Los adioses de La Geria

Los adioses de La Geria

Actualizado:

POR ERNESTO LUNA

ARRECIFE. El aire transporta los ecos de un adiós en La Geria. En realidad, han sido muchos los adioses en los últimos años dentro de este espacio, declarado Paisaje Protegido, lugar de belleza subyugante e histórico corazón de la producción de uva en Lanzarote. Pero algo no funciona en este aparente paraíso. Cada año que pasa hay alguien que arroja la toalla.

A partir de ese preciso instante, se inicia un ritual de decadencia señalada por varios síntomas. El más evidente de todos ellos es la eclosión de la aulaga, que rápidamente invade los hoyos que la mano del hombre deja de atender. La falta de rentabilidad, la constante incertidumbre en la que habita el sector, el envejecimiento de los agricultores y, según ellos mismos y los bodegueros, las dificultades para «mover una piedra» se citan entre las principales causas de este retraimiento.

«Cada año que pasa se pierden cultivos». Ramón Melián, propietario de Bodegas La Geria, no oculta su preocupación y advierte sobre lo que el futuro puede deparar si los distintos agentes implicados en el cuidado del sector no ponen fin a esta espiral. «Después del abandono viene la especulación», avisa. Acto seguido, el empresario llama la atención sobre las dificultades que se encuentran los bodegueros para mejorar y ampliar sus instalaciones. «El Plan Especial todavía no ha sido aprobado, con lo cual todo sigue paralizado», señala.

Las bodegas han reclamado en diversas ocasiones medidas que permitan acondicionar las dependencias dentro de los más estrictos criterios de respeto al entorno natural que las rodea. Además, señalan que el aumento de la capacidad de almacenaje facilitaría la compra de toda la uva en los años de mayor cosecha.

La Geria es muchas cosas, pero también es un símbolo. Una demostración de que el tesón siempre resurge entre las cenizas. Las parras se extienden sobre los mantos de lapilli producto de las erupciones volcánicas acaecidas entre 1730 y 1736. Pero parece ser que la vida que no pudo ahogar el fuego la puede enterrar la falta de incentivos.

La propia consejera de Agricultura del Cabildo de Lanzarote, Nereida Pérez, apunta que sólo hay que darse una vuelta por el campo para comprobar que parcelas que estaban atendidas ahora están llenas de aulagas. Recuerda que el cobro de la uva que entregan los viticultores en las bodegas tampoco está regulado. «Algunas pagan en diciembre, otras antes de la vendimia, de cosecha en cosecha y algunas directamente no pagan», afirma.

Este año, por contra, se ha conocido del caso de dos bodegas, una grande y otra pequeña, que han tenido el raro detalle de abonar el precio a los agricultores sobre la marcha y en mano, algo a lo que en absoluto están acostumbrados. Pérez considera que, en el marco del Consejo Regulador de la Denominación de Origen, sería factible alcanzar un acuerdo para el pago de un precio mínimo por kilo y que el máximo se quedara abierto. Este año se ha pagado prácticamente lo mismo que el anterior, es decir, entre 1 y 1,20 euros. Mayores costes, igual precio, menor beneficio para el que se dobla la espalda en los hoyos.

La falta de unión de los agricultores también puede jugar en su contra. No hay cooperativa, al contrario de lo que ocurre en otros lugares. «Cada uno se limita a ir intentando colocar lo suyo donde puede y hasta ves gente que pone la uva en la misma bodega que no le paga sólo porque dicen que les da pena tirar la uva...», dice Pérez. Cuestión aparte son las ayudas directas que recibe el sector, sobre las que además se avecinan más nubarrones que claros. Las políticas de subvención de la Unión Europea «van a ir a menos», comenta.

No obstante, se mantiene viva la esperanza de lograr que la ayuda por año y hectárea de viñedo pase de 600 a 1.200 euros. Francisco Castejón, gerente de El Grifo, la bodega más antigua de Canarias y una de las diez más viejas de España, recuerda que «en Madeira se dan cuatro veces más ayudas que en Canarias». Según sus datos, es precisamente en La Geria donde se concentran los problemas de abandono, puesto que en municipios como Tinajo «se está plantando». Mientras, La Geria agoniza.

ABC

Desde el Cabildo apuntan que «sólo hay que darse una vuelta por el campo para comprobar que parcelas que estaban atendidas ahora están llenas de aulagas»