La cortina de humo que cubrió las Islas

POR ERENA CALVOLAS PALMAS/SANTA CRUZ. Sergio y Tom viven en la presa grancanaria de Soria. Las llamas que consumieron miles de hectáreas este verano en Gran Canaria también llegaron a sus casas. «El

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POR ERENA CALVO

LAS PALMAS/SANTA CRUZ. Sergio y Tom viven en la presa grancanaria de Soria. Las llamas que consumieron miles de hectáreas este verano en Gran Canaria también llegaron a sus casas. «El tercer día del incendio ya veíamos el fuego cerca, pero desde el Cabildo decían que estaba controlado», explicaba Sergio, mientras nos enseñaba sus pies descalzos llenos de quemaduras. El primer foco, en Tejeda, había sido provocado por un vigilante forestal el día 7 de julio. Se daba por controlado el 1 de agosto y por extinguido, el 25.

Tras evaluarse los daños, el desastre arrojaba una cifra negra para la isla. Nada más y nada menos que 18.770 hectáreas calcinadas. La tragedia se trasladó también a Tenerife. Allí fueron 18.436,72 las hectáreas consumidas.

Las llamas pasaron, con más o menos virulencia, por Tejeda, San Bartolomé de Tirajana, La Aldea de San Nicolás y Mogán, en la isla redonda; y por Los Realejos, La Orotava, San Juan de la Rambla, La Guancha, Icod, Garachico, Los Silos, Buenavista del Norte, El Tanque, Santiago del Teide, y Guía de Isora, en Tenerife.

Tragedia histórica

En la última década, más de 600 incendios dejaron un saldo en Canarias de 10.925,37 hectáreas de terreno quemadas. Los incendios que se originaron en Tejeda, Los Realejos y Alajeró triplicaron esa superficie.

En Gran Canaria, muchos vecinos se vieron en la misma situación que Sergio y Tom; se quejaban de que las autoridades no les permitieron resistir en sus casas para salvarlas. Ellos desoyeron las advertencias de Protección Civil y de los agentes del Instituto Armado cuando les invitaron a abandonar Soria para ponerse a salvo en algún albergue. Se quedaron en la presa, y eso salvó su trocito de «paraíso».

Por aquel entonces, mientras paseábamos por el desolador barranco nos encontramos con unos vecinos; todos hablaban de la catástrofe. Los palmerales, que se alzaban majestuosos, casi habían desaparecido, como las pitas y las tabaibas y las cañas y el resto de especies vegetales que nadie pudo salvar del desastre.

Mucho se perdió esos días en Gran Canaria. La reserva natural integral de Inagua y el pinar de Ojeda, con numerosas especies endémicas como el pinzón azul, son dos de las zonas que más tardarán en recuperarse de nuevo.

Las quejas de muchos habitantes de la isla redonda apuntaban también a las prácticas en materia de conservación de los montes y su limpieza. Los rastrojos y la pinocha acumuladas, decían, hicieron de combustible, favoreciendo la propagación de las llamas. Tras el desastre de este verano, desde la Consejería de Medio Ambiente se anunciaban planes para organizar las labores de limpieza, desbroce y restauración.

Plantillas mermadas

«Las plantillas para prevención y extinción de incendios son cada vez menos y los protocolos de actuación no son siempre los más adecuados», explicaba a ABC Isidro Brito, coordinador regional de Agentes de Medio Ambiente y Forestales de Canarias de FSAP-CC.OO.

«Las discusiones entre los distintos Cuerpos que participan en los operativos de extinción son frecuentes y eso da lugar a la pérdida de tiempo y a la merma de reflejos para paliar la catástrofe», opinaba otro agente forestal.

Numerosos testimonios obtenidos por este periódico apuntaban también a la descoordinación existente entre Cabildos, Gobierno autonómico y Ejecutivo central a la hora de organizar el despliegue de medios. Y efectivos de la recién estrenada Unidad Militar de Emergencias (UME) se quejaban de la falta de reflejos que hubo.

En total, fueron 144 los miembros de la UME que participaron en los dispositivos de extinción, 53 con base en Gando, y 87 desplazados desde la península. Con los últimos rescoldos de los incendios aún humeantes, el presidente español, José Luis Rodríguez Zapatero, se comprometía a la creación de un destacamento de la UME en Tenerife.

Los montes de esta isla también fueron asolados por las llamas. No fue hasta la madrugada del día 2 de agosto cuando el fuego se dio por controlado, después de cuatro días. La orografía del terreno y la velocidad a la que se desplazaba el fuego propició que sólo se quemasen las copas de los pinos.

Según los datos aportados por la Dirección General para la Biodiversidad del Ministerio de Medio Ambiente, obtenidos en base a imágenes por satélite, las llamas devoraron unas 607 hectáreas del Parque Nacional del Teide, de las cuales unas 56 corresponden a matorral de alta montaña, ubicadas en la parte norte de este Espacio Natural Protegido, informaba la Consejería de Medio Ambiente.

La virulencia de las llamas obligó a desalojar a unas 7.500 personas -más del doble en toda Canarias-. Cada una de ellas tuvo que salir huyendo de su casa.

El fuego, en La Gomera

Las elevadas temperaturas -los termómetros superaron los 40 grados en muchos puntos de Canarias- y las fuertes rachas de viento, que alcanzaron los setenta kilómetros por hora, dificultaron mucho las labores de extinción. Sólo el incendio de La Gomera pudo ser controlado con más facilidad. El monte comenzó a arder en el pequeño municipio de Alajeró. Al final, 70 hectáreas arrasadas y cien vecinos desalojados.

En Alajeró, las llamas comenzaban a hacer de las suyas el 23 de julio, y todo quedaba bajo control el 24. Mientras que en Vallehermoso el desastre en forma de fuego se declaraba el 27 de julio. Las llamas quedaron extinguidas el 31 de julio, y un día después se daba por zanjado el incendio, el tercero de un verano dramático.