La historia del Rey de Nigeria ejecutado en Canarias por el gobierno inglés

En 1891 el rey del Delta del Níger fue enterrado en Santa Cruz de Tenerife tras ser envenenado en un hotel con una infusión

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Las islas Canarias tienen la desgracia de ocupar una página horrible en la historia de Nigeria por culpa de los engaños y las traiciones con la que los ingleses han funcionado históricamente en África subsahariana. Es el caso del Rey Jaja de Opobo, héroe nacional de Nigeria, que acabó muerto por envenenamiento en el Hotel Machado de Santa Cruz de Tenerife en 1891. Curiosamente, fue el hotel preferido de los nazis en Canarias.

Los británicos ocultan el asunto diciendo que fue porque en verano 1891 el puerto de Tenerife capital estaba en cuarentena por una epidemia de viruela. Lo que nadie se explica es qué hacía un buque procedente de Barbados, donde lo mandaron preso, pasando por Canarias sabiendo que tenía cerrados sus comunicaciones marítimas por razones sanitarias. Desde Barbados a Nigeria no era para nada necesario transitar por suelo español,

Jubo Jubogha era el nombre del rey Jaja de Opobo. Su historia forma parte del plan de estudios obligatorio en Nigeria y en Canarias la muerte en Tenerife del rey de los nigerianos es un tabú. Jaja de Opobo desafió a la autoridad del Reino Unido tras la Conferencia de Berlín de 1885 por la que los ingleses se hacían cargo de la explotación colonial del Reino de Bonny, ciudad desde donde salían esclavos a Europa y América.

En Tenerife pidió que le dispararan en lugar de colgarlo: «Mejor morir como soldado que como prisionero»

Jaja fue fundador de la ciudad-estado de Opobo, ahora en la zona de Rivers en Nigeria y con 5,1 millones de habitantes. Nacido en 1821, en Umuduruoha, Amaigbo, como Mbanaso Okwaraozurumba, era el tercer hijo de una humilde familia que esquivó la esclavitud hasta donde pudo. Fue vendido en Bonny a los 12 años. Le pusieron de nombre Jubo Jubogha y pasó a llamarse Jaja por los británicos.

Siendo esclavo, demostró ser un lince con los tratos y los negocios. En aquella época un esclavo tenía la oportunidad de convertirse en un gobernante si trabajaba lo suficiente. La inteligencia de Jaja le convirtió en un buen empresario. Y comenzó a ascender en la escala social.

Lince

Trabajaba en una casa comercial, que tenía muchas deudas. Cuando murió su propietario, nadie quiso hacerse cargo del negocio de la exportación de aceite de palma. Y ahí apareció Jaja que, además de reflotar la empresa y pagar deudas, logra hacerse con el control político de Opobo.

En Opobo dominó el comercio de aceite de palma y creó un monopolio. Esto a los británicos no les gustó. Tras la Conferencia de Berlín, Opobo pasa a manos inglesas. Jaja exige el pago de impuestos y los británicos se niegan. Un criminal cónsul inglés, Henry Hamilton Johnston, le pidió negociar en un buque británico. Inicialmente, Jaja, ya con poderes de monarca, no quería pero Halminton le aseguró que eran «conversaciones de paz».

El rey nigeriano aceptó la propuesta y se embarcó en el buque de guerra Goshawk. Allí no hubo palabras: el diplomático inglés le dio a escoger entre ser deportado a lo que hoy es Ghana o la destrucción de la ciudad-estado de Opobo que había refundado. El rey Jaja optó por la deportación. Tras Ghana fue llevado a Londres donde conoció a la reina Victoria en el Palacio de Buckingham. Tras ese encuentro, acabó preso en las Antillas.