La despensa de Canarias de Benito Pérez Galdós en Madrid

Adoraba las rapaduras de la isla de La Palma, los bizcochos Tamaraceite, los higos pasados de El Hierro, morcillas, almendras de Santa Lucía de Tirajana, bienmesabe de La Gomera, el gofio y el puchero canario. «En casa de don Benito se almorzaba y cenaba, salvo raras justificadas excepciones, a la hora canaria», relata Hurtado de Mendoza

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Benito Pérez Galdós era un fan de la cocina de Canarias y de sus productos. En Madrid no se desprendió de ese buen paladar. Goloso y amante de las recetas de las islas, desde Gran Canaria recibía productos de las islas y era un admirador del esmero de los agricultores y ganaderos del archipiélago.

Quien detalla las cosas que le gustaban a Galdós es Ambrosio Hurtado, que estudió en Madrid ciencias jurídicas. Fue diputado e Canarias en la capital de España y alcalde de la ciudad de Las Palmas en 1903. «En casa de don Benito se almorzaba y cenaba, salvo raras justificadas excepciones, la hora canaria de la una de la tarde siete de la noche», subraya.

Hurtado de Mendoza era hijo de Hermenegildo Hurtado de Mendoza. Pérez Galdós, hijo de doña Carmen Pérez Galdós, casada con don José María Hurtado de Mendoza. Hermenegildo en casó con Elisa Sáenz Redondo, de cuyo matrimonio nacieron tres niños y una niña, todos de la capital de España. Uno de ellos, el posteriormente alcalde de la capital grancanaria.

Afirma Hurtado que los amigos del inolvidable novelista canario le mandaban productos con gente que iba a Madrid «sin llegar hechos una porquería, dentro de cajas de galletas herméticamente soldadas», que fue testigo de los banquetes se daba el gran escritor que jamás se olvidó de su tierra de origen.

Morcillas canarias y puchero canario

Pérez Galdós adoraba las rapaduras de la isla de La Palma, en sus variedades de huevo, azúcar, el gofio de millo, los bizcochos lustrados de Tamaraceite, los higos pasados de El Hierro, el millo molido en forma adecuada para preparar el frangollo, morcillas viejas, secas; almendras de Santa Lucía de Tirajana, para preparar toda la gama de dulces canarios base de ellas, los quesos curados picones como papel de lija, carne de cerdo salada», apunta Hurtado.

En Madrid le preparaba la madre de Hurtado de Mendoza «postres típicos de la cocina isleña, que don Benito comía con sumo gusto». «La primera vez que mi madre se tropezó con la morcilla canaria frita, para ser servida con arroz blanco salsa de tomate, se quedó asombrada», relata.

En la cocina, sobre la morcilla de Canarias, respondió según Hurtado: «No dejes de comer estas morcillas de mi tierra, porque verás que son riquísimas no te arrepentirás de haberlas comido». Otro plato que a Galdós le encataba era el puchero canario.

«Mi madre, como buena madrileña de pura cepa, no podía concebir que se pretendiera emular su sacrosanto cocido madrileño con su oponente» pero «don Benito salió en defensa del puchero canario y le hizo ver mi madre sus excelencias, y nuevamente mi madre le metió el diente al plato ponderado por don Benito y se convirtió en su devota de allí en adelante», relata Hurtado de Mendoza.