarios del Estado. Para controlar todo esto, en agosto de 1717 llega Diego Navarro.

Los marqueses de Breña, Mejorada y Acialcazar controlaban el negocio. Navarro toma posesión en La Laguna (Tenerife). A Tenerife llegaba tabaco procedente de América y ya en 1657 se había creado la plaza de juez superintendente de Indias; pero sin efecto sobre el mercado insular. Navarro pidió al capitán general de Canarias, Ventura de Landaeta, publicar un bando sobre el tráfico ilegal con Holanda. Y lo hizo. Pero otra cosa fue su ejecución.

Bando

El cónsul de Francia en Canarias, Esteban Porlier, estaba también en el asunto. Hasta en Fuerteventura intenta aplicar la ley contra el tráfico ilegal de tabaco. Navarro se establece con este tema por su cuenta de espaldas a la población local y autoridades que conocían las formas de responder de los canarios de aquella época. Tenían la teoría de ser las islas una plataforma de negocios sin impuestos entre Europa y América. Una ausencia de tacto provoca malestar en todos los sectores.

Entre otros mandatos, Navarro ordena que se pueda «visitar todas las casas, conventos y almacenes y que daría por decomiso los que hallara, como también las alhajas y haciendas que fuesen comprendidas en lo referido como en hacer se arrancasen los tabaqueros que naturalmente produce de sí la tierra, en los parajes donde los viere».

El Ejército tenía Canarias en paz y permitió que lo expulsaran para evitar un río de sangre

Es decir: Cualquier mata de tabaco crecida de forma salvaje era ilegal. Ordenó arrancar «hasta los tabacares silvestres que se producen espontáneamente en el país». La parroquia de los Remedios estableció un gabinete de respuesta. Y el obispo, Lucas Conejero, amenazó con expulsarlo de la Iglesia. Pero la persecución que somete Navarro a agricultores se vuelve insoportable.

El Ejército toma medidas. El capitán general Ventura Landaeta se echa a un lado. Y no impide que los canarios asalten la casa de Diego Navarro. Vecinos armados entran y queman todos los papeles y lo fuerzan a entrar con lo puesto en una goleta francesa. El propio capitán general lo lleva a caballo al puerto de Santa Cruz de Tenerife para «protegerlo» o facilitar la salida del incordio que aplicaba un despiadado exceso de celo.

Consecuencias

El cónsul francés Esteban Porlier, a regañadientes, accede a meterlo en un barco de su nacionalidad aunque lo define como «inexorable e insoportable», de acuerdo con lo publicado en 1986 por «Tisseau des Escotais». Viera y Clavijo también lo menciona al igual que Millares en el Siglo XIX.

Ya de último, Diego Navarro afirma en la Península que el Ejército estaba por la tesis de mantener un mercado paralelo por la existencia de intereses de «otros ministros y gente de comercio» y eso fue lo que «dio aliento a la expulsión». Le cuesta el puesto a a Ventura Landaeta. Tras esos acontecimientos surge un motín en La Orotava.