Medio millar de personas denuncian «abuso de poder» en Cho Vito

Medio millar de personas denuncian «abuso de poder» en Cho Vito

Actualizado:

EFE

Escenas como las del primer día de demoliciones se vivieron ayer en Cho Vito

ABC

SANTA CRUZ. Unas 500 personas, según la Policía Local y los convocantes, protestaron ayer por el derribo de casas en el pueblo marinero de Cho Vito, del municipio tinerfeño de Candelaria, transformando su «dolor en rabia» para «que se sepa toda verdad y caiga quien tenga que caer». Allí congregados, denunciaron «el abuso de poder» que entienden ha cometido la Dirección General de Costas en el derribo de 21 de las 31 viviendas declaradas ilegales.

La presencia del consejero insular de Medio Ambiente, Wladimiro Rodríguez Brito, fueron la única nota en el capítulo de incidentes de una protesta que se desarrolló con normalidad en la playa de Genaro, anexa a la zona donde se encuentra el poblado.

Antonio Alonso, uno de los vecinos de Cho Vito que vio cómo el martes las palas derruían su casa en cumplimiento de la orden de Costas, que considera que estas viviendas invaden el dominio marítimo público, manifestó que «la pena de perder todo» se ha transformado «en rabia» y en el sentimiento de que «posiblemente después de esto no se vuelva a tirar nada», ante «el revuelo nacional» provocado por la reacción de las 31 familias de la zona, dijo a Efe.

Los vecinos de Cho Vito continúan además poniendo denuncias ante la Guardia Civil, porque, en su opinión, en las obras de derribo se han demolido casas en cuyas escrituras consta que son primeras viviendas, entre ellas la de Alonso, quien asegura que el inmueble data de 1953.

Por su parte, Rodríguez Brito insistió en que el Cabildo de Tenerife ha planteado «en todo momento» la protección del poblado y aseguró que la administración «no ha podido hacer nada» ante los derribos de la viviendas, porque la Ley de Costas es competencia de la administración central «y no se decide aquí, sino en Madrid». Sus declaraciones a los medios se produjeron durante la concentración, que tuvo que abandonar ante el abucheo y los insultos de los asistentes.