En contra de la añoranza

MÚSICA CLÁSICAConcierto de la Sociedad Filarmónica-Intérpretes: Celso Albelo (tenor), Virginia Wagner (soprano), Nauzet Mederos (piano)-Paraninfo de la Universidad de Las Palmas de Gran

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MÚSICA CLÁSICA

Concierto de la Sociedad Filarmónica

-Intérpretes: Celso Albelo (tenor), Virginia Wagner (soprano), Nauzet Mederos (piano)

-Paraninfo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

-Miércoles 7 de noviembre

AYOZE GARCÍA

Bonita velada la del pasado miércoles. Había bastante expectación por ver en acción a una de las principales promesas -camino ya de la madurez tras algo menos de dos años de trayectoria profesional- del canto masculino en el panorama del Archipiélago: el tenor tinerfeño Celso Albelo, que dio un concierto junto a la soprano argentina Virginia Wagner y el pianista grancanario Nauzet Mederos en el Paraninfo de la Universidad de Las Palmas. Un recinto que no se había llenado, pero casi, cuando Virginia Wagner salió al escenario para acometer la interpretación de dos sonetos de Petrarca con música de Franz Liszt.

Siempre con los dilatados sonidos del piano de Mauzet como fondo, esta soprano dio buena muestra de su control de los registros más agudos de su voz. Albelo, en cambio, se tomó con más calma los «Poemas en forma de canciones» de Joaquín Turina (único elemento castellano del repertorio). Sólo después del descanso pareció entrar en calor, y su versión del aria del pescador del «Guillermo Tell» de Rossini fue uno de los momentos más aplaudidos. Todo el mundo se animó a partir de entonces, y llegaba el turno de disfrutar con el canto a dúo de estas dos voces tan bien conjuntadas.

Transmitían primero tensión y enfado figurados, y luego verdadero arrobamiento, los rostros de Celso Albelo y Virginia Wagner durante los fragmentos de «La Traviata» de Verdi y «El elixir de amor» de Donizetti. Florituras, pasajes plagados de diálogos y mucha pasión, en definitiva, por el trabajo bien hecho, fueron la tónica de la noche.

Pero sobre todo este concierto fue una nueva prueba de fuego para el joven tenor canario, que con sus gestos y ganas de decir `aquí estoy yo´ quiere desanimar con todas sus fuerzas cualquier comparación malintencionada por parte de críticos que añoren tiempos pasados.