Los Tilos, Moya
Los Tilos, Moya

Algunos antiguos bosques que hubo en Canarias

El historiador y naturalista francés Sabino Berthelot destacaba los contrastes que resultan del desorden de la unión de árboles y plantas tan diversos en un espacio «tan reducido».

Las Palmas de Gran Canaria Actualizado: Guardar
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Canarias tiene actualmente el 92% de su espacio protegidos. Ese medio ambiente es el que ha permitido a los isleños tener una oferta de ocio donde sus islas ya de por sí forman parte de un único espectáculo visual.

Las autoridades de Tenerife cuidan con esmero que la isla siga conservando ese encanto especial que sedujo a exploradores. El Cabildo de Gran Canaria, por su parte, tiene una oferta envidiable hasta el punto que espera tener en pocos años un Parque Nacional.

En la isla de Tenerife, el «Monte de Las Mercedes» era la parte norte de la antigua capital. Sabino Berthelot, el gran naturalista que se enamoró de Canarias, donde murió en 1880, decía que en el «ranúnculo de Tenerife» crece «allí entre los helechos qe cubren el suelo» y que «se goza de un golpe de vista encantador: el agreste valle de La Laguna, las montañas de la Esperanza, y por encima, hacia el Occidente, el pico de Teide, que atrae en torno de sí los vapores de la atmósfera». De Tenerife, siempre tuvo bellas palabras.

Así, Berthelot afirmaba que en el monte de Agua García «la vegetación se muestra allí en todo su lujo» y que pasado los 2.500 metros de altura, comienzan a verse los «brezos desmdrados». «Hay muy raras labiadas de flores balsámicas» que «vienen a aumentar aún este conjunto de plantas diversas» además, «por todas partes tapices de lindos musgos, viejos troncos cubiertos de la yedra del monte».

Las bellezas principales de consisten en lo gigantesco de las formas en los bosques que se conservan

Apunta que por encima de La Orotava se encuentran los bosques de castañeros plantados después de la Conquista, «que los sucesores del Adelantado han tenido la prudencia de conservar».

Después de haber investigado el Valle de La Orotava, afirmaba que «se encuentran restos muy reducidos de los antiguos montes en las cercanías del pueblo de lcod; y aproximándose a la extremidad occidental de la isla, se presenta la pequeña selva de Los Silos». En El Palmar «el país cambia de aspecto», destacaba.

El prestigioso investigador natural nacido en Marsella señala el papel de Güímar, «subiendo hacia el Nordeste, donde crece el peradillo, y donde admiraba yo todavía en 1828, cerca del gran barranco de Badajoz, un bello grupo de madroños con flores y frutos, trayendo a mi memoria los grandes bosques de las Antillas con todo su lujo».

Teror,. Moya y Bandama

En Gran Canaria, a la que define como «la mejor cultivada del archipiélago», Sabino Berthelot dice que «los terrenos montañosos del valle de Teror, y de los alrededores de Moya» son los únicos donde subsisten algunos montes lauríferos. En la montaña o selva de Doramas, célebre en la historia de las Canarias «se ha conservado la «Hibalbera» de hojas florecidas y el «Dicácaro» de los guanches serpentean en guirnaldas y adornan la entrada de la gruta».

Pero principalmente en la famosa «Caldera» es donde hemos encontrado en 1829 los más hermosos áboles de las Canarias: en presencia de estos vegetales seculares ocultos en las profundidades de aquel vallejo volcánico. Da uno por bien empleadas las fatigas y los peligros que ha sido necesario vencer para llegar a este antiguo cráter.

Por su carácter grandioso, la flora de la Caldera de Bandama lleva en sí un sello particular. Sus bellezas principales consisten en lo gigantesco de las formas, en la extravagante distribución de sus producciones, y más todavía en los contrastes que resultan del desorden de esta reunión de árboles y plantas diversas en un espacio «tan reducido».