Cristóbal Colón fue testigo de una erupción volcánica en Canarias

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

El Almirante Cristóbal Colón fue testigo de una erupción volcánica en Canarias cuando iba al Nuevo Mundo. Quedó impresionado por una columna de humo y fuego que observó en agosto de 1492. Fue en la isla de Tenerife y el volcán no era el Teide. Se llama Boca Cangrejo.

Los profesores Carmen Romero-Ruiz, Esther Beltrán-Yanes, Javier Dóniz-Páez y Rafael Becerra-Ramírez, respectivamente, del departamento de Geografía e Historia, Universidad de La Laguna, Instituto Volcanológico de Canarias, y departamento de Geografía y Ordenación del Territorio de la Universidad de Castilla-La Mancha, han presentado este septiembre algunas conclusiones en un congreso especalizado en Nápoles.

Colón pudo tener datos pevios de estos fenómenos porque entre 1439 y 1444 hubo una erupción volcániza en Azores. Al igual pudo existir otra en San Miguel en 1460. Esta última no está constatada científicamente. En los diarios de navegación se hace alusión a las llamas del Etna en Sicilia. Ese conocimiento serviría para explicarle el fenómeno a la tripulación.

Así, pudo ver las consecuencias de dicha erupción volcánica en Canarias cuando iba a lo que después sería América: fuego en laderas y bosques ardiendo por las explosiones. El estallido se produjo en verano de 1492. El Almirante, igualmente, en septiembre, observó el suceso a su paso por las islas.

Primera erupción de Tenerife

En el diario de Fray Batolomé de las Casas se señala: «Dice aquí Cristóbal Colón que, una noche de aquellas que andaba cerca de Tenerife, salió tanto fuego del pico de la sierra que (…) es una de las altas que se saben del mundo, que fue causa de gran maravilla».

Hernando Colón en «Historias del Almirante», editada por vez primera en 1571, se hace eco del mismo fenómeno al agregar que «… el Almirante resolvió a 23 de agosto volver con sus dos barcos a Gran Canaria».

Zarpó al día siguiente «y pasó aquella noche cerca de Tenerife, de cuya cumbre, que es altísima, se veían salir grandísimas llamaradas de lo que maravillándose su gente les dio a entender el fundamento y la causa de tal fuego, aduciendo al respecto el ejemplo del monte Etna en Sicilia, y de otros muchos montes, donde se veía lo mismo. Pasada aquella isla, el sábado 25 de agosto llegaron a Gran Canaria…».

Así, los científicos canarios recuerdan que las primeras referencias escritas sobre la actividad volcánica en la isla de Tenerife son anteriores a la Conquista de la isla, en 1497, por Alonso de Plasencia, entre 1490 y 1491, por Cristóbal Colón 1492 y Andrés de Bernáldez en 1495. El cono de ceniza Boca Cangrejo es donde se originó la primera erupción de Tenerife y está localizado dentro de los cuatro kilómetros cuadrados donde se han registrado erupciones entre 1706 y 1909.