El criminal inglés que hacía negocios con esclavos en Canarias

La historia del británico que se dedicaba en Tenerife a la vida contemplativa al tiempo que canalizaba mano de obra africana

Las Palmas de Gran CanariaActualizado:

Es de esos personajes que se definen como empresario pero que eran criminales que ubicaban sus operaciones en las islas en un periodo en el que Canarias intentaba exportar productos como pescado y su apreciado vino de Tenerife.

Se llamaba John Pendarves y su nombre aparece en los papeles oficiales desde 1673, momento en el que la Inquisición lo somete a una estricta y discreta vigilancia. Murió antes de iniciarse la Guerra de Sucesión, que provocó que la crisis económica generase nuevos poderes en las islas aunque el control británico no dejó de producirse.

Los ingleses triangulaban en las islas sus operaciones en contra de cualquier regulación. El Santo Oficio le tenía la matrícula cogida y, quizás por falta de pruebas o algún cohecho, no se sabe, escapó de no ser juzgado o expulsado de las islas. También es cierto que existía un descontrol aduanero en Tenerife. Los funcionarios eran como empleados británicos y el puesto de guardia estaba en la Orotava mientras las mercancías entraban en Puerto de la Cruz.

En 1676 apareció formalmente en la isla con un cargamento de libros que al Santo Oficio no le gustaba nada. Realmente, llamó la atención por la tonta de libros que se trajo a Tenerife. Debe ser que ya entonces decidió que pasaría el resto de su vida en Canarias.

Su interés por las letras era inversamente proporcional al de los negocios a costa del sudor ajeno. Desde Bristol llegó acompañado de su amigo Samuel Swan en un barco que trajo trigo a la isla de Tenerife. Swan, alq ue Santo Oficio le dio categoría de «hereje», era «socio y compañero hasta la muerte», de acuerdo con el estudio de Francisco Fajardo Spínola, profesor Titular de Historia Moderna de la Universidad de La Laguna (ULL), y que ha estudiado la vida en Canarias de este siniestro personaje.

Herencia

Swan fue el heredero de todas las propiedades de Pendarves logradas con el comercio internacional. Estas amistades llamaban la atención de las autoridades de aquella época en Canarias. No hay fecha del comienzo de «esa relación». Era habitual que viniesen sin esposas. En el testamento de Pendarves hay algo que se deja a una mujer en Londres pero no se identifica parentesco.

Fajardo apunta que por esos años vivían juntos, «y figuran formando compañía, en todos los documentos de ese período que los nombran, como los capitanes Pendarves y Suan, con ese tratamiento de estimación que se daba a los comerciantes extranjeros relativamente acomodados».