palabras de un solo dia

Che, qué lindo

Cuando llegó el turno de Icod, Garachico y La Orotava no le alcanzaban los ojos. Nada lo incomodaba

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No diré la nacionalidad del turista, que era argentino. Llevaba un par de días sorprendido con las bellezas de Tenerife, y eso que todavía no había visto el Norte, ni el Sur, ni ascendido al Teide.

«Che, qué lindo, qué maravilla vivir en esta isla», anunciaba al sorprenderse con los atractivos naturales. Mar, Anaga, palmeras, playas, plazas: «Che, qué lindo, qué maravilla vivir en esta isla», y eso que seguía sin haber visto el Norte, ni el Sur, ni ascendido al Teide.

En «Las Teresitas» se dio un baño largo, otro corto en Taganana, y luego respiró aire puro en Las Mercedes y paseó entre el patrimonio de la humanidad, haciendo del colorido de La Laguna un renovado canto al «Che, qué lindo, qué maravilla vivir en esta isla».

Tegueste le pareció un prodigio, Candelaria otro, y mientras aprendía historias de guanches, vírgenes y basílica hablando con la gente, agradecía que le preguntasen de dónde había venido y cuánto pensaba quedarse.

A pesar de haber llegado a la isla sin guitarra, un bien muy preciado que los responsables de trasladarlo desde Barcelona habían olvidado en el aeropuerto donde embarcó, no abrigaba rencores, todo le parecía una maravilla.

Aprovechó un día para ir a La Gomera, e incluso el madrugón que tuvo que pegarse para llegar a tiempo al lugar de recogida le sugirió una prolongación de la magia.

El puerto de Los Cristianos no le hizo cambiar el discurso, y eso que seguía sin haber visto el Norte, el resto del Sur, ni ascendido al Teide.

Cuando llegó el turno de Icod, Garachico y La Orotava no le alcanzaban los ojos. Nada lo incomodaba: tráfico, obras en la carretera, conductores indisciplinados o maniobras peligrosas parecían hacer más gratificante el resultado.

«Impresionante, esto no se puede creer», en las Cañadas del Teide, en el Centro de Interpretación y cerca del pico del volcán. «Mirá qué colores» aquí, «no me van a alcanzar las fotos» allá, «creo que agoté la tarjeta de memoria» acullá.

Los anfitriones decidieron, al verlo tan agradecido con la tierra, despedirlo con un regalo especial anunciado como «¿Estás preparado para la mejor experiencia de tu vida?». Llegó engañado a Tabaiba, concretamente al club de buceo «Pejín», donde un monitor previamente advertido lo esperaba para iniciarlo en un bautizo de buceo.

Era la primera vez que se calzaba un traje de neopreno, la primera que practicaba una inmersión, la enésima que repetía, al salir y emocionado: «Che, qué lindo, qué maravilla vivir en esta isla».

Al concluir las vacaciones, ya en el aeropuerto, dijo que se marchaba con pena, que había pasado una semana prodigiosa envuelto en paisajes y naturaleza.

Lejos de noticias nefastas, informativos que aumentan el estrés, controversias estériles, trampas, estadísticas que asustan y titulares de crisis, no sería difícil coincidir con el descubrimiento del turista: la maravilla de vivir en esta isla.