La Laguna encara con devoción las últimas jornadas de su popular Semana Santa

J. A. T.SANTA CRUZ. La Laguna continúa con solemnidad la celebración de los actos litúrgicos de la Semana Santa. Desde el pasado siete de marzo la ciudad muestra con devoción el conjunto de ceremonias

J. A. T.SANTA CRUZ
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La Laguna continúa con solemnidad la celebración de los actos litúrgicos de la Semana Santa. Desde el pasado siete de marzo la ciudad muestra con devoción el conjunto de ceremonias que conmemoran la muerte y resurrección de Jesucristo.

Miles de fieles participan en las misas, pasos y procesiones programados, contagiándose de la tradición y la espiritualidad que encierra la Semana Santa lagunera.

De esta forma la `Ciudad de los Adelantados´ inicia la recta final de las fiestas, que culminarán el Domingo de Resurrección, con un complejo calendario de actividades.

Para el Martes Santo, en la Santa Iglesia Catedral, se realizará la solemne celebración de la Eucaristía, presidida por el Obispo de la Diócesis de San Cristóbal de La Laguna, Bernardo Álvarez. En esta misa intervendrán sacerdotes de toda la Diócesis llegados desde Tenerife, La Palma, La Gomera o el Hierro. En el mismo acto tendrá lugar la consagración del Santo Crisma, la bendición de los Santos Óleos y la renovación de las promesas de los presbíteros que asistan. También el Martes Santo se conmemora en La Catedral la Eucaristía en honor de Las Lágrimas de San Pedro, Nuestra Señora de los Dolores y el Señor Atado a la Columna, seguido de la solemne Procesión de los Pasos.

Destacan además la Eucaristía en honor a Nuestra Señora María Santísima, en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz, así como la procesión de Nuestro Padre Jesús Cautivo, que desarrolla su tradicional itinerario por las calles del barrio de La Candelaria.

El Miércoles Santo comienza con la Eucarística en honor de Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad en la Catedral, a las siete de la tarde. A esa misma hora, en la Parroquia de San Benito Abad, se desarrollará la procesión del Paso de la Verónica y la Santa Faz, acompañada de su Cofradía Penitencial. El Jueves Santo despierta con la celebración de la Santa Misa en la Cena del Señor, con el tradicional lavatorio de los pies. A su término se desarrollará la procesión de Su Divina Majestad, quedando expuesto el Santísimo a la adoración de los fieles hasta medianoche. Ese mismo día, a las ocho de la tarde, se pone en marcha la procesión del Paso de La Santa Cena del Señor.

Recogimiento y solemnidad

El Viernes Santo, día de ayuno y abstinencia, presenta uno de los actos más importantes de todos los que se celebran en la Ciudad. Tras la solemne Hora Santa, a la una y media de la madrugada, del Real Santuario del Santísimo Cristo parte la procesión del Paso.

El recorrido transcurre por la Plaza de San Francisco, las calles Viana, Ernesto Ascanio, y la entrada a la Iglesia del Monasterio Franciscano de Clausura de Santa Clara. La procesión se prolongará, además, con paradas en diferentes iglesias y conventos de la Ciudad. Precisamente a su paso por el Asilo de Ancianos, el coro de la Comunidad de las Hermanitas, cantará al Cristo. Un acto emotivo y tradicional, que conmueve año tras año a los fieles que la siguen. La procesión concluirá en la Catedral aproximadamente a las nueve de la mañana. Este acto, el más espectacular de la Semana Santa lagunera, está amenizado por la Banda de cornetas y tambores, y la Banda de música de la ciudad. Ese mismo día, a las nueve de la noche, se celebra la Procesión del Silencio, que integra a todas las hermandades y cofradías de la Semana de La Laguna. En ella se traslada al Santísimo Cristo Difunto desde la Catedral a la Parroquia de Santo Domingo de Guzmán.

El Sábado Santo se conmemora la Vigilia Pascual, en la Catedral, con una misa oficiada por el Obispo, sobre las diez de la noche. Este acto tendrá su continuidad el Domingo de Resurrección, que pone fin a los actos conmemorativos, con una misa en la Catedral.

Durante toda la Semana Santa las calles laguneras se engalanan en un sepulcral recogimiento. Es precisamente en este marco incomparable donde el creyente vive con fervor su fe, expresando su devoción y su respeto a una tradición inenarrable.