Una momia en Cueva del Drago
Una momia en Cueva del Drago - @MJcLyvssJcIn4TH

El humillante uso de la carne de momias de Canarias en Europa para hacer drogas

Gran cantidad de los canarios que se momificaron y acabaron en el Viejo Continente terminaron como inquietantes estimulantes o medicamentos para la epilepsia

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Las momias de la islas Canarias fueron objeto de un macabro tráfico ilegal para su uso con fines médicos en farmacias europeas. Pero es que hasta el Siglo XIX los ropajes de las momias de las islas Canarias eran aprovechadas por los canarios. Al tiempo que se usaban en Europa, en las islas se hizo rituales de brujería con estos restos. Shakespeare tenía conocimiento del uso de las momias como «mercancía» en farmacia. También adoraba los vinos de Canarias. Quien persiguió entrados ya en el año 1500 esta práctica fue la Inquisición y no siempre con suerte por en tráfico maritimo de la época.

El uso de la momia como droga fue generalizado en Europa desde el siglo XII hasta el siglo XVII, y su empleo se prolongó durante cien años más tarde. Warren Royal Dawson, egiptólogo y anticuario, señala que los suministros de momias vendidas a los boticarios en Europa se obtuvieron primero de momias egipcias, pero cuando se hizo difícil obtenerlas porque en Alejandría prohibieron la salida, «se hicieron sustitutos espúreos de cuerpos» desecados con origen en el archipiélago. «Las momias guanches de las islas Canarias se exportaron a Europa y se vendieron a los boticarios», subraya.

Macabras virtudes

El científico que estuvo «operando» en el negocio de las momias fue alquimista, médico y astrólogo natural de Suiza Theophrastus Bombast von Hohenheim. Así. Paracelso creó en la época misma de la Conquista de Canarias un «bálsamo de momia» y «melaza de momia», que se mantuvieron en boga hasta 1693. No consta que empleara momias de las islas pero sí que sentó la base teórica. El botánico John Parkinson dedica en una de sus investigaciones un largo capítulo a las « virtudes de momia». «La verdadera momia», según este científico, «debe ser embalsamada en el modo egipcio, y no a la manera de los judíos».

Esta idea ganó terreno, y la supuesta virtud de la momia: el objeto del deseo era la carne misma, es decir, la carne de cualquier cuerpo muerto, no necesariamente la de una momia egipcia. Nicholas Lemery recuerda que «cuerpos enterrados en las arenas de Libia eran muy demandados». Un hecho para que también se refiere Athanasius Kircher.

Brujería

En las islas Canarias se constató oficialmente la existencia de la llamada « carne momia» ya en el año de 1524. Esto se supo por una investigación de la Inquisición sobre brujería en la capital grancanaria. Una portuguesa llamada Beatriz de Fletes, procedente de Lisboa de donde huía de su marido por violencia de género, tenía en su casa la cabeza de un aborigen canario para realizar rituales junto a «carne momia». Esto escandalizó a las autoridades del la época.

De acuerdo con las profesoras Manuela Ronquillo Rubio (ULPGC) y Ana Viña Brito (ULL), en su investigación científica «Pervivencias de rituales canarios tras la conquista bajomedieval en la documentación inquisitorial», De Fletes «era una reputada hechicera en ese momento, y como sabemos de sus acciones entendemos que no pueden plantearse conocimientos médicos por su parte en relación a esos objetos».

«Lo semejante cura lo semejante»

Recuerdan las profesoras que en aquella época «magia, medicina y alquimia estuvieron íntimamente relacionadas», es decir, Renacimiento, es «cuando comienzan a explicarse con tintes pseudocientíficos las utilizaciones variadas del cuerpo humano en forma de sustancias ingeribles como preparados y polvos (raspaduras o calcinación de huesos)». Y las momias de Canarias, por lo caras que eran las egipcias, eran útiles.

De las momias canarias se «aprovechaba» para uñas, piel, pelo, saco amniótico con efectos rejuvenecedores

Las investigadoras de la historia de las islas señalan que «aunque los médicos galenistas fundamentaban la restitución de la salud en el precepto de que los contrarios curan, y empleaban más sustancias vegetales como base de sus preparados, también se encuentran ejemplos de utilización de huesos humanos calcinados para curar la epilepsía», apuntan su estudio.

Y es que bajo la teoría de «lo semejante cura lo semejante», en las islas al igual que en el resto de Europa «los mayoristas« optaron por momias canarias y dieron rienda suelta al empleo de las sustancias ocultas y el «espíritu« por «la búsqueda de la panacea suprema a través de la destilación alquímica: la quintaesencia, la momia, el soberano remedio».

Cabeza de guanche en casas para ritulaes

En ese periodo, recuerdan Ronquillo y Rubio, «se aprovechaban uñas, piel, pelo, saco amniótico con efectos rejuvenecedores y revitalizantes». Es lo que hubo en aquella época. «Al igual que se reutiliza el espacio funerario canario (cuevas) desde poco después de la conquista (1520), también se usan, en Europa durante los siglos XVIIy XVIII, momias canarias para ser vendidas en las farmacias en forma de polvos medicinales, empleadas como sucedáneos baratos de las egipcias».

En Canarias tampoco se quedaban cortos. «Reaprovechan en el siglo XIX, por habitantes del barranco de Guayadeque», parte de los «vestidos y cordajes con los que eran amortajados». Así, en 1524, «parece ser que se conocían ciertos lugares de enterramiento indígenas y su contenido».

En La Isleta, en la capital grancanaria, «habría enterramientos tumulares a la vista de todos». Por ello, no era de extrañar que la echicera portuguesa residente en Triana, en la ciudad de Las Palmas, «tuviese un cráneo («cabeza de un finado»), resulta algo chocante el «pedazo de carne momia», si creemos la acusación, pues estaríamos «hablando de cadáveres desecados enterrados en túmulos, duda que siempre ha permanecido entre los prehistoriadores».

Las mujeres que vendían servicios de brujería «realizan ciertos conjuros (por eso necesitarían esos objetos) para someter a los diablos con fines adivinatorios y de unión amorosa; sin embargo, no estamos ante un caso de nigromancia puesto que esta manda se basaba en un conocimiento culto, y la hechicera tan solo se había apropiado de lo más llamativo e inquietante».