La hermana de Eduardo Puelles, asesinado en 2009. - TELEPRESS

Bilbao repasa sus huellas del dolor

Gesto por la Paz organiza un recorrido por los 49 puntos de la ciudad donde la violencia terrorista se ha cobrado 63 víctimas

BILBAO Actualizado:

María Luisa Sánchez Ortega caminaba por el bilbaíno Muelle de la Merced de regreso a su casa tras una jornada de trabajo limpiando oficinas. Pero su marido, enfermo, y sus dos hijos, en paro, nunca más volverían a verla después de aquella mañana del 19 de febrero de 1987. Una bomba colocada por las manos sangrientas de ETA en un concesionario de Renault destrozó su vida. Como la de Fermín Monasteiro, el taxista que se negó a llevar en su coche a un terrorista huido. O José María Aguirre, ertzaina que el 13 de octubre de 1997 sorprendió a un pistolero de ETA colocando una maceta de explosivos en la explanada del Museo Guggenheim, que al día siguiente iba a inaugurar el Rey. José María fue asesinado a bocajarro, al igual que el histórico dirigente de Batasuna Santiago Brouard. En este caso, el político y pediatra de profesión murió asesinado por pistoleros de los GAL cuando pasaba consulta en una céntrica calle de Bilbao.

En total, 49 esquinas de la capital vizcaína están marcadas por el dolor y la injustificable muerte de 63 personas, asesinadas por el terrorismo de ETA, el GAL y el Batallón Vasco Español. Esta mañana, la coordinadora pacifista Gesto por la Paz les ha rendido homenaje a todas ellas, en el mismo rincón donde quedó el vacío de su existencia. Una ruta del dolor que los organizadores han bautizado como “Los pasos de la memoria”, sobre los que construir un relato colectivo del pasado y no repetir los mismos errores. “La memoria es un nuevo lugar en nuestra ciudad donde puede crecer la esperanza”, han afirmado los organizadores en la lectura de un manifiesto que ha seguido a la colocación de una flor en cada uno de los nombres de las 63 víctimas que llora Bilbao. La última de ellas, la de Eduardo Puelles, hace tan solo año y medio.

María Luisa Sánchez Ortega caminaba por el bilbaíno Muelle de la Merced de regreso a su casa tras una jornada de trabajo limpiando oficinas. Pero su marido, enfermo, y sus dos hijos, en paro, nunca más volverían a verla después de aquella mañana del 19 de febrero de 1987. Una bomba colocada por las manos sangrientas de ETA en un concesionario de Renault destrozó su vida. Como la de Fermín Monasteiro, el taxista que se negó a llevar en su coche a un terrorista huido. O José María Aguirre, ertzaina que el 13 de octubre de 1997 sorprendió a un pistolero de ETA colocando una maceta de explosivos en la explanada del Museo Guggenheim, que al día siguiente iba a inaugurar el Rey. José María fue asesinado a bocajarro, al igual que el histórico dirigente de Batasuna Santiago Brouard. En este caso, el político y pediatra de profesión murió asesinado por pistoleros de los GAL cuando pasaba consulta en una céntrica calle de Bilbao.

En total, 49 esquinas de la capital vizcaína están marcadas por el dolor y la injustificable muerte de 63 personas, asesinadas por el terrorismo de ETA, el GAL y el Batallón Vasco Español. Esta mañana, la coordinadora pacifista Gesto por la Paz les ha rendido homenaje a todas ellas, en el mismo rincón donde quedó el vacío de su existencia. Una ruta del dolor que los organizadores han bautizado como “Los pasos de la memoria”, sobre los que construir un relato colectivo del pasado y no repetir los mismos errores. “La memoria es un nuevo lugar en nuestra ciudad donde puede crecer la esperanza”, han afirmado los organizadores en la lectura de un manifiesto que ha seguido a la colocación de una flor en cada uno de los nombres de las 63 víctimas que llora Bilbao. La última de ellas, la de Eduardo Puelles, hace tan solo año y medio.