COMERCIO Y BEBERCIO

Por ANTONIO DÍAZ/
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«Don Ernesto -Jemingüei- jamás entró aquí a tomarse una copa», dice un cartel a la entrada de una cantina en el ITC en Tenerife. Además, hay otro que dice «Ninguno de estos señores son clientes nuestros, usted es mucho más importante». Y debajo, pues las fotos habituales de Román, Carmelo Ramírez, Julio Bonis, Antonio Morales, Silvester Stallone, Liza Minelli, Frank Sinatra y Luciano Pavarotti. Bueno, en realidad se podía leer antes porque Luis Soria, consejero de Nuevas Tecnologías del Gobierno canario, ha decidido cortar por lo sano y rendirle homenaje al contribuyente: Quitar un bar en el ITC en Tenerife, que paga el sueldo del personal por si alguien le queda alguna duda.

Pero de ley seca, nada. Huyendo del reboso de copas e intentando que algunos empleados dejen de mirar las estrellas, el director ejecutivo del ITC, siguiendo instrucciones de hacer viable esa empresa, ha soliviantado a la etnia de los Hígados Listos que disponía de su centro neurálgico en la sede del ITC en Tenerife, empresa de I+D+I del Gobierno de Canarias. Los sindicatos han protestado porque la empresa pública ha decidido cerrar la cantina que se usaba como centro internacional de análisis y estrategia tecnológica con hilo musical de Chavela Vargas, a la que Felipe González llegó a pedirle matrimonio. (Página 262, «Y si quieres saber mi pasado», Chavela Vargas, editorial Aguilar). O sea, que han decidido que la cantina se deslocalice porque aquí se viene a trabajar, no a alternar. Uno de los argumentos que la dirección del ITC ha empleado para instar a la desaparición de este dantesco espectáculo es que no hay necesidad de cantinas ya que el Instituto de Estadística de Canarias dice que en el año 2000 había en las Islas 11.010 bares. Los sindicatos andan como locos. Bueno, más que sindicatos un comando de liberados suelto porque por fin, miren por dónde, alguien se ha dado cuenta de que el ITC no paga copas y barraquitos y, evidentemente, esto no gusta a la etnia de Hígados Listos que posaba simulando investigar a través de la baraja del Estado español (que no española). Lo dantesco del tema es que los sindicatos no han hablado de cómo mejorar la I+D+I en las Islas dando ejemplo con el ITC, sino que han protestado porque el ITC en Tenerife ha quitado una cantina estilo Ikea o Merkamueble donde algunos trabajadores estaban metidos de lleno. Otro argumento que ha utilizado la dirección del ITC es que, hombre, «esto un centro de trabajo, no Mabel», y que «la Administración debe velar por la salud hepática de sus empleados».

Estaría bonito que viniera un comisario de la UE o el mismo presidente del Gobierno, por ejemplo, a visitar las instalaciones del ITC en Tenerife y se encontrara con una partida de envite en plena mañana a costa del dinero que Bruselas transfiere desde Luxemburgo a Tomás Miller, sede de la Consejería de Hacienda, que es quien quiere imitar a Montoro y cerrar el grifo a diestro y siniestro. Los sindicatos no están para eso, para pedir cantinas. La protesta laboral a los únicos que hacen daño es a los sindicatos que, con tal de tener presencia en cualquier sitio, dejan su representatividad en manos de cualquiera. A ver qué legitimidad va a tener ahora Carlos Ucha o Manuel González Izquierdo para seguir pidiendo al Gobierno canario presencia sindical en los consejos de administración de empresas públicas (menos de 60 euros la dieta de asistencia). Lo del ITC, que a paso sindical sería IT-Zen, ya saben, el estilo minimalista de ZP, responde a aquella fusión fría que impulsó José Mendoza como consejero de Educación, de la ICAN ortodoxa. También es cierto que a la dirección del ITC le ha faltado mano izquierda en este tema porque si a los delegados sindicales les hubieran colocado un minibar en su despacho para el pacharán de las 11 gmt, seguro que no hubieran protestado. A todo eso, dado que Hecansa se la quieren liquidar, ya saben que el Gobierno tiene una cadena hotelera, el ITC podría dar cobijo a los liberados y crear una división de I+D de la Tapa y Barraquito. Ya veo a las patronales pidiendo una subvención para elaborar un estudio de 28 folios por 30.000 euros sobre el impacto de la tapa en los turistas japoneses. Si la clase política canaria se dejase llevar por todos los disparates de los sindicatos, Belén Esteban sería comisionada del Gobierno canario para asuntos de coronarios en el SCS y Pocholo Martínez Bordiú para las cantinas. Si los sindicatos mandaran, al binomio Industria y Comercio añadirían Bebercio.