Un físico tinerfeño niega la relación entre cáncer y antenas de telefonía

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ALFONSO FERRER

LA LAGUNA. El desarrollo de las nuevas tecnologías se ha producido a un ritmo abrumador . La velocidad con la que se suceden los numerosos avances científicos, sobre todo en el campo de las comunicaciones, hace que el ciudadano de a pie no tenga tiempo de digerir que se encuentra en un mundo tecnificado.

Es por ello que, en ocasiones, surgen algunos temores relacionados al mal uso de estos aparatos. Muchos de estos miedos, la mayoría de las veces, carecen de fundamento científico. Un claro ejemplo sería la relación que habitualmente se hace entre antenas de alta tensión o de telefonía móvil y cáncer.

La ponencia del doctor José Hernández Armas el pasado 28 de abril, en el curso de las jornadas «Ciencia y Pseudocienas» de la Universidad de La Laguna (ULL), se presentó como reveladora. Armas es catedrático de Física Médica por la ULL desde 1989 y dirige el Laboratorio de Física Médica y Radioactividad Ambiental de Canarias.

El tema central de la charla giraba en torno a las ondas electromagnéticas que se registran en la naturaleza y, por tanto, podrían a afectar al ser humano. Éstas pueden ser ionizantes, por su capacidad de alterar las células del cuerpo humano, o no ionizantes. Las ionizantes podrían ser los rayos X, usados en las radiografías de los hospitales y los rayos gamma, provocados en determinados fenómenos astrofísicos de gran violencia.

Para Armas «estas radiaciones tienen claros efectos sobre la salud como se conoce desde la fecha, ya algo lejana, en que el hombre descubrió cómo producirlas y aprendió a usarlas de forma masiva, precisamente en el ámbito médico».

Con respecto a las no ionizantes el doctor explica que son «aquellas ondas con frecuencias inferiores a las de las radiaciones ionizantes». Es decir son menos dañinas.

Quizás sean las más populares ya que se suelen referir a las energías emanadas de aparatos de uso doméstico como la televisión y la telefonía móvil y, como no, a los campos eléctricos y magnéticos que se producen alrededor de las denostadas torres de alta tensión. ¿Son, entonces, las radiaciones electromagnéticas no ionizantes totalmente innocuas para la salud de los seres humanos? «En absoluto» asevera el doctor Armas.

«Todas las radiaciones de este tipo tienen capacidad para producir efectos en los seres vivos. Estos efectos son, principalmente, producir elevaciones locales de temperatura y modificar la velocidad de migración de iones a través de las membranas celulares, entre otras».

Una palabra incómoda

Resulta inevitable, por tanto, que si hablamos de radiaciones y salud salga a colación una palabra incómoda: cáncer. Se trata de una cuestión que ha producido un interminable debate desde hace años: ¿Producen cáncer los móviles? El experto niega rotundamente esta cuestión:

«Quién diga lo contrario debe avalarlo con datos que no han sido publicados y, hasta donde yo tengo conocimiento, no existe ningún laboratorio ni ninguna institución investigadora que pueda ponerlos sobre la mesa. Sólo podemos afirmar que los campos electromagnéticos que se producen alrededor de un teléfono móvil producen algunos efectos que tienen capacidad de alterar el comportamiento de algunas células»,, asevera Armas.

Otra cuestión controvertida es la referente a la instalación de torres de alta tensión cerca de residencias o colegios. Éste ha sido un asunto que ha desatado gran alarma popular en algunos casos.

El fenómeno básicamente es el mismo que el de los teléfonos móviles y, en este caso, ha sido bastante estudiado.

Alta tensión

Al respecto, el doctor Armas apunta que «la Organización Mundial de la Salud, en su último análisis, ha descartado un gran número de problemas relacionados con la salud, pero se ha quedado con nueve. Y en base a esto se puede asegurar que vivir cerca de una torre de alta tensión ocasiona un incremento significativo de leucemia en niños, aunque no en adultos. No hay relación, sin embargo, con ninguna otra enfermedad».

Muchas veces es, precisamente, el uso de la radiación la que se usa en beneficio de la salud. El 50 por ciento del tratamiento del cáncer, por ejemplo, descansa en esta idea. «La radiaciones correctamente usadas pueden aportar unos beneficios indudables».