MINISTERIO DE ASUNTOS EXTERIORES

Un campo de minas en el exterior

Jiménez gestionará las arriesgadas apuestas de Moratinos en Cuba, Venezuela o Gibraltar

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MADRID

Trinidad Jiménez se va a encontrar un Ministerio de Asuntos Exteriores, claramente marcado por la impronta de Miguel Ángel Moratinos, a quien José Luis Rodríguez Zapatero dio un amplio margen de maniobra. Moratinos no dudó en tomar iniciativas arriesgadas con resultados, en muchos casos, bastante cuestionables.

Como consecuencia de ello, la nueva ministra tendrá sobre la mesa varios frentes abiertos, entre ellos el de las relaciones con Venezuela, que han sido de todo menos tranquilas y cuyo último episodio ha sido la constatación de la actividad de miembros de ETA en suelo venezolano y la renuencia de Hugo Chávez a colaborar en serio para detener a los etarras.

Sin embargo, la primera cita internacional de Jiménez será el lunes en Luxemburgo, donde los Veintisiete deberían pronunciarse sobre la demanda española de modificar la Posición Común Europea sobre Cuba, argumentando que Raúl Castro ha permitido la salida de la cárcel de unos 40 presos políticos. Era un empeño muy personal de Moratinos, que habrá que ver si la nueva ministra mantiene con la misma fuerza, porque siempre se mostró más crítica que su antecesor con el régimen castrista.

Del mismo modo, la iniciativa de Moratinos de crear un Foro Tripartito de Diálogo con Gibraltar, ha derivado en que el ministro principal de la colonia, Peter Caruana, se ha visto crecido y quiere ya tener algo que decir en las cuestiones de soberanía, reclamando el dominio sobre las aguas que rodean el Peñón. Otro asunto que Jiménez encontrará en ebullición.

Más sosegado parece ahora el frente marroquí, tras los incidentes del verano. Pero la ministra no podrá bajar la guardia, sobre todo conociendo como juega Mohamed VI con cualquier acontecimiento que se registra en España. Moratinos mostró desde el primer momento una imagen promarroquí en el contencioso del Sahara —provocando, como consecuencia, el malestar del Frente Polisario y de Argelia— y una actitud bastante complaciente ante Rabat.

En el capítulo interno, Jiménez se va a encontrar un departamento recién remodelado por un Moratinos, que confiaba en terminar la legislatura. Los recortes redujeron a tres las Secretarías de Estado, manteniendo Cooperación y Unión Europea y creando una especie de viceministro de Exteriores en la figura de Juan Pablo de Laiglesia. Además, Moratinos acababa de llevar a la Subsecretaría del Ministerio a uno de sus grandes amigos, Antonio López, con el objetivos de impulsar la siempre postergada Ley del Servicio Exterior.